El romance de metal entre el público argentino y Megadeth es y fue irrompible, tanto en la noche del jueves 30 de abril en Tecnópolis, como las tantísimas veces que la banda comandada por “el Colorado” Dave Mustaine pisó suelo argentino desde aquel primer show, que terminó por multiplicarse en 1994.

Sucede que el público local es extremadamente fanático, incluso hay quienes se atreven a decir que la pasión por sus canciones trasciende aún a las de Metallica por estas tierras del sur del continente. Por lo menos eso es lo que se comentó siempre dentro del ambiente del heavy metal nacional.

Este regreso de Megadeth a Buenos Aires no fue similar al resto: supuestamente se trató de la última gira del grupo, a razón de problemas de salud de su líder, quien padece de una artritis severa que le causa estremecedores dolores, tanto en las manos como en el cuello y la parte lumbar.

Motivo más que suficiente para que el predio de Tecnópolis, con 35 mil personas presentes, se transformara en un verdadero hervidero a lo largo de un set que reunió una docena y media de canciones, entre nuevas y antiguas, además de alguna que otra sorpresa, con la luna brillando sobre las cabezas de la muchedumbre y siendo la gran testigo de una velada realmente memorable para los amantes de la música thrash.

Dave Mustaine y toda su potencia, durante más de hora y media de show. Foto: @tutedelacroix

Miembro destacado de la cultura

Aunque antes de describir lo sucedido, cabe destacar lo que pasó en la previa: un día antes, el miércoles 29 por la mañana, la banda estadounidense recibió el reconocimiento de la Legislatura Porteña como Miembro Destacado de la Cultura, por su gran relación con Argentina a través de las décadas.

Obviamente, agradecimiento mediante, Mustaine tomó la palabra, en el centro del Palacio:

“Realmente me encanta venir a la Argentina. Y la relación que hemos tenido a través de la música ha sido única. Empezamos en 1994 e hicimos ese famoso show: empezamos con un solo concierto y lo agotamos. Y ahí fue cuando comenzó ‘Aguante Megadeth’. Y ese canto se ha convertido en un fenómeno en todo el mundo. Todas las diferentes culturas e idiomas las cantan durante Symphony of Destruction. Ahora algunas personas lo hacen suya”, dijo, al principio.

Dave Mustaine,, distinguido en la Legislatura.

Después siguió: “¡Nos sentimos tan cerca del público, aquí! La primera vez terminamos haciendo 5 noches seguidas en el mismo lugar y se suponía que debía ser solo un concierto. Así que nuestra relación es muy cercana con la Argentina. Y los amamos, chicos”, declaró con un visible gesto de agradecimiento, con la diplomatura en mano.

Lo cierto fue que el puñado de simpatizantes que se hizo presente en aquella media mañana ya marcó, a través de cánticos, el preludio de lo que sucedería junto a miles más el día posterior.

Desde temprano, en Tecnópolis

Desde antes de la caída del sol del jueves, las remeras negras, los cueros y los cinturones con tachas fueron la coreografía generalizada, tanto sobre Avenida De los Constituyentes como a la vera de la General Paz.

Con una organización no tan ágil como el encuentro lo ameritaba, por tratarse de un día de semana, aparentemente no calcularon bien que al anochecer la autopista se transforma, por lo general, en un caos de tráfico. Por lo tanto, hubo una porción de gente llegó tarde al concierto, incluso con la lista ya avanzada.

Megadeth, en Tecnópolis. ¿Será la verdadera despedida? Foto: @tutedelacroix

Sin embargo, el público se mostró amistoso y radiante, sin haber ningún desmán: sólo alegría en los rostros de la muchedumbre, con el afán de poder decir presente en lo que se supone que fue la última visita de Megadeth a Argentina.

El predio de Tecnópolis es enorme. Y para la ocasión lucía dividido en tres partes: una delantera de campo Vip, una trasera, y aún más al fondo, una enorme bandeja que estaba repleta, de bote a bote.

Pasadas las 21.30, los aplausos y el griterío no cesaba, hasta que por fin irrumpió la banda, con Dave Mustaine a la cabeza con su clásica guitarra tiburón en mano, luciendo su larga cabellera pelirroja, una camisa blanca desabotonada hasta mitad del torso, arremangado y con dos bandas de sudor en ambas muñecas.

A su costado, secundado por el virtuoso guitarrista Teemu Mäntysaari, el prodigioso bajista James LoMenzo y detrás, el excelente baterista Dirk Verbeuen.

Ese combo de cuatro irrumpió apenas con un simple saludo a través de una catarata de himnos del thrash metal, entre los que se filtraron dos nuevos: Tipping Point, cuando apenas arrancaron, con un espíritu demoledor; y más adelante, presentaron I don´t Care, ambos del que viene a ser su nuevo trabajo discográfico, que lleva el homónimo nombre y al que ya se cataloga como “El álbum blanco” de Megadeth.

Megadeth, en la Argentina. La banda tocó algunas canciones de su próximo álbum. Foto: @tutedelacroix

Entre ellos también sucedieron clásicos infaltables, tales como Hangar 18, del disco Rust in Peace; o Sweating Bullets, del álbum Countdown to Extinction, de 1992.

Los fanáticos históricos, a medida que seguían resonando grandes clásicos, más aún se entusiasmaban.

Luego, entre imponentes luces azules, naranjas o bien rojas que encandilaban, además de un intenso humo con aroma a típico ambiente de power rock, Dave entonó otros hits como Dread and the Fugitive Mind, del año 2000, además de Hook in Mouth, del álbum So far, so Good, so What!, del año 1998: éste catalogado, por los amantes del conjunto, como uno de los mejores trabajos a lo largo de su larga trayectoria de más de 40 años.

Pese a que el público a esa altura ya disfrutaba de una panzada de buenas elecciones, recién había transcurrido apenas la mitad del show. Justo fue el instante indicado en el que el vocalista y guitarrista saludó formalmente a su gente, con su rostro entre serio y sonriente:

“¿Cómo están, mis chicos’ ¿Están bien?”, preguntó antes de Hook in Mouth, para detrás aterrizar en la legendaria canción central y tan esperada por todos allí adentro.

La hora del «Aguante Megadeth»

Pasada la media hora del concierto, la guitarra el Mustaine, que según las luces que la iluminaban, lucía de diversos colores -por momento parecía marrón, otros amarilla o bien color mostaza-, de pronto anunció la llegada de Symphony of Destruction, cuyo corito de “Aguante Megadeth” fue tan potente que retumbó casi a la par del rugir de las guitarras altamente distorsionadas desde arriba de las tablas.

Furor. El público argentino y el "Aguante Megadeth" en todo momento. Foto: @tutedelacroix

Dave Mustaine, por su parte, celebraba el momento, a tal punto que, tras finalizar la interpretación, detuvo el set por más de cinco minutos para agradecer con gestos concretos por el cariño recibido.

Después, una simpatizante le arrojó una bandera argentina, la abrió enteramente y, acto seguido, recorrió de punta a punta el escenario con las palmas de sus manos abiertas y aprisionadas entre sí, sin dejar por un instante de agradecer de manera incansable a los suyos, quienes repetían su nombre sin cesar.

Posteriormente volvió a hablar, refiriéndose a la placa nueva, cuyas varias canciones ya fueron publicadas en plataformas. Y, en modo de promoción, dio espacio a Let There Be Shred, recién desempolvada, con un acento musical muy similar a las primeras composiciones de la agrupación, tras su salida de Metallica, luego de que James Hetflied lo echara por sus constantes borracheras.

En tanto, el tramo final del espectáculo fue contundente y eficaz, pues con Mechanix, uno de sus thrash metal más potentes, marcaron un pulso más veloz ante una noche que de a poco refrescaba, acorde a la época del año.

El conjunto prosiguió con la mayor sorpresa del reencuentro: nada más y nada menos que con Ride the Lightning, canción que Dave compuso y grabó junto a Metallica antes de su partida. Y que a su vez volvió a grabar hace pocos meses para su nuevo “Álbum blanco”, tal como lo apodan.

Seguidamente, el público volvió a estallar en júbilo: eso fue cuando el bajo y el bombo del baterista marcaron el ritmo y andar de Peace Sells, tema que tocaron absolutamente en todos los recitales que ofrecieron en Argentina.

Dave Mustaine, de Megadeth, una banda que armó una enorme legión de fans en la Argentina. Foto: @tutedelacroix

Fue en ese preciso momento cuando irrumpió sobre el escenario un actor trajeado, representando a Vic Rattlehead, la calavera con la que se identifica a Megadeth, de la misma manera que Iron Maiden cuenta con su Eddie.

A todo esto, ya había transcurrido más de una hora y media del inicio. Y se avecinaba un lógico final, que fue a través de Holy War, del álbum Rust in Peace, cuya letra, en consonancia a estos tiempos bélicos a nivel mundial, habla sobre la guerra y cuenta que los hermanos se matan entre ellos y derraman su sangre por cuestiones religiosas.

Claro que antes de irse, y tras lucir aquella guitarra pintada con los colores de Argentina que le regaló Jorge “Corcho” Rodríguez a principio del 2025, en consonancia con su anterior visita, Dave Mustaine insistió con un agradecimiento eterno para con su público argentino que, entre lágrimas, lo despidió con el fehaciente deseo de que no se tratara de la última vez, sino de un “hasta pronto”.

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