Antes de un acontecimiento importante, algunas personas hacen exactamente lo contrario de lo que suelen recomendar los mensajes motivacionales. En vez de imaginar que todo saldrá perfecto, hacen una lista mental de problemas: qué pasa si se bloquean, si llegan tarde, si olvidan algo, si una pregunta los toma por sorpresa o si falla el plan previsto.
Ese mecanismo tiene un nombre dentro de la psicología: pesimismo defensivo. La psicóloga Julie Norem lleva décadas investigándolo y lo describe como una estrategia mediante la cual personas ansiosas establecen expectativas relativamente bajas y examinan posibles resultados negativos antes de enfrentarse a una situación.
No se trata de esperar que todo salga mal, sino de convertir una ansiedad difusa en escenarios concretos sobre los que se puede actuar.
Cuando “relájate” no es el mejor consejo
Wellesley College, donde Norem es profesora, incluye el pesimismo defensivo entre sus líneas de investigación. Un experimento revelador fue publicado en Personality and Social Psychology Bulletin. Los investigadores compararon a pesimistas defensivos con optimistas estratégicos y modificaron deliberadamente el modo en que debían imaginar una tarea futura.
Los pesimistas defensivos obtuvieron mejores resultados cuando pudieron imaginar problemas y cómo afrontarlos, es decir, cuando utilizaron una estrategia parecida a la que empleaban naturalmente.
Imaginar obstáculos antes de un examen, una presentación o un viaje puede parecer una manera innecesaria de torturarse. Foto: Shutterstock
En cambio, rindieron peor cuando se los llevó hacia una condición de relajación. Entre los optimistas estratégicos ocurrió el patrón contrario: la relajación encajaba mejor con su manera habitual de afrontar la tarea.
Ese resultado ayuda a explicar por qué decir “relájate, seguro va a salir todo bien” puede resultar frustrante para algunas personas. Quien utiliza el pesimismo defensivo no necesariamente está intentando contagiar negatividad. Puede estar transformando el miedo en preparación: si llueve, lleva paraguas; si teme olvidar una frase, prepara notas; si anticipa tráfico, sale antes.
Eso sí, la conclusión necesita un matiz importante. El estudio no demuestra que a toda persona ansiosa le perjudique relajarse ni que nadie deba ensayar catástrofes constantemente.
Ensayos popera Dementia en el Teatro Colón. Foto ilustrativa
Analizó una estrategia psicológica específica y mostró que interferir con ella podía perjudicar el rendimiento de quienes normalmente la utilizaban.
Tampoco es lo mismo pesimismo defensivo que preocupación crónica. El primero está orientado a una situación concreta y conduce a preparación. La preocupación descontrolada, en cambio, puede repetir escenarios negativos sin traducirlos en soluciones.
Por eso, pensar en lo que puede salir mal no siempre es un defecto que deba corregirse. Para algunas personas es el mecanismo que les permite llegar preparadas.
La diferencia está en lo que ocurre después de imaginar el problema: si conduce a una respuesta concreta, puede ser estrategia; si solo produce parálisis, es otra la cuestión.
Todavia no hay comentarios aprobados.