Para los bebés de hasta seis meses los zapatos son innecesarios, según especialistas, quienes señalan que los pies de los lactantes tienen el doble de sensibilidad que sus manos y cumplen un rol central en la exploración sensorial. En esta etapa, el calzado se considera mayormente un accesorio más que una necesidad para el desarrollo.
“Las botas ortopédicas pasaron de moda y los zapatos rígidos no ayudan a la formación correcta del pie”, afirmó la ortopedista pediátrica Raquel Carvalho, según Sapo. Carvalho agregó que el calzado infantil puede reutilizarse si se mantiene en buen estado, sin deformidades en la suela o desgaste estructural.
Los especialistas describen la primera infancia como un período donde preservar la sensibilidad es clave. Los expertos recomiendan evitar el uso de zapatos hasta que los bebés empiecen a caminar, según La Vanguardia. La prioridad durante esta etapa es permitir que el pie interactúe de forma natural con su entorno, en lugar de restringir el movimiento con telas o estructuras rígidas.

Qué necesitan los niños y qué pasa con el calzado tradicional
A medida que los niños adquieren mayor movilidad, las recomendaciones de calzado se orientan hacia la mínima interferencia. Los zapatos de estilo “barefoot” (pies descalzos, en inglés) y los diseños que imitan el caminar descalzo se consideran la opción más favorable para el desarrollo. El calzado blando y flexible es visto como ideal para un desarrollo saludable del pie, ya que permite el movimiento natural y el confort.
Los zapatos tradicionales, particularmente aquellos con la punta estrecha, pueden comprimir los dedos, contribuir a la desalineación y derivar en desequilibrios musculares o afecciones como juanetes, según La Vanguardia. Los expertos recalcan que la función debe primar sobre la estética: diseños con la forma del pie, materiales flexibles y espacio suficiente para que los dedos se muevan.
Caminar descalzo también se considera beneficioso. El andar sin calzado estimula múltiples áreas del pie y favorece la adquisición de la marcha. Durante los primeros seis meses después de que un bebé empieza a caminar, se recomiendan zapatos híbridos —similares a medias con suelas finas—, que ofrecen una protección básica mientras mantienen la máxima retroalimentación sensorial.

Una vez que se introduce el calzado estructurado, el ajuste se vuelve crítico. Los zapatos deben proporcionar un espacio adecuado para los dedos y un soporte estable en el talón. Medir el talle presionando la punta del zapato se considera poco confiable. En su lugar, dibujar el contorno del pie o revisar una plantilla extraíble ofrece una evaluación más precisa.
También se aconseja a los padres monitorear signos prácticos de incomodidad. El roce o el enrojecimiento después de quitarse los zapatos puede indicar un talle o forma inadecuados. Los niños que se quitan los zapatos con frecuencia también pueden estar manifestando incomodidad.
Las expectativas de desarrollo son otro factor a tener en cuenta. El pie plano se considera normal en niños de hasta tres años y, a menudo, cambia con el crecimiento. Si surgen preocupaciones, puede ser oportuno realizar una consulta médica.
Para los bebés de hasta seis meses los zapatos son innecesarios, según especialistas, quienes señalan que los pies de los lactantes tienen el doble de sensibilidad que sus manos y cumplen un rol central en la exploración sensorial. En esta etapa, el calzado se considera mayormente un accesorio más que una necesidad para el desarrollo.“Las botas ortopédicas pasaron de moda y los zapatos rígidos no ayudan a la formación correcta del pie”, afirmó la ortopedista pediátrica Raquel Carvalho, según Sapo. Carvalho agregó que el calzado infantil puede reutilizarse si se mantiene en buen estado, sin deformidades en la suela o desgaste estructural.Los especialistas describen la primera infancia como un período donde preservar la sensibilidad es clave. Los expertos recomiendan evitar el uso de zapatos hasta que los bebés empiecen a caminar, según La Vanguardia. La prioridad durante esta etapa es permitir que el pie interactúe de forma natural con su entorno, en lugar de restringir el movimiento con telas o estructuras rígidas.Qué necesitan los niños y qué pasa con el calzado tradicionalA medida que los niños adquieren mayor movilidad, las recomendaciones de calzado se orientan hacia la mínima interferencia. Los zapatos de estilo “barefoot” (pies descalzos, en inglés) y los diseños que imitan el caminar descalzo se consideran la opción más favorable para el desarrollo. El calzado blando y flexible es visto como ideal para un desarrollo saludable del pie, ya que permite el movimiento natural y el confort.Los zapatos tradicionales, particularmente aquellos con la punta estrecha, pueden comprimir los dedos, contribuir a la desalineación y derivar en desequilibrios musculares o afecciones como juanetes, según La Vanguardia. Los expertos recalcan que la función debe primar sobre la estética: diseños con la forma del pie, materiales flexibles y espacio suficiente para que los dedos se muevan.Caminar descalzo también se considera beneficioso. El andar sin calzado estimula múltiples áreas del pie y favorece la adquisición de la marcha. Durante los primeros seis meses después de que un bebé empieza a caminar, se recomiendan zapatos híbridos —similares a medias con suelas finas—, que ofrecen una protección básica mientras mantienen la máxima retroalimentación sensorial.Una vez que se introduce el calzado estructurado, el ajuste se vuelve crítico. Los zapatos deben proporcionar un espacio adecuado para los dedos y un soporte estable en el talón. Medir el talle presionando la punta del zapato se considera poco confiable. En su lugar, dibujar el contorno del pie o revisar una plantilla extraíble ofrece una evaluación más precisa.También se aconseja a los padres monitorear signos prácticos de incomodidad. El roce o el enrojecimiento después de quitarse los zapatos puede indicar un talle o forma inadecuados. Los niños que se quitan los zapatos con frecuencia también pueden estar manifestando incomodidad.Las expectativas de desarrollo son otro factor a tener en cuenta. El pie plano se considera normal en niños de hasta tres años y, a menudo, cambia con el crecimiento. Si surgen preocupaciones, puede ser oportuno realizar una consulta médica. La Voz

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