Durante la pandemia la mayoría de las personas comenzaron a buscar nuevas alternativas para ocupar su tiempo en casa. Cocina, deportes, arte, todo era una opción para mantener la cabeza ocupada. Así pasó también con los niños y jóvenes, y un ejemplo es Benjamin Choi, de 17 años, quien diseñó una prótesis de brazo que no requiere de ninguna intervención quirúrgica.
En tercer grado, el chico vio un documental de "60 Minutes" sobre una prótesis controlada con la mente, donde los investigadores colocaban pequeños sensores en la corteza cerebral de una paciente que movía un brazo robótico con sus pensamientos.
"Me quedé realmente asombrado en aquel momento, porque esta tecnología era impresionante", explica. Y agrega: "Pero también me alarmó que requiera una cirugía cerebral abierta tan arriesgada. Y son tan inaccesibles, con un costo de cientos de miles de dólares".
Algunos años después, cuando llegó el confinamiento, el estudiante de Virginia se encontró con una gran cantidad de tiempo libre y el laboratorio donde planeaba pasar su verano explorando.
Cómo fue el diseño de la prótesis de brazo
Choi tenía en la cabeza todavía el documental que había visto algunos años atrás y decidió dedicar su tiempo a construir una prótesis.
Benjamin Choi diseñó una prótesis de brazo con una impresora 3D de 75 dólares.
Sobre una mesa de ping pong de su sótano improvisó un laboratorio para diseñar la primera versión de un brazo robótico con la impresora 3D de su hermana de 75 dólares y algunos trozos de hilo para pescar.
La impresora no podía hacer piezas de más de 12 centímetros por lo que el trabajo se tornó un poco más complicado. Benjamin debía imprimir las piezas y luego unirlas con tornillos y gomas de plástico, en total tardó 30 horas, solo para la versión con datos de ondas cerebrales y gestos de cabeza.
Decidido a que el mundo conociera su invento, Choi publicó las instrucciones para que cualquier pudiera construir su propia prótesis.
El joven tenía experiencia en la construcción de robots y en programación, incluso con participación de campeonatos mundiales. Ya en noveno grado, aprendió por sus propios medios lenguajes de programación con videos en sitios web para aficionados en el rubro.
Los intentos hasta llegar al modelo final del brazo robótico
Luego de más de 75 iteraciones este brazo robótico sin necesidad de intervención quirúrgica, se puede fabricar con materiales industriales y tiene la capacidad de levantar hasta 4 toneladas. El invento funciona con un algoritmo controlado por inteligencia artificial que interpreta de las ondas cerebrales del usuario.
En el mercado normal esta prótesis puede llegar a costar hasta 7000 dólares: en 2015, la prótesis de brazo completa con 26 articulaciones y capacidad para flexionarse hasta 20 kg costaba aproximadamente 500.000 dólares aunque a la vez, se requería de una cirugía para redirigir a los nervios.
El brazo que diseñó Choi, en cambio, utiliza electroencefalografía (EEG) para evitar las técnicas invasivas de otras prótesis. Los dispositivos registran la actividad del cerebro con sensores en la cabeza.
El sistema de este joven funciona mediante dos electrodos: un sensor de referencia sujeto al lóbulo de la oreja y otro en la frente que recolecta los datos de (EEG) y los envía a un microchip mediante Bluetooth.
Tiene integrado allí también un modelo de IA que descifra los datos y lo convierte en una predicción de lo que está sucede en el cerebro. En paralelo, tiene la capacidad de moverse con gestos de la cabeza y detenerse con parpadeos intencionados.
Los grandes logros para Choi luego de el brazo robótico
Luego de la pandemia, en 2021, Choi obtuvo financiación del Instituto Tecnológico de Massachusetts para su investigación y trabajar con expertos de la universidad. Durante unos seis meses, experimentó con la computación en la nube para lograr que el brazo robótico fuera compatible con internet.
Los éxitos siempre estuvieron presentes en la vida de Benjamin: en 2023 realizó investigaciones sobre aprendizaje automático en el Laboratorio de física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins. De agosto a diciembre de 2024 trabajó para la NASA y actualmente trabaja como investigador de IA en el el Instituto Kempner de la Universidad de Harvard.
Desde que tiene 6, su otra gran pasión es tocar el violín.
Choi está próximo a graduarse con una licenciatura en matemáticas aplicadas y en simultaneo una maestría en ciencias de la computación. Más allá del mundo de la ciencia, desde que tiene 6 es violín fue renombrado en varios concursos
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