
La venganza y la codicia son dos sustantivos que, combinados, pueden dar buenas películas. Jugada maestra, la nueva con Glen Powell, puede dar fe de ello.
El filme también recuerda a varios títulos de estreno más o menos recientes, como La única opción, de Park Chan-wook, Boda sangrienta (la primera y la secuela que estrenó hace semanas) o hasta El menú, con Ralph Fiennes y Anya Taylor-Joy.
Veamos. De Boda… y El menú tiene esto de que la gente rica es capaz de hacer cualquier cosa por dinero. La fortuna y el poder corrompen. Y de la película coreana, que el protagonista, para llegar a un puesto de trabajo, debe eliminar a quienes se le interponen en el camino.
Powell es Becket Redfellow, el hijo ilegítimo de una joven a la que su familia millonaria la dejó afuera de la mansión y la fortuna amasada precisamente por tener a Becket. La mamá de Becket morirá muy joven, no sin antes recordarle al niño, siempre, que él algún día recibiría la herencia familiar y que nunca debería renunciar a intentar tener una vida digna.
Becket crece, ya tiene el rostro de Glen Powell y, la verdad, no le va mal. Es empleado en una sastrería neoyorquina, donde casualmente recibe la visita de Julia, de la que estaba enamorado cuando era un niño pobre y ella, rica (Margaret Qualley, de La sustancia). No hay chance de que salgan, porque Julia está comprometida, pero le da a entender que podrá llamarla cuando los posibles herederos de los 28.000 millones de dólares de los Redfellow hayan muerto.
Y no va que el empleador de Becket planea rebajarlo, mandándolo a la fábrica en vez de mantenerlo en la sastrería. Suficiente para que nuestro protagonista empiece a imaginar cómo obtener lo que su mamá le aseguró que le pertenecerá algún día.
Es fácil: asesinar a los que lo anteceden en la herencia.
Jugada maestra, que se basa en la película Los ocho sentenciados (1949, con Dennis Price y Alec Guinness), sólo que transcurría en Inglaterra y no en Nueva York, y Louis quiere matar a los ocho herederos para quedarse con un título nobiliario.
Igual que aquel filme, Jugada maestra empieza (casi) por el final. Becket está en prisión, y confiesa al cura que lo visita horas antes de su ejecución todo lo que sucedió.
Y así descubrimos cómo mientras Becket va enviando al mausoleo familiar a distintos miembros de su familia, su vida comienza a mejorar de manera sustancial. Si hasta un tío (Bill Camp) le consigue trabajo en la empresa familiar. ¿También lo va a eliminar a él? ¿Por qué, mejor, no se saca de encima al predicador que interpreta Topher Grace? Y encima, parece que encontró el amor en Ruth (Jessica Henwick).
Lo mejor de Jugada maestra, a nivel de lo que planeta, no de su estructura y sus vueltas de tuercas, es que nos enfrentamos a un personaje que a medida que se va desarrollando el relato descubre él mismo quién es y qué es capaz de hacer (o no hacer).
Ahí está lo central de la película más que en la suerte de Becket al no ser descubierto cuando y desde un principio lo investiga el FBI. Y Qualley, como femme fatale, está estupenda.
Thriller / Comedia. Reino Unido / Francia, 2026. Título original: “How to Make a Killing”. 105’, SAM 16. De: John Patton Ford. Con: Glen Powell, Margaret Qualley, Nell Williams, Jessica Henwick, Ed Harris. Salas: Cinemark Palermo y Unicenter, Cinépolis Recoleta y Pilar, Showcase Belgrano, Norcenter, Haedo, Quilmes y Rosario.

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