La relación entre un padre ausente y su hijo, una infidelidad y una vida en paralelo de años, una enfermedad terminal y la decisión de una persona de terminar, o no, con su propia vida. Tal vez sean demasiados los temas que aborda El último gigante, la película con Oscar Martínez y Matías Mayer, que acaba de estrenar Netflix.

Martínez, que ya había actuado dirigido por Marcos Carnevale en el remake de Inseparables, es Julián, el padre que tras 28 años intenta el reencuentro con Boris (Mayer). Claro que el asunto no es fácil, porque Julián había mantenido una relación con Leticia (Inés Estévez), con quien tuvo a Boris, paralela a su matrimonio.

¿Por qué Julián aparece, de la nada, en Misiones, donde su hijo es guía turístico? Para pedirle perdón, claro, por un sentimiento de culpa y porque tiene una enfermedad terminal y le queda poco tiempo para hacerlo.

La reacción de Boris es, primero, no querer ni siquiera dialogar con él. La segunda, de manera más directa, es trompearlo. Y patearlo. Así, Julián queda internado en un hospital, por la golpiza y por su condición de enfermo.

El último gigante -título que refiere a cómo el padre llevaba sobre los hombros a su hijo pequeño cuando estaba con él- va saltando y repitiendo los enfrentamientos (ya verbales, por suerte) entre Julián y Boris, donde los resentimientos, los abrazos, los rencores y alguna que otra broma van tamizando esa relación compleja y perdida con el tiempo.

También, la película es de esas realizaciones que suelen denominarse “de actuación”, donde el peso de lo que se dice recae en los hombros de los personajes, que aquí están todos muy bien interpretados. No hay excesos de ningún tipo, ni siquiera de gesticulación, en el elenco.

Si bien el personaje del título es el que encarna Martínez, la lógica y el libreto lleva a que Matías Mayer tenga una preponderancia, probablemente porque la empatía del espectador está con él (al fin y al cabo, es el que más sufrió, sin comerla ni beberla) y no con el personaje de Martínez, el que se equivocó y engañó, y desapareció del mapa.

Tanto Inés Estévez, con un personaje al que se le permiten algunos pasos de comedia, con la perra Friday incluida, pero sin nunca verla aunque sí oírla, como Silvia Kutika como Andrea, la esposa engañada, están más que bien. Y en el caso de Kutika uno se pregunta ¿cómo es que el cine argentino, salvo Juan José Campanella, en Luna de Avellaneda, no supo aprovecharla, no la llamó con mayor asiduidad?

Luis Luque y Johanna Francella tienen roles más episódicos, como un amigo y la novia de Boris.

Marcos Carnevale, como escritor, tiene una facilidad para los diálogos y para que la réplica surja repentina y espontánea.

Como director, el realizador Elsa & Fred, Corazón de León y El fútbol o yo es más dispar, no solamente porque alterna la comedia con el drama, sino que a veces el resultado es mejor en un género que en el otro, y viceversa.

Y cuando toca temas sensibles, como en Anita, Goyo o ahora en El último gigante, de las que también es autor del guion, como casi siempre, muestra manejar la emotividad sin caer en la sensiblería. Eso no es fácil.

Drama. Argentina, 2026. 102’, SAM 13. Guion y dirección: Marcos Carnevale. Con: Oscar Martínez, Matías Mayer, Inés Estévez, Silvia Kutika, Luis Luque. Disponible en: Netflix.

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