07/09/2026 06:03
Eduardo Castex
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Impacto Castex
NACIONALES

Son terapeutas de pareja, se enamoraron cuando ella era alumna de él y cada uno vivía en una punta del mundo: cómo pusieron a prueba su amor y armaron una familia ensamblada "de golpe"

Son terapeutas de pareja, se enamoraron cuando ella era alumna de él y cada uno vivía en una punta del mundo: cómo pusieron a prueba su amor y armaron una familia ensamblada "de golpe"

Sam Jinich vivía en San Francisco y Natalia Gilabert, en Buenos Aires. Se conocieron en un curso, apostaron por una relación a distancia y los sorprendió la pandemia. "Uno sabe dón

Marzo de 2020, las fronteras acababan de cerrarse. Sam Jinich (hoy, 63) había llegado a Buenos Aires para visitar a Natalia Gilabert (hoy, 49), con quien había arrancado una relación a distancia hacía unos meses. Ella vivía con sus hijos chiquitos, y él iba a conocerlos y quedarse en su casa por unos días. Los días se hicieron semanas. A Sam le ofrecieron subir a uno de los últimos vuelos hacia Estados Unidos, donde lo esperaban su hija (que estudiaba medicina en la universidad), su consultorio y toda la vida que había construido durante décadas en San Francisco. En Buenos Aires quedaba ella, quien había sido su alumna y con quien se había animado a vivir un amor a pesar de la distancia, y los dos niños que acababa de conocer.

“¿Me voy o me quedo?”, pensó. “Fue un momento increíble en mi vida en el que me pareció que finalmente me tocaba participar en la película más romántica de Hollywood. Y decidí no irme, me quedé. Ese fue para mí un momento muy importante, porque es una toma de decisión de la cual no te puedes hacer para atrás; te puedes arrepentir, pero no puedes hacer nada al respecto. Es como estar en la reja a punto de subir al avión, regresar y abrazar a tu pareja”.

Ambos psicólogos, se conocieron en 2015 en el marco de un curso de formación para profesionales sobre un tipo de terapia de pareja, la Terapia Focalizada en las Emociones (TFE) desarrollada por la doctora Sue Johnson (quien falleció en 2024; aquí una de sus últimas entrevistas, que concedió a Clarín).

“Fue un momento increíble en mi vida en el que me pareció que finalmente me tocaba participar en la película más romántica de Hollywood. Y decidí no irme", cuenta Sam. Foto: gentileza.

Sue le pidió a Sam, su amigo, que tradujera su modelo al español y lo llevara a países hispanohablantes. De origen mexicano, Sam arrancó por su país natal y luego organizó un curso en Argentina.

“Natalia era la que siempre levantaba la mano y quería practicar; desde que era alumna mostró muchísimo entusiasmo y habilidades”, cuenta Jinich a Clarín. “Después yo me fui, seguí sembrando otros países y nos empezamos a ver a nivel profesional en diferentes ciudades de España y Panamá. Ahí surgió la semillita de querer abrir una relación personal”.

Ambos psicólogos, se conocieron en 2015 en el marco de un curso de formación para profesionales. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

“Uno sabe dónde las cosas empiezan, pero no dónde terminan”

Corría el año 2019 y se animaron a dar el paso: “Nos dimos cuenta de que queríamos estar juntos, pero la complicación más difícil era cómo lo vamos a hacer si vivimos tan lejos… Casi no se puede vivir más lejos que de San Francisco, California, a Buenos Aires. Fue muy difícil”, dice Sam.

Empezaron una relación a distancia: “Sabíamos que no podía durar mucho, yo tenía hijos chicos y para Sam venir a Argentina era empezar de cero”, narra Natalia, sobre los tiempos previos a que las videollamadas sean moneda corriente y las psicoterapias se vuelquen en gran medida a esa modalidad. “Profesionalmente era imposible”.

Empezaron una relación a distancia: “Sabíamos que no podía durar mucho, yo tenía hijos chicos y para Sam venir a Argentina era empezar de cero”. Foto: gentileza.

Pero Natalia “tenía una convicción delirante (que no sé ni de dónde la había sacado), porque yo le decía ‘uno sabe dónde las cosas empiezan, pero nunca sabe dónde terminan’. Nunca me imaginé una pandemia en el medio”.

Así que lo invitó a su casa en Buenos Aires, para verse y conocer a sus hijos, Francisco y Alma, que tenían 8 y 11, respectivamente.

“Los chicos inmediatamente entendieron que ese señor que acababa de llegar era muy importante para mamá y lo amaron instantáneamente. Los chicos perciben lo importante que es que un adulto tenga otro adulto en quien apoyarse en momentos difíciles de la vida. Creo que hasta los tranquilizó”.

No fue fácil, porque el viaje derivó en una primera convivencia acelerada que nadie había previsto: “La decidió el mundo: todos encerrados en una casa”. En ese momento surgió la opción de volver a Estados Unidos y la decisión de “final de película romántica” de quedarse en suelo porteño: “Pero por una buena razón ahí terminan todas las películas: ¡no es tan Hollywood estar conociéndonos encerrados! Sentía que en cualquier momento se iba”, rememora Natalia.

“Por una buena razón ahí terminan todas las películas: ¡no es tan Hollywood estar conociéndonos encerrados! Sentía que en cualquier momento se iba”, recuerda Natalia. Foto: gentileza.

Construir una familia en ocho meses

Sam había llegado con una valija de mano que trajo sin siquiera despachar equipaje, y terminaron conviviendo los cuatro durante ocho meses. “Hicimos una familia”, resume.

A la semana de que empezó la pandemia ya estaban trabajando: “Nunca me imaginé que se podía hacer un buen trabajo clínico por medio de una computadora. Jamás lo había hecho”, cuenta Sam.

Vivían entre San Francisco y Buenos Aires. La distancia parecía el mayor obstáculo, hasta que una convivencia inesperada puso a prueba la relación. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

La rutina combinaba sesiones con pacientes y juegos con los chicos: “Fue una cosa muy completa, tuvimos de todo; fue increíble y muy emocionante. Nos hacían obras de teatro, nos hacían de cenar, jugábamos mucho y tuvimos unos momentos muy lindos, pero también momentos difíciles, porque yo no había tenido niños chiquitos desde hacía muchos años y estaba lejos de mi familia, de mi comunidad y de todo lo que entendía y conocía. Argentina es una cultura muy diferente”.

Sue Johnson, la psicóloga canadiense que desarrolló el modelo con el que ambos trabajan, mantuvo conversaciones con ellos durante la pandemia. “Ella creía en el amor y lo detectaba. También sabía lo importante que es poder contar con alguien en tu vida que tranquiliza tu sistema nervioso”, recuerda Sam. “Cuando yo le decía que era muy complicado, ella me respondía: ‘Eso se acomoda. Lo que no es fácil encontrar es ese tipo de amor y de conexión; cuando se encuentra, hay que aferrarse a eso’”.

“Cuando yo le decía a Sue que era (un amor) muy complicado, me decía que lo que difícil es encontrar ese tipo de amor y de conexión; cuando se encuentra, hay que aferrarse a eso’”. Foto: gentileza.

En octubre de 2020 Sam tuvo que volver a San Francisco, ya que los dueños del edificio donde funcionaba su consultorio y del departamento donde vivía le avisaron que iban a vender las propiedades y tenía que vaciarlos. “Había dejado mi consultorio con la computadora abierta, el cuaderno, el lápiz… Regresé ocho meses después y estaba exactamente igual”, recuerda.

En ese momento, la sensación de “comedia romántica” había quedado lejos: “Después de ocho meses de convivencia, ya éramos una familia. Habían crecido raíces profundas entre nosotros, y queríamos estar juntos. Pero no sabíamos cuándo nos íbamos a volver a ver”, dice.

Fueron meses de incertidumbre. Incluso participaron de movimientos internacionales que reclamaban visas humanitarias o excepciones migratorias para familias o parejas separadas por las restricciones sanitarias. Cuando creían que podía llegar su turno, se cerró esa posibilidad.

Se involucraron en el movimiento Love is not tourism, creado por parejas separadas por el cierre de fronteras durante la pandemia de COVID-19. Foto: gentileza.

Fue en enero de 2021 que tuvieron la oportunidad de alquilar una casa en Costa Rica, y vivieron allí de nuevo los cuatro durante un mes. Él viajó a Estados Unidos para darse las vacunas del COVID y en febrero volaron todos juntos a Buenos Aires para arrancar, esta vez sí, una convivencia planificada.

El amor en primera persona (o cómo poner a prueba sus propias teorías)

La experiencia los obligó a poner a prueba muchas de las ideas que enseñaban a otros profesionales. Ambos se dedican a la terapia de pareja, y a la formación de terapeutas: en este tiempo, Natalia se convirtió (como ya lo era Sam) en entrenadora del modelo TFE y juntos empezaron a llevar esta teoría también a nuevos países, además de atender pacientes.

¿Cómo afrontar los problemas de pareja teniendo toda la teoría encima? “Las dinámicas negativas también son parte de nuestra vida. Nos pasan las mismas cosas que a nuestros pacientes”, reconoce Natalia (@nataliagilabert.tfe). Si bien el conocimiento no los protege de los conflictos, sí les da una perspectiva para mirar distinto, darse un tiempo y, sobre todo, darse la oportunidad de escuchar verdaderamente al otro, comprender los silencios y eso que está por detrás del enojo (que a veces es tristeza o dolor).

Natalia Gilabert dirige TFE Argentina y forma terapeutas especializados en vínculos de pareja. “Soy una convencida del amor”, asegura. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Describe Sam: “Cuando estamos enojados, estamos en un bucle en el que nadie está poniendo atención a lo que estamos diciendo, cada uno está defendiendo su lado. Pero de repente llega un momento donde algo sucede (no sé si es porque ya no me llegó más oxígeno al cerebro, pero algo pasa) y me digo ‘escucha más, deja entrar el mensaje’. Y ahí empieza a cambiar, porque me viene todo lo que ya sé acerca del amor, acerca de la teoría del apego. ‘Algo más está sucediendo además de que me odia en este momento: está triste, herí sus sentimientos, me está tratando de decir algo’. Empiezo a oírlo de otra manera, y me puedo abrir más”.

“Las dinámicas negativas también son parte de nuestra vida. Nos pasan las mismas cosas que a nuestros pacientes”, reconoce Natalia. Foto: gentileza.

La autorrevelación, la llave emocional

Después de años de escuchar historias de amor, reencuentros y separaciones, aseguran que las parejas que se sostienen en el tiempo son aquellas que se animan a mostrar algo nuevo de sí mismas.

“Lo importante no es no entrar en conflicto, nunca distanciarte o tener malos entendidos (porque eso es parte normal de la vida de las parejas), sino la posibilidad de pensarte a vos mismo y tomar un riesgo emocional, de autorrevelarte”, dice Natalia. “No se trata de contarte de cero quién soy, sino contarte de cero qué me está pasando en este momento. Cada uno de los conflictos te puede servir para crecer, en la medida en que puedas ir con el corazón en la mano y mostrarte (a veces esas cosas son las más difíciles de mostrar)”, explica.

¿Cómo aplican la teoría en su propia relación? “Nos peleamos igual -o peor, a veces- que nuestros pacientes, pero tenemos esta convicción de que el único camino es ir con el corazón en la mano y dejar entrar lo que te está diciendo la pareja”, señala Sam (@dr.samjinich).

Discípulo y amigo de Sue Johnson, Sam Jinich dedica su carrera a ayudar a otras parejas a reconstruir la conexión emocional. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

En ocasiones llevan su propia experiencia al aula y “cuando estamos dando clases, hablamos un poquito de nuestra relación. Es una gran oportunidad el hecho de ser maestro con la persona con quien tienes estas mismas experiencias de las cuales estamos explicando, enseñando y dando ejemplos, de otros casos y también de nosotros, porque lo vivimos todos los días”.

“Es muy conmovedor ser terapeuta de pareja, vivir en pareja y trabajar en esto juntos”, dice Natalia. Y cierra: “Soy una convencida del amor, porque lo veo desplegado ante mis ojos en cada sesión, cuando veo otras personas tratando de quererse mejor; y también con mi familia, o cuando me encuentro -y reparamos los desencuentros- con Sami. Tengo el privilegio de tener una vida atravesada por el amor todas las horas de mi vida”.

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