Santiago Caamal Beh pasó seis meses sobre una bicicleta para cumplir una promesa. Durante ese tiempo recorrió México de extremo a extremo llevando una imagen de la Virgen de Guadalupe de 20 kilos y 1,80 metros de altura. Tal objetivo era una forma de agradecer por la recuperación de su madre.
El ciclista -que actualmente tiene 34 años- es oriundo de Tixcacal Guardia, una comunidad indígena maya del municipio de Felipe Carrillo Puerto, en Quintana Roo, en el Caribe mexicano.
Desde pequeño, la fe y el ciclismo habían formado parte de su vida, dos aspectos que terminaron unidos en una travesía de miles de kilómetros. “Desde los 11 años empecé a peregrinar con un grupo”, recordó en una entrevista con ACI Prensa.
La promesa que hizo por la salud de su madre
La travesía comenzó el 12 de junio de 2025 en su comunidad, en la península de Yucatán. El 28 de agosto llegó al santuario de la Virgen de Guadalupe en Cabo San Lucas, Baja California. Ese día cumplió 33 años.
Su madre había sufrido una fractura en el pie y el tobillo. En el hospital le indicaron que necesitaba una operación cuyo costo rondaba los 130.000 pesos, unos 7.660 dólares.
La gente colocaba sus peticiones en la imagen religiosa. Foto: Captura Telemax
Para la familia, esa suma era imposible de reunir. “Nosotros no teníamos esa cantidad de dinero”, explicó Santiago.
El hombre aclaró que su familia no vivía en la pobreza, aunque tampoco tenía grandes recursos. “No somos una familia humilde, pero no somos ricos; tenemos lo básico, gracias a Dios”, señaló.
Ante la preocupación por la situación de su madre y la imposibilidad de afrontar el costo de la intervención, recurrió a su fe.
“De ahí le pedí a mi Virgen que sanara a mi mamá y sí, lo hizo”, contó. La recuperación de su madre fue el punto de partida del cumplimiento de la promesa de llevar una imagen de la Virgen de Guadalupe de un extremo al otro de México.
Para cumplir con esa “manda”, compró una figura especialmente preparada para el recorrido. “Le prometí (a la Virgen) que un día lo iba a cargar y llevarla de punta a punta”, recordó.
Miles de kilómetros en bicicleta por México
Después de llegar a Cabo San Lucas, el joven continuó por la península de Baja California hacia el norte del país. Más tarde emprendió el regreso hacia Quintana Roo.
Atravesó varios momentos de dificultad física. Foto: Captura Telemax
De acuerdo con sus propios cálculos, el trayecto completo superó los 16.000 kilómetros.
Durante el recorrido hubo momentos en los que el cansancio se hizo sentir. Santiago aseguró que nunca pensó en abandonar, aunque reconoció que hubo jornadas particularmente desafiante. “Sí me cansé y vi lo duro que estaba el camino”, admitió.
Uno de los lugares que más recuerda es La Rumorosa, una zona montañosa de Baja California situada entre Tecate y Mexicali, caracterizada por sus pendientes pronunciadas y sus numerosas curvas.
Allí, el esfuerzo físico se convirtió también en una cuestión de voluntad.
En los momentos más difíciles, Santiago se repetía una frase que resumía el compromiso que había asumido antes de comenzar: “Ni modo, si ya lo prometí, yo tengo que cumplir y tratar de seguir, aunque sea poco a poco”.
El apoyo que encontró durante el camino
Santiago no estuvo solo durante los miles de kilómetros. A medida que avanzaba, distintas personas se acercaban para alentarlo. Algunas le transmitían palabras de apoyo y otras colaboraban con elementos necesarios para continuar.
“La gente me decía que sí se puede, que no me desanimara”, recordó.
El respaldo también fue concreto. Hubo quienes le dieron agua y comida, le ofrecieron un lugar donde pasar la noche o le entregaron dinero para cubrir necesidades básicas. Pero hubo algo que lo conmovió todavía más.
Recibió ayuda tanto motivacional como material. Foto: Captura Telemax
Las personas que se arrodillaban frente a la Virgen
Para Santiago, una de las experiencias más significativas de la travesía ocurrió cada vez que alguien veía la imagen de la Virgen de Guadalupe.
Muchas personas se acercaban hasta donde estaba la figura y se arrodillaban frente a ella para rezar y hacer sus propias peticiones.
Santiago lo definió como “lo más lindo” de todo el viaje. “Muchas, pero en verdad muchas personas que conocí en el camino nomás llegaban (a donde estaba) y se arrodillaban ante ella (la Virgen) y le pedían”, contó.
La imagen terminó convirtiéndose así en un punto de encuentro para quienes se cruzaban con el peregrino. Algunas personas incluso ataron lazos de distintos colores a la imagen. Cada uno llevaba consigo una intención que querían confiar a la Virgen.
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