NUEVA YORK.– ¡Se resolvió el enigma de la Esfinge Eslovena! La eterna pregunta de cómo es realmente Melania Trump detrás de su exquisita máscara de modelo quedó respondida con la difusión de su nuevo infomercial, “Melania”. Y resultó ser que no había ningún enigma, ningún misterio, ningún recóndito secreto.

Melania no es Rapunzel presa en la torre del castillo, rogando que vengan a salvarla del ogro que la tiene prisionera. No. Melania está muy cómoda en la gélida soledad vertical de su torre y arropada en lujos.

La portada del documental de Melania Trump

Algunos de los cines que proyectaban Melania estaban tan vacíos que algunos graciosos les recomendaron a los inmigrantes indocumentados que fueran a esconderse ahí.

Y las reseñas de la película fueron despiadadas: The Independent dijo que “en esta espantosa pieza de propaganda” la primera dama era “un vacío engreído y caracúlico de pura nada”; The Guardian fusiló la película calificándola de “basura dorada”, y la revista Variety se preguntó: ¿Por qué Amazon gastó 75 millones de dólares en una película tan mala?“. Creo que todos sabemos la respuesta.

Pero el retrato de “El Retrato” —como Ivanka apodó a Melania—, es revelador porque no revela nada. Ni siquiera sabemos si a Melania le duelen los pies después de horas de usar taco aguja. Me la imagino con pies de Barbie, que no se pueden aplanar.

Una imagen del documental de Melania Trump

Después de lo ocurrido el 6 de enero de 2021 en el Capitolio, ya sabíamos todo lo que necesitábamos saber sobre Melania. En sus memorias, su exasesora y confidente Stephanie Grisham relata una historia escalofriante sobre la frialdad de la primera dama.

Cuando los amotinados rompieron las barricadas exteriores del Capitolio, Grisham le envió a Melania este mensaje: “¿No querés tuitear que la protesta pacífica es un derecho de todo estadounidense, pero que la anarquía y la violencia no tienen cabida?”. Melania le respondió con un simple “No”: estaba ocupada preparándose para la sesión de fotos de una alfombra que había comprado para la Casa Blanca.

Melania conoce perfectamente los términos de su acuerdo con el autor de El arte de la negociación, y parece no tener ningún problema con su autoritarismo. Ella misma es bastante autoritaria cuando manda confeccionar sus atuendos oficiales: revisa hasta la última puntada de la tela.

Melania Trump junto a su hijo Barron

El presidente, que alguna vez soñó con ser un figurón de Hollywood, castinea a su gabinete en función de su physique du rôl. Y eligió a Melania para el papel de la esposa atractiva, comprensiva y usualmente calladita. Ella acepta ese papel y no está, como afirma su película, reinventando el rol de primera dama: hasta que Trump la demolió, en el Ala Este de la Casa Blanca no la veían ni de pasada.

Los progresistas han fantaseado mucho sobre Melania a lo largo de los años: que era miembro secreto de la #resistencia; que en la Casa Blanca era un fantasma porque no soportaba estar cerca de su esposo; que un día la inmigrante eslovena se convertiría en una saboteadora conyugal que rechazaría las duras políticas de Trump con los inmigrantes; castigaría su infidelidad con la actriz porno Stormy Daniels mientras ella estaba embarazada, y denunciaría sus groserías sobre las partes íntimas y la apariencia de las mujeres.

Pero mejor dejen de esperar. Para que fuera su hagiógrafo, Melania eligió a Brett Ratner, un director expulsado de Hollywood por acusaciones de agresión sexual y conducta impropia. Trump presionó a los directores de la Paramount para una cuarta entrega de Rush hour, de Ratner, y los Ellison obedecieron. En la película, Ratner se detiene lascivamente en sus tacos aguja de 12,5 cm, sus piernas largas, sus elegantes tobillos y su cabellera con reflejos escarchados.

Melania Trump en una escena de la recientemente estrenada

Melania está donde quiere estar, en el seno de una familia corrupta que está prostituyendo la Casa del Pueblo. Tras sus turbias incursiones en el negocio de los NFT y una cripto-meme, la primera dama recibió un gran premio sorpresa de Jeff Bezos, que sin duda quería congraciarse con su esposo.

El estudio Amazon MGM, propiedad de Bezos, estuvo a cargo del rodaje de la película y aportó la friolera de 40 millones de dólares para la producción y otros 35 millones para marketing. El diario The Wall Street Journal informó que de los 40 millones destinados a producción, 28 millones le tocaron a Melania.

El dato es particularmente asqueante cuando vemos que Amazon está despidiendo empleados en masa y Bezos parece decidido a privar de fondos y talentos a su diario The Washington Post. La pantalla dividida de Bezos y su dispendiosa esposa Lauren Sánchez retozando por todas partes —incluida la Semana de la Moda de París—, mientras el magnate tecnológico profana la joya de la corona, a la que le sacaron brillo eminencias del periodismo como Ben Bradlee y Kay Graham, es lisa y llanamente repugnante.

El presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump llegan al estreno de su p

Y hablando de cosas repugnantes, en un correo electrónico de 2002 incluido en los recién publicados Archivos Epstein y que según The New York Times es de una tal “Melania” y parece dirigido a Ghislaine Maxwell, la tal “Melania” elogia un perfil de Jeffrey Epstein publicado en la revista New York Magazine y le dice a Ghislaine: “Estás divina en la foto”. Ghislaine le agradece a “Melania” con un “¡Qué dulce que sos!” y “Melania” firma su email con un “Con amor”.

El “documental” muestra una cena con velas la noche anterior a la segunda asunción de Trump, una fiesta en el Museo Nacional de la Construcción con todos los magnates tecnológicos que lo taparon de dinero y regalos de oro durante la campaña, y ahí están Bezos con Sánchez, y Elon Musk con su compañera de ocasión sentada sobre sus piernas. Con voz en off, Melania dice que su “visión creativa” cobra vida en esa sala “llena de la elegancia y la sofisticación de nuestros donantes. Ellos son realmente el motor de la campaña y su filosofía, y la razón por la que es posible nuestra victoria”.

¡Gracias Bezos, Musk, Tim Cook, Sam Altman y Mark Zuckerberg!

La primera dama Melania Trump baja del escenario después de hablar antes del estreno de su película

Melania se reservó el control de la edición de la película, que abarca los 20 días previos a la asunción de enero de 2025. Hay una escena en la que Melania se enorgullece de haber convencido a su esposo para que en su discurso de asunción se proclame como el “gran unificador”. Parece ignorar que la retórica y las políticas de su esposo están pensadas para enfurecer y dividir.

Durante el desfile posterior a la asunción, ella y su hijo, Barron, se niegan a bajar de la limusina y ella se queja de la violencia política, otra vez sin reconocer que su esposo viene incitando a la violencia desde que él y Melania descendieron aquella vez por una escalera mecánica dorada.

Donald y Melania Trump

Y luego mantiene una cálida charla sobre sus raíces inmigrantes con un diseñador inmigrante de Laos, ignorando que su esposo ha despedazado a Estados Unidos denigrando a los inmigrantes y desatando la brutalidad de los agentes de ICE en las ciudades de Estados Unidos. Ahora, Trump ha restringido el otorgamiento de visas a 75 países, incluido Laos.

Melania, la estrella de cine, hace honor al mensaje de la ignominiosa campera que usó en un centro de detención de menores migrantes: “La verdad que no me importa, ¿y a vos?” Parece que sí le importa: le importa ella misma…

Traducción de Jaime Arrambide

​El documental sobre la primera dama expone la comodidad con la que se desenvuelve en la Casa Blanca  

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