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Carlos Alfonsín, el DJ que lo vio todo: auge, caída y resurrección del vinilo

Carlos Alfonsín, el DJ que lo vio todo: auge, caída y resurrección del vinilo

Es uno de los pioneros de la música electrónica en Argentina. }Empezó su carrera hace 40 años y hoy, con 68, sigue pasando música y tiene disquería propia. ¿Por qué todos quieren s

“¿Sabías que mi profesión es una de las diez más buscadas del mundo?”, dice, una tarde de agosto, el DJ Carlos Alfonsín.

Cuarenta años atrás, cuando él comenzó, los DJ casi no existían. Tampoco la música electrónica: apenas temas de música disco, jazz, soul, que comenzaban a ser intervenidos con máquinas y se volvían más tecno, más house.

Él fue uno de los precursores de esos experimentos musicales. Ya en los años 90, se convirtió en un pionero de la música electrónica en Argentina.

De pronto, los boliches más emblemáticos de la época querían que pasara música para ellos: fue DJ residente de lugares como El Dorado y llegó a tocar en el festival de música electrónica Creamfields, el más famoso del mundo.

Hoy, con 68 años, además de ser convocado para pasar música en bares, clubs y ciclos de música electrónica tres veces a la semana, tiene el trabajo más codiciado: según una reciente encuesta titulada Trabajos soñados en todo el mundo: las carreras que más buscan las personas, confeccionada por Google a partir de los motores de búsqueda registrados en 185 países, ser DJ es el trabajo actual más soñado en el mundo.

“A partir de la cuarentena, el DJ se convirtió en alguien que se exhibe en streamings, que es una estrella y que lo siguen millones de personas. La música quedó en un segundo plano. Y además, hoy todo el mundo puede ser DJ porque las herramientas están a la mano. Agarrás la compu y un programa, hacés plin plin y tocas. Pero después viene ser un profesional de verdad, ser un curador de toda esa música, saber filtrar millones de cosas que te llegan todo el tiempo y saber lo que vos sos y querés transmitir”, dice Alfonsín.

“Cuando yo empecé, para poder pasar música había que hacer una inversión grande en vinilos. Era todo un sacrificio. Yo dejaba de comprarme ropa para comprarme mis discos”, recuerda, sentado en un sillón en su disquería de vinilos, ubicada en el corazón de Villa Crespo.

Vista desde afuera, la disquería "AZ Discos" es solo un PH en una esquina frente al Movistar Arena, con ventanas a la calle y un pequeño cartel que la identifica. Adentro hay bateas repletas de discos de todos los géneros: jazz, música brasilera, funk, soul, disco, hip hop, rock, pop y por supuesto, música electrónica: cid jazz, el downtempo, el house, el drum & bass, y el minimal techno. Alfonsín decidió abrir ese negocio cinco años atrás, apenas se levantó el confinamiento por la pandemia del coronavirus, junto a su colega Javier Zuker, otro de los DJ´s más emblemáticos de Argentina.

“Así como para alguien que le gusta la literatura tener el libro físico no es lo mismo que leerlo en la compu, el objeto del vinilo hoy es como un fetiche”, dice Alfonsín, que en todos sus años de experiencia vivió la aparición fuerte del vinilo, su caída abrupta hasta quedar casi en el olvido y ser desplazado por la música digital, y su recuperación y flamante boom. Ante todo ese ajetreo, él se mantuvo incólume: desde que comenzó a habitar su cabina de DJ, siempre pasó discos en vinilo. “Yo siempre usé el vinilo -explica- porque tiene una calidad en el sonido a la que no llega ningún otro soporte”.

Alfonsín: "La primera vez que pasé música fue a los 10 años, en una fiesta del colegio". Foto: Ariel Grinberg

Disco baby disco

Alfonsín no recuerda cuál fue el primer vinilo que sostuvo entre sus manos - “debe haber sido uno de Jacinta Pichimahuida, de Las Ardillitas o de Pinocho”-, pero sí el primero que se compró con sus ahorros cuando era apenas un niño: uno doble, del conjunto de folk rock australiano Bee Gees. La primera vez que pasó música fue a los diez años, en una fiesta del colegio: como sus padres fueron uno de los primeros matrimonios de la época que se separaron, durante su infancia Alfonsín concurrió a catorce colegios distintos. “Viví en San Pablo, Belo Horizonte, Oro Preto, Mar del Plata, Chascomús, La Plata, Buenos Aires. A nivel musical, con cada mudanza conocí música nueva. Empecé a escuchar Sex Pistols, The Cure. Y me fui convirtiendo en el que influenciaba a sus compañeros con la música que iba descubriendo”.

A medida que crecía, Carlos Alfonsín se iba dando cuenta de que no quería ser DJ. No porque no le gustara pasar música en fiestas, sino porque había una parte del asunto que aborrecía: el hecho de tener que someterse a pasar los temas de moda. Él odiaba tener que poner la música que todos querían bailar. “Cada DJ enfrenta situaciones diferentes según la música que pase. Yo estaba en otra, muy adelantada -dice-. No digo que soy futurista, pero siempre me mantuve muy actualizado de todas las cosas nuevas que surgen y me gustó abrir paso a nuevas bandas y géneros”.

Apenas terminó el colegio secundario, estudió un tiempo Comunicación Social y comenzó a trabajar, en paralelo, en el mundo del cine, en producción y dirección de arte. Además de su trabajo, como artista, comenzó a componer temas. Lideró bandas de música -formaciones con músicos como Daniel Melingo, con marcas como Guess, Lee y Route 66 como sponsors- hasta que de a poco, descubrió que sí quería ser un DJ, pero con una impronta más personal: que su misión en la cabina iba a ser mostrar música nueva "aunque nadie aún de los que estuvieran en la pista lo hubiese escuchado antes. Por ahí eso que yo estoy poniendo ahora, que no lo conocés, dentro de dos o tres años se va a hacer popular. Me pasó siempre con la música electrónica y también con otros géneros”, asegura. Y pone como ejemplo la música de Jarimoraqui: en 1991, él ya pasaba sus temas. Cuando lo ponía, la gente le preguntaba qué era esa música. Recién en 1997, el cantante tocó en Ferro y se hizo popular en Argentina. “Siempre tuve ese espíritu como de pionero".

Carlos Alfonsín sostiene el vinilo de Laurent Garnier "icónico" de la música electrónica. Foto: Ariel Grinberg

Hoy Alfonsín disfruta de pasar música tanto en un atardecer en la montaña como en un club a las cuatro de la mañana o durante una muestra de arte. “Cada situación es un poco diferente y uno va mentalizado a lo que va a pasar en su set. No es que en cualquier situación voy y pongo lo mismo. Si tuviera que poner música que a mí no me gusta, lo tomaría como un trabajo para ganar dinero pero por dentro estaría sufriendo”, dice. A los eventos en los que toca, Alfonsín lleva un bolso con una selección de cincuenta discos elegidos por él especialmente para la ocasión. Eso, sabe, le alcanza para pasar unas cinco horas de música. “Una vez, durante un año nuevo en San Luis, empecé a tocar a las 4 de la mañana y eran las 10 y media y yo seguía ahí, ya no sabía qué poner porque se me habían terminado las variantes con los discos. La fiesta se terminó por eso, pero podría haber seguido todo el día”.

A los 68 años, Alfonsín también tiene proyectos a futuro. “Tendría que cuidarme más, dejar de fumar y hacer ejercicio, dormir en horarios normales. Pero por lo que hago yo, eso es difícil. Estoy hiperactivo, haciendo mil cosas, pasando música todos los fines de semana”, dice. “Me quedan muchos streamings por hacer, tengo un montón de sets de música que quiero grabar para mi canal, me compré una luz, una cámara”, dice entusiasmado. “Si bien los noventa fueron mis etapas más especiales como DJ, yo diría que ahora estoy en mi mejor momento”.

El triunfo del sonido y otras razones detrás de un nuevo récord

En épocas donde el algoritmo ejerce casi una tiranía sobre los gustos, el regreso de los discos de vinilo no es pura nostalgia: es el triunfo del sonido. Este año, el álbum Kiss All The Time. Disco, Occasionally, de Harry Styles, lideró las ventas en formato vinilo con decenas de miles de copias desde su lanzamiento. Fue el mayor éxito de ventas en su primera semana para un álbum de vinilo de un artista británico en lo que va de siglo: vendió más de 75 mil copias desde su lanzamiento en marzo.

A fines del año pasado, se conoció que las ventas de discos de vinilo habían superado los mil millones de dólares solo en los Estados Unidos durante 2025, marcando un récord histórico por primera vez desde 1983. Ese año se vendieron cerca de 50 millones de vinilos. El álbum The Life of a Showgirl, de Taylor Swift, lideró el ranking con 1,6 millones de copias vendidas en vinilo. Fue el lanzamiento en vinilo más importante de la historia reciente y representó más del 3 por ciento del total de unidades vendidas durante el año.

Para todos los gustos. Los vinilos de fabricación nacional arrancan en los 40 mil pesos. Foto: archivo

En 2025, en segundo lugar detrás de Taylor Swift, se ubicó Man’s Best Friend, de Sabrina Carpenter, con 292 mil copias vendidas, seguido por GNX, del rapero estadounidense Kendrick Lamar, con 279 mil. Más atrás aparecieron lanzamientos como Hit Me Hard and Soft, de Billie Eilish y obras clásicas como Rumours, de Fleetwood Mac, y Thriller, de Michael Jackson. Y hubo otro dato llamativo en 2025: aproximadamente dos de cada cinco discos de vinilo se vendieron en tiendas independientes.

Detrás del boom del vinilo hay razones físicas -los vinilos están fabricados con cloruro de polivinilo, lo que los hace más durables, flexibles e inmunes al deterioro que provoca la reproducción repetida- y prácticas -las ondulaciones de los surcos del disco en contacto con un tocadiscos hacen que el sonido sea más cálido, rico y profundo en matices-.

En la historia de la caída y el nuevo auge del vinilo, Carlos Alfonsín señala un responsable: la marca Pioneer. “La marca que históricamente hacía las mejores bandejas tocadiscos para DJ´s era Technics. Pioneer fue la marca que empezó con la era de la música digital, y lo primero que hizo cuando surgió fue comprar Technics para que dejara de fabricar bandejas. Eliminó a la competencia, entonces el vinilo quedó como algo del pasado, obsoleto. Y los DJ´s y las nuevas generaciones crecieron con toda la publicidad de lo digital”. Durante mucho tiempo, dice Alfonsín, “a los que seguíamos poniendo música con vinilos nos veían como algo old school, como que usábamos herramientas obsoletas del pasado”, explica.

El vinilo volvió a estar en auge a partir de 2014. Ese año, la marca Pioneer, la misma que había sepultado al olvido las banderas para pasar vinilos, volvió a fabricarlas. La industria se dio cuenta de que valía la pena volver a las bases: comenzaron a reeditarse los discos de bandas como Pink Floyd, Led Zeppelin y de música clásica. “Mucha gente que tenía CD´s empezó a querer tener de nuevo su música en físico. La industria entendió que la música digital y los vinilos podían convivir. Y muchos DJ´s comenzaron a hacer convivir los dos formatos en sus bandejas. En los vinilos empezaron a notar que los graves sonaban mejor, que tenía mayor amplitud y profundidad en la escucha”.

Feria de vinilos en San Isidro. Foto: archivo

En ese momento, con su colega Javier Zuker comenzaron a pensar en la posibilidad de abrir la disquería especializada en vinilos. “Acá está toda la selección de música que a nosotros nos gusta. Se volvió un lugar lleno de joyas, como pocas disquerías del mundo. Recibimos visitas incluso de extranjeros, que vienen y se vuelve locos”, dice. “Y yo pasé de ser uno de los máximos referentes del vinilo”.

En AZ Discos el precio de los vinilos varían según el título, la edición y si son nacionales o importados. Están en un rango general que comienza en los 40 mil pesos si son de fabricación nacional. "No hay un precio estándar varía mucho según qué disco sea porque hay cosas que son más de colección originales de época en buen estado y pueden llegar a costar bastante y luego del mismo disco hay reediciones que son más económicas y hay también otras ediciones especiales limitadas en box con libros y varios discos, que son también cosas especiales para coleccionistas", dice Alfonsín. "Acá en Argentina tenemos el problema que importar discos a pesar de que estamos trayendo cultura las leyes de importación no contemplan al disco como a los libros, por ejemplo que no pagan IVA", agrega.

Un dato extra para los amantes de los vinilos es que también pueden visitar los fines de semana ferias y mercados de usados como la Feria de San Telmo o el Parque Centenario. Allí hay puestos con bateas llenas de vinilos usados a buenos precios.

Un lugar lleno de joyas. La disquería de Alfonsín. Foto: Ariel Grinberg

El top 3: los vinilos favoritos del DJ

GOTAN. Foto: archivo

“Este disco posicionó al tango en la música electrónica con mucha calidad. La banda está compuesta por tres músicos: un francés, un suizo y un argentino, Eduardo MaKaroff, que es muy amigo mío. Yo participé colaborando con sampleos de voces argentinas que ellos usaron en sus temas”.

AVEC SOUL. Foto: archivo

“Este fue el primer maxi que edité. Salió en el 93 con mi banda Avec Soul. Son temas que hice entre el 91 y el 92. El primero se editó con remixes de Jr. Vasquez, que era un productor y remezclador estadounidense de música house y dance, famoso por sus residencias en clubes icónicos de Nueva York. El tema estuvo en el primer puesto de los rankings”.

Emergency on the Planet Earth. Foto: archivo

“Conocí al cantante británico Jamiroquai a comienzos de los 90: casi que lo descubrí. Cuando lo ponía en mis sets, la gente se sorprendía. Recién a mediados de los 90 se hizo conocido en Argentina”.

El ritual de los lentos, Messi y Lionel Richie

Antes, en medio de la noche, en una fiesta o en un boliche, había un momento sagrado. La pista se vaciaba y tímidamente comenzaban a aparecer las parejas: era el momento de bailar los temas lentos. “Era un momento de mucha adrenalina -recuerda Carlos Alfonsín-. Estaban las chicas de un lado, los chicos del otro, de traje. A los varones nos tocaba sacar a bailar a las mujeres. Requería mucha valentía, no era fácil estar expuesto al rechazo. No eran las épocas de ahora. Incluso a las chicas les daba timidez”.

Para Alfonsín, el ritual de los lentos “no se perdió, porque en un set hoy se ponen temas de bandas como Massive Atack, Portishead, que tienen temas lentos, pero lo que ya no ocurre es esa situación como de salir a chapar, eso de bailar lento para conocer a alguien. Fue una época pasada, un momento romántico que se perdió. La gente ahora piensa de otra manera”.

De todos modos, el DJ no descarta que el ritual de los lentos vuelva a ponerse de moda. “Todo puede suceder, las modas vuelven. Supongo incluso que debe haber gente que sigue bailando lentos. Por ahí no son una tribu tan popular como antes, pero seguro existen”.

Alfonsín continúa: “Los lentos son casi como el tango, lo que pasa es que el tango se hizo más popular, hasta turístico, pero por ejemplo, el papá de Messi, le puso Lionel por la influencia de un tema lento”. Según comentó el padre de Lionel Messi en entrevistas, bautizaron a su hijo así en honor a Lionel Richie: un cantante estadounidense que compuso temas como “Hello”, Endless love” y “Say You, Say Me”, que son algunos de los máximos hits lentos de la historia. “Mirá lo que serán los temas lentos, que hasta influenciaron el futbol”.

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