A mediados del siglo XIX, la implacable expansión de Estados Unidos hacia el oeste chocó contra una barrera natural aparentemente infranqueable: el árido clima, las sierras rocosas y los desiertos abrasadores del suroeste. El ejército dependía casi exclusivamente de caballos y mulas para abastecer sus puestos remotos, pero estos animales colapsaban con frecuencia por la falta de agua y forraje.
En esta expedición de 1857 del Cuerpo de Camellos del Ejército de los Estados Unidos, los animales recién importados transportan soldados y suministros. Foto: National Geographic/MPI
Ante el dilema logístico, el teniente George H. Crosman sugirió en 1836 una alternativa excéntrica: importar camellos y dromedarios árabes. Aunque el Departamento de Guerra desestimó la idea en un primer momento, el proyecto cobró vida años más tarde bajo el impulso del mayor Henry C. Wayne y del senador Jefferson Davis, quien al convertirse en Secretario de Guerra logró que el Congreso aprobara en 1855 una enmienda presupuestaria de 30.000 dólares (equivalentes a más de un millón de dólares actuales) para adquirir las bestias en el Mediterráneo.
La travesía atlántica y las contundentes pruebas de carga en Texas
A bordo del buque naval USS Supply, especialmente acondicionado con escotillas ampliadas y establos flotantes, las expediciones de adquisición recorrieron Túnez, Egipto y Grecia, contratando arrieros nativos y comprando ejemplares bactrianos y dromedarios. El barco desembarcó su primer cargamento de 34 camellos en Indianola, Texas, en mayo de 1856, seguido de un segundo envío que elevó la manada inicial a 70 animales con base operativa en Camp Verde.
Marineros y un pastor de camellos árabe cargan un camello bactriano a bordo del USS Supply durante una de las dos expediciones para conseguir camellos.
Para disipar el escepticismo de la tropa, el mayor Wayne organizó una prueba comparativa enviando carretas tiradas por seis mulas junto a seis camellos para transportar provisiones desde San Antonio. Las carretas tardaron cinco días en trasladar 816 kilos de avena; en contraste, los seis camellos cargaron 1.650 kilos y completaron el recorrido en solo dos días, consumiendo maleza espinosa del camino y soportando jornadas enteras sin probar gota de agua.
El trazado de rutas a California y el colapso de las pruebas de velocidad
En 1857, el gobierno ordenó a la expedición de reconocimiento del agrimensor Edward Fitzgerald Beale llevar 25 camellos para trazar un camino de carretas a lo largo del paralelo 35 desde Nuevo México hasta el río Colorado. A pesar de las protestas iniciales de Beale, los "barcos del desierto" demostraron una superioridad aplastante, transportando 317 kilos por animal, cruzando ríos a nado y salvando la vida de los exploradores al guiar al grupo desorientado hasta fuentes de agua.
Camp Verde, en Texas, sirvió como cuartel general del Cuerpo de Camellos del Ejército de los Estados Unidos. La tienda de comestibles y la oficina de correos locales aún rinden homenaje a esa historia. Foto: Laith Majali/National Geographic
Sin embargo, cuando los animales fueron trasladados al área de Los Ángeles en 1860 para probar su efectividad como servicio de mensajería urgente hacia Fort Mohave, la prueba resultó un desastre: forzados a correr a gran velocidad en lugar de mantener un paso constante de carga, varios camellos murieron de agotamiento. La prueba dejó en claro que su fortaleza radicaba en la resistencia pesada y no en la rapidez de un correo postal.
El estallido de la Guerra Civil y el triste destino de la manada militar
El estallido de la Guerra Civil estadounidense en 1861 sepultó definitivamente la iniciativa. Con la toma de Camp Verde por parte de las fuerzas confederadas y el abandono de los puestos de avanzada en California, los animales quedaron a la deriva en depósitos militares como el de Wilmington y Fort Tejon.
En Fort Davis, Texas, ahora un sitio histórico nacional, varios camellos participan en un evento que celebra el Cuerpo de Camellos del Ejército de los Estados Unidos. Foto: Luc Novovitch, Alamy
Al no haber recibido jamás un estatus formal dentro del Ejército, las autoridades consideraron insostenible el costo de alimentarlos. En 1864 y 1866, el gobierno remató los camellos supervivientes en subastas públicas a precios ridículos que oscilaron entre los 31 y 50 dólares por unidad. Muchos terminaron en circos ambulantes, como bestias de carga para mineros o privados en ranchos, mientras que otros fueron liberados al desierto, donde merodearon durante décadas como una visión extraña en las llanuras del Lejano Oeste.
El capítulo final del experimento se escribió en Los Ángeles con la historia de Topsy, una camella superviviente que integró el circo Ringling Brothers y participó en producciones cinematográficas de la época. Tras retirarse del espectáculo, Topsy vivió sus últimos años en el antiguo zoológico de Griffith Park, donde falleció en abril de 1934 a los 80 años de edad, cerrando así uno de los capítulos logísticos más atípicos en la historia de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
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