08/09/2026 06:39
Eduardo Castex
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Antonio Centeno, activista español que quedó tetrapléjico a los 13 años, defiende la asistencia sexual: “Es un derecho”

Antonio Centeno, activista español que quedó tetrapléjico a los 13 años, defiende la asistencia sexual: “Es un derecho”

Antonio Centeno quedó tetrapléjico a los 13 años tras un accidente. Es activista por los derechos de las personas con discapacidad y la promoción de la vida independiente. Garantiz

¿Cómo es la sexualidad de las personas con discapacidad? ¿Se habla lo suficiente de accesibilidad en este sentido? Más allá del diálogo o el debate: ¿qué medidas concretas se toman alrededor del tema?

A los 13 años, Antonio Centeno tuvo un accidente en una pileta que cambió su vida para siempre: una zambullida lo dejó tetrapléjico. Aquella situación lo convirtió mucho tiempo después en el hombre que es en la actualidad.

A los 54, son varias las definiciones que pueden hacerse de él. Centeno es licenciado en matemática, activista por los derechos de las personas con discapacidad y la promoción de la vida independiente, miembro del Foro de Vida Independiente y Diversidad de España y miembro fundador de la Oficina de Vida Independiente de Barcelona.

Además, participó en múltiples iniciativas artísticas vinculadas con la diversidad funcional y fue codirector del documental Yes, we fuck. Romper con la infantilización hacia este colectivo y garantizar el derecho al acceso sexual al propio cuerpo a través de la figura del asistente forman parte de su lucha.

“Hay un grupo amplio de personas con diversidad funcional que necesitamos apoyo para poder vivir el autoerotismo”

Desde hace décadas Antonio Centeno es un referente dentro del activismo por la vida independiente de las personas con discapacidad y por la accesibilidad de este grupo a una sexualidad plena. En ese marco, explica una y otra vez de qué se trata un asistente sexual: “No es alguien con quien tener prácticas sexuales, sino alguien que te permite tener prácticas sexuales contigo mismo o con otra persona que no sea el asistente”, resumió en diálogo con Clarín.

Un asistente sexual es un trabajador que da apoyo instrumental a una persona con diversidad funcional. Foto ilustración Adobe Stock.

Centeno se rebela ante la mirada infantilizadora y asexuada que muchas veces rodea a las personas con diversidad funcional. Por eso milita y trabaja desde diversos espacios para dar a conocer la función de la asistencia sexual: “Este apoyo para acceder al propio cuerpo es un derecho”, proclamó.

- ¿Qué es un asistente sexual?

- Un asistente sexual es un trabajador que da apoyo instrumental; es decir, no es una intervención terapéutica ni educativa, sino un apoyo de carácter instrumental a una persona con diversidad funcional.

Y no a cualquier persona con diversidad funcional, sino aquellas que tenemos como forma de autonomía hacer las cosas cotidianas con las manos de otra persona y nuestras propias decisiones. Entonces, ese apoyo permite el acceso sexual al propio cuerpo.

El asistente sexual no es alguien con quien tener prácticas sexuales, sino alguien que te permite tener prácticas sexuales contigo mismo o con otra persona que no sea el asistente.

- ¿Qué diferencia a un asistente sexual de un/a trabajador/a sexual?

- Un asistente sexual es un trabajador sexual. Si entendemos por trabajo sexual un intercambio libre de placer sexual a cambio de dinero, hay muchas formas de trabajo sexual. Todas tienen en común esta definición y luego cada una tiene su propio marco. No es lo mismo el masaje erótico que la pornografía, que la prostitución o que el strip.

Entonces, la asistencia sexual es diferente de los otros trabajos sexuales, igual que cada trabajo sexual es diferente de otro. En este caso, la línea no la pone la moral, sino la definición, lo que tiene que ver con esa forma de autonomía. Cuando decimos que las prácticas que se pueden dar en ese encuentro son el autoerotismo, es porque la forma de autonomía mayoritaria, la que tiene casi todo el mundo, es lo que cada cual hace con sus propias manos. En cambio, el erotismo, las prácticas sexuales con otras personas, esto no tiene que ver con la forma de autonomía. Por lo tanto, la asistencia sexual no entra en ese terreno.

Otra diferencia clave que tiene la asistencia sexual con otros trabajos sexuales es que es un derecho. Es un derecho porque entendemos que el acceso sexual al propio cuerpo es un derecho positivo. Es decir, en el mundo del derecho existen los derechos positivos y los negativos. Negativo quiere decir que no se te pueden prohibir de manera arbitraria. Por ejemplo, la sexualidad en general es un derecho negativo. Los poderes públicos no tienen la obligación de proporcionarte ni amantes, ni novios, ni amigos, ni trabajadores sexuales en general.

Antonio Centeno: "Siempre hemos situado a las personas con diversidad funcional como seres asexuados". Foto gentileza.

En cambio, la asistencia sexual, entendida como este apoyo para acceder al propio cuerpo, sí es un derecho positivo: para que tu cuerpo sea tuyo, que puedas conocer tu cuerpo para poder diferenciar situaciones de abuso de situaciones que no lo son, y también para que ese autoconocimiento sexual y esa vivencia del autoplacer te permitan luego relacionarte con otras personas en igualdad de condiciones. Eso constituye un derecho.

Hay trabajos en ese sentido, para estructurar la idea de la asistencia sexual como un derecho, ya sea por la vía de una actividad básica de la vida diaria o por la vía de ser un apoyo que permite materializar otros derechos fundamentales, como el libre desarrollo de la personalidad, la intimidad, etc.

- ¿Por qué es tan “polémica” o difícil su regulación?

- Hay varias razones para que haya polémica. La primera es el marco general. No tenemos resuelta la cuestión de los trabajos sexuales en general. Hay una división social importante entre quienes defienden que el trabajo sexual es efectivamente trabajo -que es posible que sea trabajo y, como en todos los trabajos, también hay situaciones de explotación y de abuso, y todo el mundo está en contra de eso, todo el mundo defiende que se combata la explotación y el abuso-, pero hay quien defiende que sí puede haber formas de trabajo sexual equiparables a otros trabajos, con un nivel de libertad para ejercerlo equiparable a otros trabajos.

Y a partir de ahí, reconociéndolo como trabajo, lo que se defiende es que se trate como al resto; es decir, que haya un marco normativo que defienda los derechos de las personas trabajadoras y que defienda también los derechos de las personas usuarias.

Luego hay otra posición que niega que pueda existir algo que se llame trabajo sexual, que siempre que hay un intercambio de placer sexual a cambio de dinero siempre es un acto violento y de explotación. Entonces, a partir de ahí lo que defienden es prohibir ese tipo de intercambios y perseguirlos punitivamente. Como eso no lo tenemos bien resuelto, la asistencia sexual, que es una forma de trabajo sexual, tiene un marco difícil en el que poder discutirse.

Luego hay otras cuestiones, como el hecho de que siempre hemos situado a las personas con diversidad funcional como seres asexuados. ¿Por qué? Porque eso tiene que ver con que el sistema necesita infantilizarnos para justificar que seamos como niños, es decir, que estemos a cargo de las familias. Y muy mayoritariamente a cargo de las mujeres de la familia.

"Reconocernos como seres sexuales, que tienen deseo y que son potencialmente deseables supondría romper con ese esquema infantilizador", dijo Centeno. Foto ilustración Adobe Stock.

Reconocernos como seres sexuales, como seres que tienen deseo y que son potencialmente deseables supondría romper con ese esquema infantilizador y hacer más difícil sostener el sistema general que tenemos, que es de estar a cargo de las familias como niños o encerrados en instituciones.

Hay un marco cultural que nos sitúa en ese terreno de la sexualidad porque ayuda a justificar que vivamos como niños. Y hay otro marco general que también hace que sea difícil, y es que la cuestión de la sexualidad tampoco la tenemos bien resuelta. No es que los 'normales' tengan una sexualidad estupenda, maravillosa, en la que todo funciona bien y los raros tenemos muchos problemas.

Tenemos un panorama muy difícil donde las cuestiones de consentimiento, de violencia y de desigualdad de género son muy bestiales. Y no solo son muy bestiales, sino que en muchos sentidos han ido empeorando en los últimos años. Nos cuesta hablar de sexualidad en general, no hay una educación sexual al mismo nivel que otro tipo de ámbitos; tenemos un marco sobre la sexualidad que hace difícil poder hablar de ello.

- ¿Quiénes asumen este trabajo como asistentes? ¿Poseen algún tipo de preparación formal?

- Lo habitual es que las personas que se interesan por trabajar con asistentes sexuales vengan del ámbito de los cuidados: ya acostumbrados a convivir con personas con diversidad funcional, desde el lado de lo profesional o de lo familiar, conocen bien las necesidades de muchas de estas personas. Repito, no de todas, hay muchas personas con diversidad funcional que tienen plena autonomía para acceder a su propio cuerpo; por lo tanto, pueden resolver el autoerotismo como cualquier otra persona.

Pero hay un grupo amplio de personas con diversidad funcional que necesitamos ese apoyo para poder vivir el autoerotismo. La gente que se dedica al ámbito de los cuidados conoce esto y, algunos, desde ese compromiso, se interesan por poder dar apoyo como asistente sexual.

También hay gente que se acerca desde el mundo de los trabajos sexuales, desde ese enfoque de conocer la importancia o los beneficios de poder vivir y pensarse como ser sexual y poder vivir el autoplacer. Hay gente del mundo de los trabajos sexuales, que hace masajes eróticos o prostitución y también se interesa por poder ampliar el marco en el que trabaja y dar apoyos como asistentes sexuales.

Hay mucha gente que entiende la importancia de la sexualidad desde el punto de vista de una solidaridad ideológica: no solo como la cuestión material del placer, sino también por cómo esto nos sitúa en un lugar o en otro en el imaginario colectivo.

No hay una formación concreta establecida y, seguramente tampoco debe haberla, en el sentido de que nadie aprende a masturbarse con un cursillo. Cualquier persona aprende este tipo de cosas -cómo es su cuerpo, lo que le gusta y lo que no- probando, experimentando y conociéndose. Y las personas con diversidad funcional deberíamos poder hacerlo de la misma manera. Es decir, que quien tiene el conocimiento sobre lo que hay que hacer con nuestros cuerpos somos nosotros mismos.

Y la persona que trabaja como asistente sexual lo que tiene que saber hacer es escuchar, empatizar y apoyar. A partir de ahí, muchas veces el tener una formación previa genera más problemas que soluciones. Porque cuando alguien te dice lo que tienes que hacer, ya difícilmente vas a poder desarrollarte en el ámbito de la sexualidad, donde la libertad personal es absolutamente indispensable.

Lo que defendemos es que la formación no sea un requisito previo para poder ejercer como asistente sexual, sino que se sitúe en el terreno de los derechos, que sea un derecho de la persona trabajadora a formarse en aquello que piense que le puede ayudar en su trabajo y que sea un derecho de la persona usuaria a buscar asistentes con la formación que piense que le puede ir bien para su situación y sus condiciones.

Antonio Centeno: "Lo que defendemos es que la formación no sea un requisito previo para poder ejercer como asistente sexual". Foto ilustración Shutterstock.

Hay muy buena intención en la formación, pero no es así. Al final, para que el vínculo funcione correctamente, la clave es que esté bien repartida la responsabilidad y que se equilibre el juego de poder. Hablamos de personas con una alta vulnerabilidad a la dependencia física. Por lo tanto, eso se compensa con el hecho de que se haga responsable de su propio cuerpo, que se haga responsable del vínculo y que decida con quién, cuándo y cómo (y también cuándo no). Ese equilibrio de responsabilidades es lo que permite que el vínculo funcione bien.

- ¿Cómo cree que se encuentra actualmente el derecho al placer? ¿En qué grupos o sectores se respeta, y en cuáles no?

- Como explicaba antes, el derecho al placer se situaría en el terreno de los derechos negativos. Es decir, nadie te puede prohibir el placer de manera arbitraria, pero tampoco es un derecho positivo en el sentido que el Estado tenga que garantizarte placer. Otra cosa es la asistencia sexual, que en concreto exige un apoyo para poder materializar el acceso a tu propio cuerpo.

¿Eso implica también poder vivir el autoplacer? Sí, pero no porque el placer en general sea un derecho positivo. Yo creo que el placer, el deseo en general, es un terreno en el cual la mejor herramienta para acercarse no es el derecho. Tenemos que interesarnos de una manera más compleja, porque el derecho es una cosa muy rígida.

El derecho, como derecho negativo, está bien, nos da un marco de protección. Pero luego, como derecho positivo, el placer no me parece el mejor abordaje. Sí, apoyos concretos. Por ejemplo: hay otro tipo de apoyos que hacen posible la sexualidad que sí constituyen un derecho positivo, que sí constituyen una obligación para los poderes públicos.

Por ejemplo, la educación sexual, la reconstrucción de mamas, la reproducción asistida y mil cosas que la salud pública garantiza. No porque el placer sea un derecho, sino porque esos elementos que hacen posible la vivencia de la sexualidad sí lo son. Y en ese terreno es en el que encaja la asistencia sexual: como acceso al propio cuerpo.

- ¿Por qué cree que muchas veces se niega a las personas con diversidad funcional y/o adultos mayores como seres sexuales?

- Hay poco conocimiento sobre la figura de la asistencia sexual. Hay desconocimiento porque hay poca información (y la poca que hay es confusa y, a veces, contradictoria). Necesitamos generar más discurso, más elementos culturales, desde el cine, las series, la música, las canciones, el teatro. Desde todos los ámbitos culturales ir construyendo un discurso de la diversidad funcional en general, pero también en particular sobre esta figura de la asistencia sexual, que se vaya conociendo.

"Hay poco conocimiento sobre la figura de la asistencia sexual", reconoció Antonio Centeno. Foto ilustración Adobe Stock.

Y desde dentro del propio colectivo es desconocido porque todo el mundo intenta mantener el statu quo de esa situación de infantilización generalizada de la que hablaba al principio. Tanto desde las familias como desde los profesionales, la actitud mayoritaria es mantener a las personas en esa situación infantilizada y abordar la sexualidad únicamente como fuente de problema, nunca como solución, nunca como algo que aporte a mejorar la vida de las personas.

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