Día 905: Milei enfrenta el desgaste de su liderazgo y crece la preocupación en los mercados y la política
La relación entre Javier Milei y buena parte de los sectores que hasta hace poco acompañaban su proyecto comenzó a cambiar. El deterioro de algunos indicadores económicos y sociales, la pérdida de confianza reflejada en distintas encuestas y el creciente malestar político empezaron a modificar la percepción sobre el Presidente.
La señal ya no aparece solamente en el escenario electoral. También comenzó a sentirse entre empresarios, inversores, dirigentes políticos y operadores del denominado círculo rojo, donde empieza a ganar espacio una pregunta que hasta hace poco parecía lejana: qué ocurrirá con el poder de Milei si su gobierno pierde respaldo.
Los mercados también reaccionan ante las expectativas. No necesitan esperar a una elección para incorporar en sus decisiones la posibilidad de un cambio político. En las últimas semanas aumentó el nerviosismo alrededor de los activos argentinos y volvió a crecer la preocupación entre fondos y bancos internacionales por el rumbo del país.
A esto se suma una situación política cada vez más compleja. Gobernadores que fueron aliados comienzan a marcar diferencias, mientras que algunos legisladores evalúan con mayor cautela el costo de permanecer alineados con la Casa Rosada. En paralelo, empresarios y dirigentes empiezan a observar el escenario de 2027 y a preguntarse qué actores tendrán protagonismo después de Milei.
Ese proceso puede convertirse en un problema para cualquier gobierno: cuando los aliados dejan de pensar solamente en cómo acompañar al líder y comienzan a preguntarse quién podría sucederlo, el poder empieza a deteriorarse.
El cambio en la percepción sobre Milei
Una de las claves para entender este momento está en cómo cambió la interpretación de los mismos comportamientos que Milei mostró desde antes de llegar a la Presidencia.
El estilo confrontativo, los insultos, las descalificaciones y la negativa a negociar con determinados sectores no aparecieron durante los últimos meses. Formaron parte de su identidad política desde la campaña electoral y fueron, precisamente, algunas de las características que contribuyeron a construir su imagen de dirigente diferente al resto de la dirigencia tradicional.
Durante la etapa de mayor popularidad, esas características podían ser interpretadas de otra manera. La confrontación era presentada como valentía; la intransigencia, como convicción; la rebeldía, como una ruptura con la política tradicional; y la seguridad con la que defendía sus ideas, como determinación.
Pero cuando las expectativas comienzan a deteriorarse, la interpretación cambia.
Lo que antes era considerado audacia puede comenzar a verse como imprudencia. La firmeza puede transformarse en obstinación. La rebeldía puede ser interpretada como falta de disposición al diálogo y la seguridad puede convertirse, para sus críticos, en soberbia.
El Presidente no necesariamente cambió de manera radical. Lo que cambió es el contexto en el que la sociedad interpreta sus conductas.
El efecto halo y la política
Este fenómeno tiene una explicación conocida en psicología: el llamado “efecto halo”. Se trata de un sesgo mediante el cual una valoración positiva sobre una persona influye en la interpretación de otras características, incluso cuando no están directamente relacionadas.
Aplicado a la política, significa que un dirigente considerado exitoso puede recibir una interpretación favorable incluso sobre aspectos que, en otro contexto, serían cuestionados.
Con Milei ocurrió algo similar durante buena parte de su ascenso político. Su carácter disruptivo, su discurso agresivo y su rechazo a las formas tradicionales fueron interpretados por sus seguidores como parte de la fortaleza necesaria para transformar el país.
Cuando los resultados dejan de cumplir con las expectativas, el mecanismo puede funcionar en sentido contrario. Las mismas características empiezan a ser observadas como defectos.
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