Independiente vive institucionalmente en una montaña rusa desde hace ya muchos años. El rejunte político que llegó en 2023 para hacer frente a los desaguisados que dejaba el segundo mandato de Hugo Moyano quedó -por peleas internas e ineficiencia- rápidamente desacreditado ante la enorme masa societaria que se había volcado a las urnas para pedir un cambio. Y hoy, a menos de un año de que se termine la gestión que encabezó Fabián Doman por unos meses y que continuó Néstor Grindetti, Independiente siempre parece estar inmerso en aguas poco claras.

El rotundo fracaso deportivo de esta gestión suma capítulos de manera recurrente. Y los mercados de pases dejan al descubierto operaciones extrañas, negocios poco claros y manejos desprolijos. A Independiente le cuesta muchísimo vender y, en el caso de que lo logre, no acierta en hacerlo bien.

Javier Ruiz, el día de la firma de su contrato con Independiente hasta 2027; lo flanquean dos dirigentes, el tesorero Christian Urreli y el secretario general Daniel Seoane

Desde la Navidad de 2025, el principal foco de conflicto fue Javier Ruiz, un chico con pocos partidos en la primera de Independiente, cedido a préstamo a Barracas Central durante un año y medio, que fue repescado en medio de la cesión por expreso pedido del técnico del Rojo, Gustavo Quinteros, y quien de un día para otro decidió -a través de desplantes- no volver a vestir la camiseta del club que lo formó. “Si Ruiz se va de Independiente, el que se va es el presidente”, dijeron a LA NACION desde altas fuentes del club en su momento. Pues bien, Ruiz se va de Independiente, en una venta poco convincente en números, a Necaxa, de México. ¿El presidente? En silencio.

Minutos antes de que se oficializara la oferta del club mexicano y que se apurara la venta de Ruiz, el secretario general del club, Daniel Seoane, había hablado en Radio La Red y dejado palabras sugestivas al respecto. “Si no viene una oferta que le sirva a Independiente, el chico no se va a ir, pero tampoco sirve que se quede colgado”. Esta última frase generó sospechas en el hincha de Independiente, que se hicieron realidad minutos más tarde, cuando los periodistas partidarios anunciaban que Ruiz se iría a Necaxa a cambio de 1.600.000 dólares netos por el 60% de la ficha.

Daniel Seoane (con gorro), secretario general de Independiente, junto al presidente del club, Néstor Grindetti

Seoane, un hombre poco querido por el socio -se lo suele invocar en el estadio con cánticos insultantes- y que está en el club desde hace dos décadas bajo distintos gobiernos y colores, es quien hoy tiene la llave de los mercados de pases. Sostienen, los que lo conocen, que es la cabeza visible de quienes desde hace tiempo le generan dolores de cabeza a un presidente ya cansado del fuego interno. Se trata del famoso Grupo Champagne, que integran empresarios (Fabio Fernández, Jorge Damiani, Gustavo Lema) y políticos (Cristian Ritondo, Carlos Montaña).

Son quienes en su momento condujeron a piacere el fútbol y los negocios en el primer mandato de Hugo Moyano y quienes se alejaron del mismo por diferencias con su hijo Pablo; los mismos que apuntalaron el gobierno de unidad para desbancar al dirigente camionero y que en la primera de cambio forzaron la renuncia de uno de los vicepresidentes, Juan Marconi, que encarnaba la renovación dirigencial.

Tarzia, a Brasil

Diego Tarzia se irá al fútbol brasileño; es representado por Adrián Ruocco, agente de Javier Ruiz, en conflicto con Independiente desde hace más de un mes y que se iría a Necaxa

Este sábado, se sumó otro capítulo extraño. El anuncio de que el mediocampista Diego Tarzia fue vendido a Vitoria, equipo que disputa el Brasileirao. Tarzia ha sido un futbolista problemático para Independiente. Representado por Adrián Ruocco, el mismo de Javier Ruiz, fue sancionado en su momento por Julio Vaccari por serios actos de indisciplina. Su comportamiento fuera de la cancha no era bien visto y fue perdiendo terreno en un equipo en el que alguna vez fue titular. Su última contribución, unos erráticos minutos ante Newell’s.

Las condiciones de la operación son llamativas: se vende el ¡5 por ciento! del pase en 200.000 dólares. Y existe una obligación de compra de 2,5 millones por otro 75%. ¿Y si no pagan? El futbolista vuelve a Independiente. Ergo: puede llegar a ser un préstamo sin cargo. La jugada es clara: disfrazar de venta un préstamo al exterior, ya que el cupo para este tipo de operaciones no tenía vacantes.

Justamente, el cupo se completó con otra operación extraña, la de Felipe Loyola a Pisa, de Italia. El mediocampista chileno, una de las grandes figuras del último año y medio en Independiente, parecía tener todo listo para pasar a Santos, de Brasil. Pero la negociación no se concretó y apareció un equipo que va encaminado a descender a la segunda división italiana. Los términos son poco convencionales: préstamo con cargo de 1.500.000 de euros con opción de compra si juega ¡un minuto! en 5 partidos. Este sábado Loyola debutó, su equipo cayó de local con Sassuolo por 3 a 1 y él jugó el segundo tiempo. Pisa quedó último.

En este caso, Independiente corría con desventaja. Si bien podía ser una potencial buena venta, sólo contaba con la mitad de la ficha de Loyola, compartida con Huachipato.

Esta heterodoxa operación provocó que se colmara el cupo de préstamos al exterior, entre los que hay algunos llamativos. Por ejemplo, el del ecuatoriano Jhonny Quiñónez -un capricho de Carlos Tevez que le costó a Independiente un millón de dólares- a Barcelona de Guayaquil; o el de Ignacio Maestro Puch a Puebla. Este es un caso también llamativo: un delantero por el que, pese a que no cumplió con las mínimas expectativas, el club hizo uso de la opción de compra a Atlético Tucumán (la sospecha es que el préstamo era una compra obligada encubierta). Lo prestó a San Martín de San Juan, donde fue suplente y descendió, y ahora al club mexicano, donde tampoco suma muchos minutos.

La urgencia por vender -a cualquier precio y en las condiciones más desventajosas- tendría dos razones: una, generar ingresos que permitan afrontar pagos y deudas que no dejan de acumularse (situación potenciada, en gran parte, por la no clasificación a copas internacionales); dos, devolver favores/recuperar dinero invertido por parte de particulares. Este último caso podría aplicarse a la insistencia con la que se quiso vender a Kevin Lomónaco al Grupo Pachuca, de cercanísima relación con algunos dirigentes del Rojo. Fue el propio futbolista el que rechazó el trato, a la espera de un desafío deportivo de mayor estatus.

Independiente se ha convertido en un club al que le cuesta horrores vender a un futbolista, y que cuando lo hace no logra traducirlo en números seductores. Y a este panorama se le suman un manejo deportivo en las sombras del que el socio desconfía. Una falta de claridad que tampoco encuentra solución en las escasas oportunidades en las que quienes mandan hablan públicamente.

​El club de Avellaneda volvió a ser noticia este sábado por la posible salida de Tarzia a Brasil, en una operación poco convencional  

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