Recordarle que tiene turno con el médico, avisarle que vence una factura, preguntarle si hizo ese trámite que viene postergando hace semanas. Por separado, cualquiera de esas cosas puede ser un gesto de amor. Pero cuando se vuelve parte de la rutina, puede convertirse en un problema.
¿Maternar o paternar a la pareja? A Julieta (34) le pasó durante una relación de cuatro años. Al principio, su novio era "un poco colgado" y no le molestaba, ya que lo veía como una característica más. "Yo le tenía que recordar todo. Le hablaba para decirle que tenía algún turno, que tenía que hacer determinado trámite. Era como su mamá o su alarma", cuenta a Clarín.
El problema no fue que ella asumiera ese rol, sino que, con el tiempo, los dos empezaron a dar por sentado que funcionaban así. "Yo me acostumbré a ser así y él se acostumbró también. Una vez llegó a enojarse porque no le recordé algo que no tenía que ver con mis tareas".
Cuando uno empieza a organizar, recordar y resolver de manera permanente por el otro, el cuidado puede dar lugar a una relación desigual. Foto: ilustración Shutterstock.
A Hernán (27) le ocurrió algo parecido. Su exnovia no sabía manejar y él comenzó a llevarla a todos lados siempre que podía: "Era como su chofer. En un momento yo la esperaba con el desayuno, la llevaba y traía, todo". Hubo un clic cuando empezó a preguntarse qué lugar ocupaba en ese vínculo: "Cuando entendí que yo no quería ser como un padre, sino un novio, la relación llegó a su fin".
Cuándo cuidar a la pareja se convierte en “maternarla”
Nadie decide de un día para el otro hacerse cargo de su pareja. Por lo general, esta dinámica se va armando de a poco y a partir de situaciones muy cotidianas.
"Alguien empieza resolviendo porque 'lo hace más rápido', porque el otro se olvida, porque está atravesando un momento difícil", explica a Clarín la psicóloga Jacqueline Orellana. El problema empieza cuando eso se repite y los roles empiezan a quedar cada vez más marcados: "Puede cristalizarse en una identidad dentro de la pareja: 'yo soy quien resuelve y vos sos quien necesita que le resuelvan'".
¿Por qué se sostiene? Según la especialista (@psi.sexologia), también hay algo de cada lado. Hay personas que se sienten valiosas o necesarias cuando cuidan y que entienden ese cuidado como una forma de demostrar amor. Mientras que otras pueden acostumbrarse a delegar responsabilidades, ya sea por comodidad o porque sienten que el otro "lo hace mejor".
“Maternar” o “paternar” a la pareja es una dinámica que suele instalarse de a poco y muchas veces sin que ninguno de los dos lo advierta. Foto: ilustración Shutterstock.
"Es una dinámica que se construye entre dos, aunque no necesariamente de manera consciente", aclara.
Una de las señales de alerta aparece cuando uno siente que, si deja de estar atrás del otro, las cosas no pasan. "Cuando tiene que pedirle al otro que haga lo que un adulto debería poder registrar por sí mismo. O cuando empieza a sentir más responsabilidad que deseo", señala la psicóloga.
Esto no significa que pedir ayuda esté mal ni que cada uno tenga que poder con todo por su cuenta: "Hay una diferencia fundamental: pedir ayuda no es infantilizarse; esperar que el otro se haga cargo de todo, sí puede instalar una posición infantil".
Ahí está justamente el límite entre acompañar a una pareja y empezar a hacerse cargo de ella: "Amar no es hacerse responsable de la vida del otro. Una pareja puede sostenerse mutuamente sin que uno tenga que ocupar el lugar de quien administra, supervisa o rescata".
Cómo impacta “maternar” a la pareja en el deseo
Además del cansancio o las discusiones que puede generar, ocupar durante mucho tiempo ese lugar también puede afectar el deseo. "El deseo necesita cierta alteridad, cierta posibilidad de encontrarse con otro adulto que también tiene iniciativa y autonomía", explica Orellana. Cuando uno siente que tiene que cuidar, administrar o supervisar permanentemente a su pareja, "puede aparecer un desplazamiento muy fuerte: del deseo al deber".
Sentir que, si uno deja de estar pendiente, las cosas no suceden puede ser una señal de alerta dentro de la relación. Foto ilustración Shutterstock.
"Es muy difícil erotizar aquello que sentimos que tenemos que gestionar", resume.
Esto no quiere decir que cuidar al otro afecte necesariamente la sexualidad. El problema, según la psicóloga, aparece cuando la relación empieza a funcionar alrededor de la dependencia. "Incluso puede producirse algo paradójico: cuanto más necesario se vuelve el otro, menos deseable puede resultar".
¿Cómo salir de esos roles sin irse al "otro extremo"? Para Orellana, la clave está en diferenciar acompañar de hacerse responsable: "Puedo acompañarte en un momento de angustia, pero no puedo ser responsable de que estés siempre bien. Puedo ayudarte con algo que te resulta difícil, pero no convertir esa ayuda en una obligación permanente. Puedo escucharte, pero no ser tu regulador emocional las 24 horas".
Cuando uno empieza a sentirse responsable del otro, el vínculo también puede verse afectado en el plano del deseo y la sexualidad. Foto: ilustración Shutterstock.
También hay un desafío para quien se acostumbró a resolver todo: correrse y dejar que el otro vuelva a hacerse cargo de sus propias responsabilidades, aunque no siempre haga las cosas como uno espera. "A veces el control se disfraza de cuidado", advierte.
No se trata, entonces, de dejar de necesitar al otro ni de que cada uno haga su vida por separado. "Una pareja adulta no es aquella en la que nadie necesita al otro. Es aquella en la que podemos necesitarnos sin convertir esa necesidad en dependencia", concluye.
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