16/09/2026 08:09
Eduardo Castex
Impacto Castex
SOCIEDAD

Louise Brown, la primera "bebé de probeta": “Tenía una posibilidad en un millón y aquí estoy”

Louise Brown, la primera "bebé de probeta": “Tenía una posibilidad en un millón y aquí estoy”

La primera persona nacida mediante fertilización in vitro llegó a Buenos Aires invitada de honor del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva. Es madre de dos hijos y dedic

Cuando tenía cuatro años, Louise Brown supo que había nacido de una manera diferente. Sus padres se sentaron con ella antes de que empezara la escuela y se lo contaron. Después le mostraron el video de su nacimiento.

Para una nena, aquella explicación podía haber sido difícil de comprender. Pero sus padres no hicieron de eso un acontecimiento extraordinario. Querían simplemente que lo supiera. Y después siguieron con su vida.

“Antes de empezar la escuela, mis padres me dijeron que había una diferencia en la forma en que había nacido. Me mostraron el video de mi nacimiento, que era bastante intenso para una niña”, cuenta hoy a Clarín Louise, con la distancia de quien nació hace 48 años en medio de una revolución científica.

“No hicieron una gran cosa de todo esto. Querían que yo lo supiera. Y durante toda mi vida, cuando entrevistaban a mis padres, yo estaba ahí, escuchaba y aprendía. Así que para mí fue algo natural. Cada vez que tenía una pregunta podía ir y preguntarle a mi mamá, pero no era un tema del que habláramos en la mesa de la cena”, asegura.

Louise Brown con sus padres en 1978.

Cuatro años después nació Natalie, su hermana menor, también mediante fertilización in vitro. Y entonces aquella historia que había comenzado como una hazaña médica empezó a formar parte de la vida cotidiana de las dos: “Cuando nació mi hermana todo sucedió con normalidad, como el resto de nuestra educación”.

Louise Joy Brown nació el 25 de julio de 1978 en Inglaterra y se convirtió en la primera persona nacida mediante fertilización in vitro (FIV). Su nacimiento fue el resultado del trabajo de Robert Edwards y Patrick Steptoe, que habían conseguido fecundar un óvulo fuera del organismo y luego transferir el embrión al útero. Lo que entonces parecía algo imposible terminó convirtiéndose en una de las grandes transformaciones de la medicina reproductiva. El aporte de Edwards fue reconocido en 2010 con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Ahora, a los 48 años, Louise está en Buenos Aires. Es la primera vez que viaja a América del Sur. Llegó como invitada de honor del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), que se hace estos días en Buenos Aires.

Louise Brown dio una conferencia de prensa junto a especialistas

“Argentina siempre estuvo a la vanguardia de los tratamientos de fertilización asistida. Y este Congreso se hace cada dos años, pero es la primera vez que hacemos una conferencia de prensa antes, y es que hoy nos acompaña Louise Brown, y es todo un hito”, dijo el doctor Agustín Pasqualini, presidente de SAMeR y del Congreso.

El encuentro reúne a cerca de 1.500 participantes de distintas disciplinas vinculadas con la salud reproductiva, con 17 invitados internacionales. Entre los temas que se discutirán aparecen la estimulación ovárica personalizada, las nuevas tecnologías de laboratorio, la genética y la selección embrionaria, la preservación de la fertilidad, la endometriosis y adenomiosis, el factor masculino, las fallas de implantación y los desafíos éticos y regulatorios de la reproducción asistida.

Un antes y un después

“Desde su nacimiento, que fue un antes y un después, a hoy, hubo 17 millones de niños que nacieron gracias a tratamientos de fertilización”, señaló Gabriel Fiszbajn, presidente del Comité Científico del Congreso.

La historia de Louise también es la historia de su madre, Lesley, y de su padre, John. Durante diez años intentaron tener un hijo y atravesaron tratamientos y frustraciones hasta llegar a aquella alternativa experimental que cambiaría sus vidas y la historia de la medicina.

A Louise la maternidad le permitió mirar a su propia madre desde otro lugar. “Creo que cuando tenés tus propios hijos te das cuenta de muchas cosas. Yo pude comprender por lo que pasó mi mamá y por qué hizo lo que hizo. Cuando tenés tus propios hijos entendés ese apego que tienen los padres con sus hijos”, explica.

Le preguntan a Louise qué les diría hoy a quienes atraviesan dificultades para tener hijos, y no habla primero de porcentajes, procedimientos ni tecnología: “Que tengan confianza y esperanza. A mi mamá le habían dicho que tenía una posibilidad en un millón, y aquí estoy”, dice sonriente.

Louise Brown viaja por el mundo para contar su historia

Louise trabaja para generar conciencia sobre los problemas de fertilidad y promover un acceso más amplio a los tratamientos. “Esta es una de las razones por las que hago parte de lo que hago: para generar conciencia. Mis padres tuvieron muchos problemas y tuvieron que viajar unas 200 millas para poder acceder al tratamiento”.

Para Louise, los tratamientos no deberían convertirse en un privilegio reservado a quienes tienen dinero. “Patrick Steptoe y Robert Edwards siempre quisieron que estos tratamientos fueran accesibles para todos, no solamente para los ricos”, asegura.

Cuando ella nació, en Inglaterra, su padre tenía dos hijos de un matrimonio anterior y, según explica, la familia no hubiera podido acceder de la misma manera al sistema de salud británico para ese tratamiento. “Y no es justo”, afirma.

El avance de la ciencia

Desde aquel primer nacimiento hasta hoy, la reproducción asistida cambió casi por completo. Mejoraron la estimulación ovárica, los procedimientos de laboratorio, los medios de cultivo embrionario y la criopreservación. La vitrificación de óvulos amplió las posibilidades de preservar la fertilidad y se incorporaron herramientas genéticas, sistemas de análisis de imágenes, automatización e inteligencia artificial.

La transformación también abrió preguntas que en 1978 no existían: qué hacer con los embriones, hasta dónde utilizar la selección genética, cómo regular la donación de óvulos y esperma o qué implicancias tiene acceder a tratamientos a edades cada vez mayores. La posición de Louise es que "esos límites tienen que discutirse, pero no puede haber una única respuesta válida para todo el mundo".

“Creo que los médicos y los científicos necesitan discutir entre ellos y llegar a acuerdos. Hay tantas diferencias en distintas partes del mundo que es muy difícil decir que debería existir una única regla para todos. Hay factores religiosos, sociales y culturales. Las sociedades son diferentes y hay cosas que no se pueden generalizar”, explica.

En Argentina y en otros países, la maternidad y la paternidad se desplazan hacia edades más avanzadas. El Congreso pone el foco en el efecto de la edad sobre la fertilidad. Según los datos difundidos por SAMeR, la tasa de nacimiento por transferencia de un embrión fresco utilizando óvulos propios supera el 30% entre los 18 y los 34 años, pero ronda el 5% o menos entre los 43 y 44.

La preservación de óvulos aparece como una alternativa que hace décadas no estaba disponible con la eficacia actual. Pero los propios especialistas aclaran que no es un seguro de maternidad ni garantiza un nacimiento: las posibilidades futuras dependen, entre otras variables, de la edad a la que se realiza la vitrificación y del número de ovocitos obtenidos.

La presión de tener hijos

Louise también habla del debate demográfico actual. En distintos países, la caída de la natalidad comenzó a generar preocupación política y económica.

“Cuando mi mamá me tuvo tenía 30 años y eso era considerado tarde en aquel momento. Pero era porque había estado intentando tener un hijo durante diez años”. Louise señala que hoy las circunstancias son diferentes. Las personas esperan para tener hijos porque quieren construir estabilidad, desarrollar una carrera, estudiar, conseguir una situación económica más segura o simplemente porque sus proyectos personales cambiaron.

Todo el mundo está tratando de conseguir estabilidad. Quiere construir una vida y tener una situación estable. Eso también afecta el momento en que decide tener hijos”, asegura.

En un escenario de descenso de la natalidad, desde el Congreso plantean que informarse sobre fertilidad antes de que aparezca un problema no significa adelantar un proyecto de maternidad o paternidad. Significa conocer las posibilidades y sus límites.

De “bebé de probeta” a Louise

Durante décadas, Louise fue presentada ante el mundo como “la primera bebé de probeta”. Su imagen apareció en diarios y revistas, su nacimiento fue contado como una hazaña y su nombre quedó ligado a una técnica que todavía estaba dando sus primeros pasos. Pero, dice, no quiere quedar atrapada en aquella etiqueta.

El día que nació la fecundación in vitro con la llegada del primer "bebé probeta" el 25 de julio de 1978

Hoy es una mujer de 48 años, madre de dos hijos, que viaja por el mundo contando su historia y defendiendo una causa que siente también como una forma de agradecimiento. Los médicos que hicieron posible su nacimiento ya no están. Tampoco su madre. Queda ella.

“Una parte de lo que hago es mi manera de devolver algo a la comunidad de la fertilización y la medicina reproductiva. Las personas que trabajaron con mi mamá ya no están. No queda mucha gente de aquella época que pueda contar lo que ocurrió cuando nací”.

Este jueves, Louise será protagonista de la conferencia “Desde el comienzo de la FIV al futuro”. Será como el puente entre aquella técnica experimental que necesitaba demostrar que podía funcionar y el de una disciplina que ahora habla de inteligencia artificial, genética, preservación de la fertilidad y nuevas tecnologías.

Igual, cuando le piden un mensaje para alguien que no puede tener hijos, habla de esperanza y repite: “A mi mamá le dijeron que tenía una posibilidad en un millón. Y aquí estoy”.

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