¿Cómo sacarse de encima a Víktor Orbán? Ésa era la pregunta que gravitaba en la elección de este domingo, tanto dentro como fuera de Hungría. Pueden apilarse muchas explicaciones para explicar el sentido del voto. Pero al menos una idea asoma con nitidez: los húngaros advirtieron que la corrupción gubernamental y una economía débil están relacionados. Y que esa combinación, a la larga, siempre redunda en una corrosión de las libertades.

Desde su llegada al gobierno en 2010, Orbán inventó una fórmula para amarrarse al poder: fuertes cuotas nacionalistas para ganar la elección; cascoteo a los rivales usando las estructuras del Estado; desmantelamiento de instituciones independientes y acoso a la prensa. Eso es lo que ha convertido al húngaro en el paterfamilia global de la ultraderecha.

La traza de esa estrategia contó con la inestimable ayuda del partido oficialista Fidesz, cuyo control del Parlamento permitió alterar el sistema electoral en su favor, colocar a hombres dóciles al frente de agencias y empresas estatales, asegurar el clientelismo y garantizar grandes negocios para los amigos.

Pero luego de cuatro mandatos dictando las normas, Orbán no ha podido ahora convencer a los húngaros de que estarán mejor con él al comando. Su estrategia de presentar a Hungría como acosada por enemigos (la burocracia europea, las élites internacionales, los migrantes, los woke, Ucrania, los liberales y un largo etcétera) comenzó a cansar.

Mucho ha tenido que ver con ese hartazgo, según estudios de opinión a lo largo de la agitada campaña electoral, el fuerte grado de vulnerabilidad con el que Orbán ha dejado al país tras 16 años de mandato. Cuadran los números en esto, de modo categórico. El crecimiento se estancó y Hungría tiene indicadores que la ubican detrás de países cercanos como Eslovaquia, República Checa y Polonia, de acuerdo con datos de la UE y del Banco Mundial.

Por ejemplo, la economía apenas creció 0,4% en 2025, una cifra magra contra el 3,6% de Polonia y el 2,6% de la República Checa. Hungría es el país que más depende del gas ruso, por lo que fue uno de los más expuestos a la crisis de 2022 cuando Moscú invadió Ucrania. Budapest tuvo entonces la mayor inflación del bloque europeo. Los alimentos subieron 40% y la inflación fue del 22%.

El efecto fue la caída de los ingresos reales, el desplome del consumo y la desaceleración económica más aguda de la era Orbán. Para atenuarla, el Banco Central dispuso una tasa de interés del 6,25%, cuatro puntos más que la del Banco Central Europeo, lo que frenó inversiones y sofocó a las empresas. En Hungría no circula el euro, sino el florín.

Los húngaros sintieron el efecto del declive también en el aparato sanitario: según el Banco Mundial, el país invierte el 6,3% del PBI en salud, contra 8.06% de Polonia, 8,5% de República Checa y 7,4% de Eslovaquia.

De manera que, mirando la pujanza de países vecinos y comparándola con sus penurias, muchos húngaros parecen haber reparado con su voto en el dictamen de Transparencia Internacional que ubica a Hungría como la nación más corrupta del bloque europeo.

De acuerdo con el Corruption Research Centre de Budapest, en 2025 el 75% de los contratos gubernamentales fue a compañías asociadas a los amigos de Orbán, casi el doble que en 2022. Istvan Tiborcz, yerno del premier, y Lorinc Meszaros, un amigo de la infancia y el hombre más rico de Hungría, están entre los beneficiarios.

Todo este cuadro repercute además en la vital relación de Budapest con los cuantiosos fondos comunitarios que reparte la muy criticada Bruselas. Como sus auditores desconfían de que en Hungría se respete la ley y la independencia de las agencias de control, desde 2022 la UE congeló casi US$ 20.000 millones que debía enviar como ayuda post Covid. Para un Estado como Hungría, no es una bicoca: representa el 11% de su PBI.

Durante años, los conservadores europeos, con Angela Merkel a la cabeza, salvaron varias veces el cuello de Orbán. Requerían sus votos en el Parlamento Europeo frente al bloque de izquierda. Ya no lo necesitan. El alemán Manfred Weber, su presidente, fue descriptivo hace unos días: “Estamos hartos de Orban”, dijo. Según el voto de este domingo, los electores húngaros estuvieron muy de acuerdo.

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