11/09/2026 16:12
Eduardo Castex 15°
Titulares
Impacto Castex
NACIONALES

Por qué no creo que las redes sociales sean el problema de nuestros hijos

Por qué no creo que las redes sociales sean el problema de nuestros hijos

A los chicos no se los protege apagando pantallas.

El texto de hoy probablemente incomode. Lo sé. Asumo la crítica y el desacuerdo. Precisamente por eso lo escribo. Ojalá sirva para abrir conversación. No creo que el uso de redes sociales en menores de 16 años sea el problema central.

Lo sé: no es una opinión popular. Algunos dejarán aquí mismo de leer e irán a comentarme en contra. Pero mi intuición -y algo de experiencia- me dice que estamos mirando donde es más fácil, no donde duele de verdad.

Muchos jóvenes encuentran más refugio que daño en el móvil. No es una idea popular, lo sé. Hay padres agotados, sobrepasados, con la sensación permanente de haber perdido el control. En ese contexto, una propuesta como prohibir las redes parece una solución clara a un problema que se vive como inabordable dentro de casa.

Pero conviene separar dos planos que hoy se confunden: el uso del móvil por parte de los jóvenes y el poder de las grandes plataformas. No es lo mismo.

Cada generación ha tenido su enemigo. Los cómics. El rock. Los videojuegos. En mi adolescencia, desde Estados Unidos se decía que escuchar a Marilyn Manson o jugar demasiado a videojuegos te acercaba a convertirte en asesino. Pánico moral. Pánico a lo nuevo. Pánico al mundo que nace sin pedir permiso.

Chicos híper conectados.

Y sin embargo, los problemas de fondo siguen teniendo los mismos nombres desde hace décadas: pobreza, exclusión, estrés familiar, ansiedad, depresión. Un sistema cada vez más precario que erosiona la esperanza y empuja a muchos hacia conductas adictivas. Porque, aunque nos repitan que las redes causan depresión, no hay hasta ahora ningún estudio concluyente que demuestre una relación causal directa. Hay correlación en algunos grupos, sí, pero no una causalidad probada. Incluso estudios modernos determinan que el uso de redes influye poco en la salud mental de los chavales.

Quien busca refugio en un móvil ya se sentía solo antes.

Es más fácil culpar a lo visible -la pantalla, la app, el dispositivo- que analizar las dinámicas económicas y emocionales que están convirtiendo nuestra sociedad en un lugar cansado, tenso y sin horizonte. Pensar que apagar

TikTok va a resolver eso es como creer que gritar durante un incendio lo apaga.

En las redes hay de todo: lo mejor y lo peor. Para muchos chavales son también espacios donde conectar con otros que les entienden, donde sentirse escuchados, donde construir comunidad. No son paraísos. Pero tampoco son el origen del mal. La vida tampoco lo es.

Lo que realmente protege a un niño no es la ausencia de tecnología, sino la presencia de adultos. Más amor. Más tiempo. Más escucha. Más empatía. Más espíritu crítico alrededor. Eso es lo que crea resiliencia. El móvil no genera el vacío, lo llena cuando nadie más lo hace.

Podemos creer que prohibiendo redes desaparecerán la desigualdad, el precio imposible de la vivienda o el estrés con el que viven sus padres. No va a pasar.

Otra conversación distinta es el poder que acumulan los tecno-oligarcas. Ese es un debate serio, complejo y necesario. Pero cuidado con mezclarlo todo. Regular modelos de negocio no es lo mismo que tratar a los jóvenes como si fueran el problema. Y prohibir plataformas porque no nos gustan nos acerca más al control que al cuidado.

A los hijos no se les protege apagando pantallas.

Se les protege estando. Y para estar, las condiciones vitales de sus padres han de ser dignas.

Apagarles el móvil no los protege del mundo, solo los desconecta del suyo.

Comentarios

Debes iniciar sesion o registrarte con una cuenta de lector para comentar.

Todavia no hay comentarios aprobados.