La lógica del régimen de incentivo a las inversiones RIGI, y su versión con anabólicos Súper RIGI -que se debate ahora en el Congreso- es bastante simple: vos traeme inversiones y yo te voy a dar una serie de beneficios -impositivos, aduaneros, cambiarios, financieros y de seguridad jurídica- que nunca en tu vida te hubieras imaginado.
Podrá debatirse si esto beneficia o no al país, cuánto empleo genera o si crea crecimiento genuino, pero tiene una lógica fácil de entender: si el Estado considera que determinado objetivo es prioritario, ofrece incentivos extraordinarios para alcanzarlo.
El proyecto de Súper RIGI se debate ahora en el Senado. Foto: Juan Carlos Cardenas / Comunicacion -
Ahora, ¿por qué no aplicar la misma lógica a la educación? ¿Por qué no pensar en un Súper RIGI educativo que premie a las provincias, municipios y escuelas que logren mejoras concretas en los aprendizajes?
Será cuestión de generar indicadores de resultados educativos y metas de mejora precisas y consensuadas que escuelas, municipios y gobiernos provinciales deberán cumplir.
Por ejemplo: que más alumnos terminen la primaria sabiendo leer y comprender un texto adecuado para su edad; que disminuya el abandono en la secundaria; o que mejoren determinados aprendizajes básicos.
Para el beneficio no hay que pensar en emitir ni sacar plata de galera de un mago inflacionario. Podría crearse un fondo específico o establecer que una parte de los recursos nacionales destinados a educación se distribuya de acuerdo con el cumplimiento de esas metas. Quien más mejora, más recursos recibe.
¿Parece disparatado? No tanto. En Brasil, acá nomás, vienen avanzando con una lógica similar.
Todo nació en Ceará, un estado pobre del nordeste, que consiguió resultados educativos sorprendentes. Una de las claves fue introducir incentivos económicos para que los municipios mejoraran el aprendizaje de sus alumnos.
Escuelas de la Ciudad de Sobral, en el estado de Ceará al nordeste de Brasil, que tienen los mejores indicadores educativos.
La experiencia de Ceará inspiró luego políticas a escala nacional. Brasil incorporó incentivos educativos dentro de su federalismo fiscal y, en el marco de sus políticas de alfabetización, comenzó a medir cuántos chicos logran alfabetizarse en el segundo grado de la primaria. Así, vienen mejorando: hoy el 66% de los chicos de 7 años pueden leer y escribir un texto adecuado a su edad.
En la Argentina discutimos bastante cuánto invertir en educación, pero poco qué resultados esperamos conseguir con esos recursos, cómo medirlos y qué incentivos tienen las provincias y las escuelas para alcanzarlos.
Si el Súper RIGI no avanza en el Congreso, vaya entonces esta otra propuesta: un Súper RIGI de la educación. Porque atraer capital puede generar algún crecimiento, pero lograr que todos los alumnos aprendan es una de las condiciones para asegurarlo y sostenerlo.
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