La Voz
De relevancia política y simbólica única, la segura aprobación de la reforma laboral –el viernes próximo el Senado le dará la puntada final– es la base sobre la cual se anclará la nueva narrativa oficial, que será estrenada con fruición el domingo próximo por el presidente Milei cuando, por tercera vez desde que está en el poder, hable a la Asamblea Legislativa y, por añadidura, a todos los argentinos.
El trajín de ese triunfo legislativo del espacio libertario está apoyado en la expansión de la fuerza oficialista en el Congreso como consecuencia del triunfo electoral de octubre. Se sumó a ese punto decisivo el apoyo de un puñado amplio de gobernadores peronistas que esta vez -a diferencia del pasado reciente- valoraron que el costo político de ir “en contra de los trabajadores” votando un proyecto que los impacta tiene otro valor en la Argentina de hoy. En estos temas radica el triunfo actual de Milei con su idea de batalla y cambio cultural.
Es en ese nuevo y complejo contexto en el que se inscribe el zigzagueante posicionamiento sobre el tema del cordobés Martín Llaryora, inescindible del que tuvieron el exgobernador Juan Schiaretti y el resto de la banca mediterránea de Provincias Unidas.
El peronismo cordobés disfrutó por mucho tiempo del amplio margen de acción que brindaron los años de gobierno del kirchnerismo, donde diferenciarse era la regla –pasare lo que pasare– frente al rechazo cordobés a cualquier cosa que oliera a K.
Incluso durante los cuatro años que gobernó el país Mauricio Macri la comodidad se mantuvo, con un acuerdo político tácito de convivencia mutua, que incluyó el statu quo electoral provincial. Ese tablero desapareció desde que Milei gobierna.

La ausencia de la mitad del bloque peronista cordobés al momento de la votación de la reforma en Diputados –incluida la de Schiaretti– muestra cabalmente la alteración de ese escenario. Detrás de ese posicionamiento librepensante que Llaryora habilitó para esta ocasión –hubo ausencias, votos a favor, uno en contra y disidencias parciales- se revelan necesidades financieras locales.
La negociación que preocupa
Cerca de Llaryora niegan de manera tajante que los faltazos de diputados propios hayan estado planeados en medio de una negociación lisa y llana con el oficialismo libertario. Sí se reconoce, en cambio, que como trasfondo hay conversaciones entre la Provincia y la Nación al más alto nivel para actualizar un flujo de asistencia financiera para el principal talón de Aquiles que tiene la administración de Llaryora: la Caja de Jubilaciones de Córdoba.
El gobernador no lo presupuestó para este año, pero en todos los escenarios especula con poder contar desde abril o mayo con el doble de lo que recibe hoy por parte de Anses –con mediación forzada por la Corte Suprema de Justicia–, para financiar parte del déficit del sistema previsional cordobés.
El año pasado, algunos funcionarios imaginaron saltar de los actuales $ 5 mil millones mensuales a $ 15 mil millones. Sin embargo, el número mágico “acordable” estaría en la mitad de esos extremos: $ 10 mil millones. De todos modos, por ahora sólo son conversaciones. La posición no combativa de Llaryora sobre la reforma es un paso hacia la concreción del objetivo que tiene el Panal sobre la asistencia a la Caja.

El drenaje de esos fondos actualizados sería la garantía para que Llaryora logre cumplir con la promesa que lanzó el 1 de febrero en Laboulaye, cuando dijo que durante 2026 habrá más pasivos cordobeses que cobren –vía un bono– el 82% del salario de los activos.
En la enorme dispersión del voto de Provincias Unidas respecto de la reforma laboral anida una estrategia común entre Llaryora y el santafesino Maximiliano Pullaro. Como pasó con el bloque cordobesista, los pullaristas votaron divididos: dos apoyaron y dos rechazaron los cambios laborales.
Pullaro mantiene una puja similar a la de Llaryora con la Nación. Le reclama a la Anses entre 800 mil millones y más de un billón de pesos por deudas a la Caja santafesina. Ambos, por caminos independientes pero que se conectan, activarán las negociaciones en las próximas semanas.
Ese es el eje común en el fondo de las decisiones adoptadas y por adoptar en torno del posicionamiento de Llaryora y de Pullaro sobre las medidas que toma el Presidente. Enfrentar al libertario no está en los planes de ambos para este 2026. Cordobeses y santafesinos piensan y votaron bastante parecido a favor de Milei, hace apenas cinco meses.
Schiaretti, el silencio que habla
El hoy diputado y exgobernador tenía previsto votar de manera positiva en general la reforma laboral y disentir en siete capítulos de la iniciativa libertaria. El también diputado Carlos Gutiérrez asegura que el voto de su amigo y jefe político estaba decidido antes de que el paro general le impidiera viajar a Buenos Aires para estar en el recinto y votar.
“¿Alguien puede creer que Schiaretti y la senadora Vigo voten de manera diferente sobre un tema tan importante como este? Hay coherencia. Schiaretti iba a votar en el mismo sentido que lo hizo su esposa: a favor en general y en contra en los mismos aspectos que votó Alejandra», señaló a La Voz el diputado riocuartense, quien junto a Carolina Basualdo replicó en Diputados la posición de Vigo en el Senado.

En el entorno de Schiaretti, aseguran que “no está prevista” una comunicación pública del exgobernador para sentar postura sobre la reforma laboral.
Más allá de la estrategia común compartida por Llaryora y por Pullaro, hacia adentro del bloque de Provincias Unidas la atomización comienza a generar ruidos. “Entendemos el difícil equilibrio que tienen que hacer los gobernadores entre mantener una relación institucional viable con la Nación y no ir en contra de un electorado que votó en octubre, pero hay que comenzar a dar muestras de liderazgo y una línea. No podés estar permanentemente yendo y viniendo; te quita identidad”, aportan desde Provincias Unidas.
De relevancia política y simbólica única, la segura aprobación de la reforma laboral –el viernes próximo el Senado le dará la puntada final– es la base sobre la cual se anclará la nueva narrativa oficial, que será estrenada con fruición el domingo próximo por el presidente Milei cuando, por tercera vez desde que está en el poder, hable a la Asamblea Legislativa y, por añadidura, a todos los argentinos.El trajín de ese triunfo legislativo del espacio libertario está apoyado en la expansión de la fuerza oficialista en el Congreso como consecuencia del triunfo electoral de octubre. Se sumó a ese punto decisivo el apoyo de un puñado amplio de gobernadores peronistas que esta vez -a diferencia del pasado reciente- valoraron que el costo político de ir “en contra de los trabajadores” votando un proyecto que los impacta tiene otro valor en la Argentina de hoy. En estos temas radica el triunfo actual de Milei con su idea de batalla y cambio cultural.Es en ese nuevo y complejo contexto en el que se inscribe el zigzagueante posicionamiento sobre el tema del cordobés Martín Llaryora, inescindible del que tuvieron el exgobernador Juan Schiaretti y el resto de la banca mediterránea de Provincias Unidas.El peronismo cordobés disfrutó por mucho tiempo del amplio margen de acción que brindaron los años de gobierno del kirchnerismo, donde diferenciarse era la regla –pasare lo que pasare– frente al rechazo cordobés a cualquier cosa que oliera a K. Incluso durante los cuatro años que gobernó el país Mauricio Macri la comodidad se mantuvo, con un acuerdo político tácito de convivencia mutua, que incluyó el statu quo electoral provincial. Ese tablero desapareció desde que Milei gobierna.La ausencia de la mitad del bloque peronista cordobés al momento de la votación de la reforma en Diputados –incluida la de Schiaretti– muestra cabalmente la alteración de ese escenario. Detrás de ese posicionamiento librepensante que Llaryora habilitó para esta ocasión –hubo ausencias, votos a favor, uno en contra y disidencias parciales- se revelan necesidades financieras locales.La negociación que preocupaCerca de Llaryora niegan de manera tajante que los faltazos de diputados propios hayan estado planeados en medio de una negociación lisa y llana con el oficialismo libertario. Sí se reconoce, en cambio, que como trasfondo hay conversaciones entre la Provincia y la Nación al más alto nivel para actualizar un flujo de asistencia financiera para el principal talón de Aquiles que tiene la administración de Llaryora: la Caja de Jubilaciones de Córdoba.El gobernador no lo presupuestó para este año, pero en todos los escenarios especula con poder contar desde abril o mayo con el doble de lo que recibe hoy por parte de Anses –con mediación forzada por la Corte Suprema de Justicia–, para financiar parte del déficit del sistema previsional cordobés. El año pasado, algunos funcionarios imaginaron saltar de los actuales $ 5 mil millones mensuales a $ 15 mil millones. Sin embargo, el número mágico “acordable” estaría en la mitad de esos extremos: $ 10 mil millones. De todos modos, por ahora sólo son conversaciones. La posición no combativa de Llaryora sobre la reforma es un paso hacia la concreción del objetivo que tiene el Panal sobre la asistencia a la Caja.El drenaje de esos fondos actualizados sería la garantía para que Llaryora logre cumplir con la promesa que lanzó el 1 de febrero en Laboulaye, cuando dijo que durante 2026 habrá más pasivos cordobeses que cobren –vía un bono– el 82% del salario de los activos.En la enorme dispersión del voto de Provincias Unidas respecto de la reforma laboral anida una estrategia común entre Llaryora y el santafesino Maximiliano Pullaro. Como pasó con el bloque cordobesista, los pullaristas votaron divididos: dos apoyaron y dos rechazaron los cambios laborales.Pullaro mantiene una puja similar a la de Llaryora con la Nación. Le reclama a la Anses entre 800 mil millones y más de un billón de pesos por deudas a la Caja santafesina. Ambos, por caminos independientes pero que se conectan, activarán las negociaciones en las próximas semanas.Ese es el eje común en el fondo de las decisiones adoptadas y por adoptar en torno del posicionamiento de Llaryora y de Pullaro sobre las medidas que toma el Presidente. Enfrentar al libertario no está en los planes de ambos para este 2026. Cordobeses y santafesinos piensan y votaron bastante parecido a favor de Milei, hace apenas cinco meses.Schiaretti, el silencio que hablaEl hoy diputado y exgobernador tenía previsto votar de manera positiva en general la reforma laboral y disentir en siete capítulos de la iniciativa libertaria. El también diputado Carlos Gutiérrez asegura que el voto de su amigo y jefe político estaba decidido antes de que el paro general le impidiera viajar a Buenos Aires para estar en el recinto y votar.“¿Alguien puede creer que Schiaretti y la senadora Vigo voten de manera diferente sobre un tema tan importante como este? Hay coherencia. Schiaretti iba a votar en el mismo sentido que lo hizo su esposa: a favor en general y en contra en los mismos aspectos que votó Alejandra», señaló a La Voz el diputado riocuartense, quien junto a Carolina Basualdo replicó en Diputados la posición de Vigo en el Senado.En el entorno de Schiaretti, aseguran que “no está prevista” una comunicación pública del exgobernador para sentar postura sobre la reforma laboral.Más allá de la estrategia común compartida por Llaryora y por Pullaro, hacia adentro del bloque de Provincias Unidas la atomización comienza a generar ruidos. “Entendemos el difícil equilibrio que tienen que hacer los gobernadores entre mantener una relación institucional viable con la Nación y no ir en contra de un electorado que votó en octubre, pero hay que comenzar a dar muestras de liderazgo y una línea. No podés estar permanentemente yendo y viniendo; te quita identidad”, aportan desde Provincias Unidas.

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