Un dibujo recién terminado, una medalla deportiva o una buena nota pueden terminar rápidamente en la puerta de la heladera. Para muchos padres, exhibirlos es una manera sencilla de decirles a sus hijos que están orgullosos de ellos.
Pero la psicología plantea una pregunta más compleja: ¿qué interpreta el chico cuando los adultos destacan sus logros? Las investigaciones no demostraron que colocar un dibujo en la heladera tenga por sí mismo un efecto psicológico determinado. Sí encontraron que la forma de reconocer los resultados puede influir en cómo los chicos enfrentan posteriormente los desafíos.
El experimento que comparó inteligencia y esfuerzo
Uno de los trabajos más conocidos fue realizado por Claudia Mueller y Carol Dweck, entonces investigadoras de Columbia University.
Pero la psicología plantea una pregunta más compleja: ¿qué interpreta el chico cuando los adultos destacan sus logros?
En una serie de seis estudios, publicados en Journal of Personality and Social Psychology, analizaron qué ocurría cuando los chicos eran elogiados de distintas maneras después de realizar una tarea. A algunos se los reconocía por su inteligencia, con mensajes equivalentes a “sos muy inteligente”. Otros recibían elogios centrados en el esfuerzo que habían realizado.
Las diferencias se hicieron especialmente visibles cuando llegó un desafío más difícil.
.Las investigaciones no demostraron que colocar un dibujo en la heladera tenga por sí mismo un efecto psicológico determinado.
Qué ocurrió cuando los chicos se equivocaron
Después de experimentar un fracaso, los chicos elogiados previamente por su inteligencia mostraron menos persistencia, menor disfrute y peor desempeño posterior que aquellos reconocidos por su esfuerzo. También tendían a considerar la inteligencia como una característica más fija.
El resultado no significa que decirle a un hijo que es inteligente sea perjudicial cada vez que se hace. La investigación muestra algo más específico: poner continuamente el foco sobre una cualidad personal puede generar una reacción diferente frente al error que destacar el proceso utilizado para conseguir un resultado.
A través de los dibujos de los niños, los padres también celebran su propia alegría.
Un estudio que comenzó cuando tenían 14 meses
Otro equipo decidió salir del experimento controlado y observar qué ocurría dentro de las familias.
Elizabeth Gunderson, Sarah Gripshover, Carissa Romero, Carol Dweck, Susan Goldin-Meadow y Susan Levine estudiaron las interacciones cotidianas de 53 chicos con sus padres cuando tenían entre 14 y 38 meses.
Los investigadores registraron qué tipo de elogios utilizaban espontáneamente los adultos y años después volvieron a estudiar a esos mismos chicos. Quienes habían recibido proporcionalmente más reconocimiento centrado en acciones, estrategias y esfuerzo mostraban entre los 7 y 8 años una mayor tendencia a considerar que las capacidades podían desarrollarse.
Qué encontraron siete años después
El seguimiento continuó hasta aproximadamente cuarto grado.
Los investigadores encontraron que los elogios centrados en el proceso durante los primeros años estaban relacionados posteriormente con mejores resultados en matemática y comprensión lectora. Parte de esa asociación podía explicarse por las creencias de los chicos sobre la posibilidad de desarrollar sus capacidades.
Hay una precaución importante: se trató de un estudio observacional y con una muestra pequeña. Por eso, no permite afirmar que determinada manera de elogiar durante la primera infancia sea por sí sola la causa de un mejor desempeño escolar años después.
Qué mensaje puede acompañar a un dibujo en la heladera
Los resultados permiten volver a mirar aquella puerta llena de dibujos y medallas desde otra perspectiva.
No necesariamente importa si el trabajo termina exhibido. La diferencia puede estar en qué destacan los adultos cuando deciden colocarlo allí. “Qué inteligente sos” concentra la atención sobre una característica del chico. En cambio, hablar del tiempo que dedicó al dibujo, preguntarle cómo consiguió hacerlo o reconocer que siguió intentando después de equivocarse dirige la conversación hacia el proceso.
Esto tampoco significa convertir cada logro en una lección. El reconocimiento puede seguir siendo simplemente una expresión de alegría y afecto.
Lo que la ciencia no puede decir sobre la heladera
Hay investigaciones sobre cómo los chicos experimentan la exhibición de sus trabajos, pero la evidencia es mucho menor que la disponible sobre los distintos tipos de elogio.
Por eso, no puede afirmarse que poner una medalla o un dibujo en un lugar visible aumente automáticamente la autoestima, genere mayor seguridad o mejore el rendimiento académico.
La heladera puede ser apenas el escenario. Lo que las investigaciones sugieren que merece mayor atención es la conversación que ocurre frente a ella. Porque cuando un padre exhibe orgullosamente el trabajo de su hijo, puede reconocer algo más que el resultado final: el esfuerzo, las decisiones, los errores y todo el camino que permitió que ese dibujo llegara hasta allí.
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