20/08/2026 08:20
Eduardo Castex
Impacto Castex
SOCIEDAD

Estudiantes de Ingeniería de la UBA montaron un taller, fabricaron un auto de carreras desde cero y participaron por primera vez de una prestigiosa competencia internacional en Brasil

Estudiantes de Ingeniería de la UBA montaron un taller, fabricaron un auto de carreras desde cero y participaron por primera vez de una prestigiosa competencia internacional en Brasil

El coche, bautizado "Suipacha 901", representó a la Facultad en la Fórmula SAE Brasil y marcó un hito para la universidad pública en el país. El proyecto lo comenzaron ocho alumnos

La historia del FIUBA Racing Team comenzó a mediados de 2022, cuando ocho estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA) se propusieron llevar a la práctica los conocimientos que aprendían en las clases. Querían diseñar y construir un auto de carrera desde cero, pero también crear un proyecto capaz de reunir distintas ramas de la ingeniería y que pudiera continuar con las próximas generaciones de estudiantes.

“Éramos ocho personas apasionadas por el automovilismo que teníamos ganas desde muy chicos de diseñar y construir un auto”, cuenta Guido Paganini, presidente del FIUBA Racing Team, a Clarín.

El proyecto tomó forma con el objetivo de participar de la Fórmula SAE, una competencia internacional de ingeniería universitaria organizada por SAE International, la organización internacional que nuclea a ingenieros de la movilidad de todo el mundo. Allí, estudiantes de distintas universidades diseñan, construyen y evalúan sus propios prototipos de autos de carrera. La competencia contempla aspectos técnicos, de fabricación y costos, además de las pruebas en pista.

El auto es un desarrollo 100% de estudiantes argentinos.

El equipo de la UBA tenía como uno de sus objetivos convertirse en la primera universidad pública argentina en participar internacionalmente del certamen.

Hoy, el grupo que arrancó con la participación de ocho estudiantes se transformó en un equipo de casi 50 integrantes de distintas disciplinas. Hay alumnos de Ingeniería Mecánica, Electrónica, Informática e Industrial, además de estudiantes de Diseño de Imagen y Sonido y colaboradores en las áreas de Marketing y Comunicación.

La construcción se realizó en un taller montado por los estudiantes.

“Era una forma de devolverle tanto a la educación pública que nos dio, a través de este proyecto, ser la primera universidad pública argentina en competir y generando una estructura donde futuros estudiantes puedan meterse y aprender como nosotros”, explica Paganini.

Construir el taller y el auto

El Suipacha 901, como bautizaron al auto, no apareció de un día para otro. Antes de empezar a diseñarlo y fabricarlo, los estudiantes tuvieron que poner en condiciones el espacio que la facultad les había destinado para trabajar.

“Estuvimos arreglando el taller. Hicimos de albañiles, electricistas, levantando paredes, limpiando, desalojando, sacando chatarra y otras cosas”, recuerda Paganini.

Del proyecto participaron 50 estudiantes.

Ese trabajo llevó aproximadamente un año y medio. Recién después comenzó otro período de un año y medio dedicado al diseño y la construcción del monoplaza.

El proceso de fabricación tuvo distintas etapas. El equipo comenzó por la parte dinámica del vehículo, vinculada con la suspensión y el comportamiento de los neumáticos, el vínculo del auto con el asfalto. “Se arrancó desde ahí y desde allí partieron las distintas otras partes, siguiendo con el chasis y el motor y transmisión y, por último, con la parte aerodinámica”, cuenta Paganini.

La aerodinámica se trabajó en parte en paralelo, aunque debió adaptarse al chasis que ya había sido diseñado.

Es la primera vez que una universidad pública argentina participa del certamen.

El gran desafío apareció cuando llegó el momento de dejar atrás la computadora y pasar a la fabricación. “Durante la construcción, el desafío más grande que tuvimos fue poder llevar todo lo que veníamos diseñando en la computadora a la realidad”, cuenta el presidente del equipo.

Muchos de los estudiantes no tenían experiencia previa en ese tipo de fabricación. Para resolverlo recurrieron a docentes que los ayudaron y comenzaron a buscar información por otras vías.

Los primeros errores también fueron parte del aprendizaje. “Las tolerancias que se tienen en la computadora no terminan siendo las mismas en la realidad y nos complicó”, reconoce Paganini. Ese problema apareció en los primeros diseños y fue corregido en las versiones siguientes.

Cuatro días de viaje hasta Brasil

Con el auto terminado se planteó el siguiente gran paso: hacerlo competir.

El auto fue construido en un año y medio.

El equipo viajó a Brasil por tierra y trasladó el coche durante cuatro días en un tráiler. Fueron 30 integrantes los que participaron de la experiencia.

“La verdad es que la pasamos muy bien los 30 que fuimos. No lo podíamos creer, no podíamos creer estar ahí mismo”, recuerda Paganini.

El debut también generó sorpresa entre los participantes locales. Según cuenta, integrantes de la universidad brasileña no podían entender cómo un equipo que participaba por primera vez había llegado con un auto tan completo y complejo: “Tampoco entendían cómo en tan poco tiempo habíamos fabricado el auto, cómo habíamos hecho para llevarlo”, dijo.

El chasis fue diseñado por los alumnos.

En la competencia, el equipo terminó en el puesto 25 entre 46 participantes y logró superar la inspección técnica del vehículo, uno de los pasos necesarios para poder avanzar en el certamen.

El resultado llegó frente a equipos con mucha más experiencia. “Sabíamos que nos enfrentábamos a equipos que llevan 20 años compitiendo y que íbamos a dejar lo mejor de nosotros para lograr una buena posición”, dice Paganini.

El auto compitió en la Fórmula SAE Brasil.

El equipo cuenta lo que significó la experiencia más allá del resultado. “Para nosotros es una satisfacción enorme, es una alegría. Es una forma de devolverle también algo a la universidad que de forma gratuita nos enseña, nos educa”, agrega.

El grupo que comenzó con ocho estudiantes ahora tiene una estructura que busca que el próximo equipo pueda continuar desde lo construido.

El auto logró el 25° puesto de 46 participantes.

Y el Suipacha 901, que nació de un equipo con el sueño de fabricar un auto, terminó convirtiéndose en la primera experiencia internacional de una universidad pública argentina en la Fórmula SAE.

Fotos: Gentileza FIUBA Racing Team. Fotos por Gianna Lucchini / Mia Cabello Alberti.

MG

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