05/09/2026 06:39
Eduardo Castex
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Un manantial estaba perdiendo fuerza en una finca cafetalera hasta que un agricultor plantó 1.332 plántulas de 43 especies; tres años después, el agua resistió la sequía e incluso ayudó a los vecinos

Un manantial estaba perdiendo fuerza en una finca cafetalera hasta que un agricultor plantó 1.332 plántulas de 43 especies; tres años después, el agua resistió la sequía e incluso ayudó a los vecinos

Puso ejemplares de 43 especies nativas y, tres años después, la fuente de agua se había estabilizado y continuaba activa aun durante una fuerte sequía.

En 2009, Jair Ferreira Ataíde notó que algo estaba cambiando en su propiedad rural de Jaguaré, en el norte de Espírito Santo, Brasil. Un manantial que durante años había formado parte del paisaje comenzó a perder fuerza y la cantidad de agua que brotaba del terreno disminuyó.

El productor, que tenía una finca de aproximadamente 67 hectáreas dedicada principalmente al café, conocía el lugar desde hacía décadas. Ferreira Ataíde también recordaba que anteriormente había más árboles alrededor de la zona donde se encontraba la fuente de agua.

La situación no era solamente un problema ambiental. En una región donde el cultivo de café conilon depende de la disponibilidad de agua, el debilitamiento de un manantial podía convertirse también en un riesgo para la actividad agrícola. Fue entonces cuando Jair se sumó a un proyecto de recuperación ambiental que le permitió recibir plantas nativas y asistencia técnica para recuperar el área.

Plantaron 1.332 árboles de 43 especies

El trabajo comenzó con la recuperación de la vegetación cercana al manantial. En la propiedad fueron plantadas exactamente 1.332 plantas pertenecientes a 43 especies nativas de la Mata Atlántica.

El objetivo de estas medidas no solo era recuperar la cobertura vegetal, sino también mejorar las condiciones del suelo y proteger el área donde surgía el agua.

El proyecto no consistió simplemente en plantar los árboles y abandonar el lugar. Durante aproximadamente tres años hubo seguimiento y cuidados para favorecer el desarrollo de las plantas.

Un manantial que durante años había formado parte del paisaje comenzó a perder fuerza y la cantidad de agua que brotaba del terreno disminuyó. (Foto: Gentileza Click Petroleo e Gas)

La recuperación de la vegetación podía ayudar a reducir la degradación del suelo y generar mejores condiciones para la infiltración y conservación de la humedad.

Entre las especies utilizadas había árboles con diferentes ritmos de crecimiento y funciones dentro del ecosistema. Con el tiempo, el jacarandá se convirtió en una de las especies más representativas de la transformación de la propiedad.

Tres años después, el manantial se estabilizó

El cambio no fue inmediato. Según el relato sobre la experiencia de Jair, después de unos tres años de recuperación de la vegetación y del suelo, el manantial comenzó a presentar un comportamiento más estable.

La fuente de agua que había empezado a perder fuerza volvió a mantenerse activa. El resultado adquirió todavía más importancia cuando llegó una fuerte sequía a la región.

Mientras otras propiedades cercanas enfrentaban dificultades para conseguir agua, el manantial de Jair continuó funcionando. La disponibilidad llegó incluso a permitir que el productor ayudara a algunos de sus vecinos durante el período de mayor escasez.

Una finca donde el agua también es parte de la producción

Para Jair, conservar el manantial tenía una importancia que iba más allá de la protección ambiental. La propiedad cuenta con cultivos de café, pasturas, eucaliptos y áreas de vegetación nativa.

En ese contexto, disponer de una fuente de agua estable resulta fundamental para sostener las actividades rurales. La recuperación de la zona también mostró la importancia de proteger los espacios que rodean los manantiales antes de que el problema llegue a un punto crítico.

El caso, sin embargo, no significa que plantar árboles garantice por sí solo la recuperación de cualquier fuente de agua. El comportamiento de un manantial depende de múltiples factores, entre ellos las características del suelo, las lluvias, el relieve y la forma en que se maneja el terreno.

Un cambio que empezó con una señal de alerta

Hoy, Jair tiene 63 años y continúa vinculado con la propiedad donde comenzó aquella experiencia. Lo que inicialmente había sido una señal de alarma terminó convirtiéndose en un ejemplo de recuperación ambiental dentro de una finca productiva.

En 2009, el agricultor veía cómo un manantial que conocía desde hacía años comenzaba a perder fuerza. La respuesta fue recuperar la vegetación de la zona y proteger el suelo.

Tres años después, el agua había recuperado estabilidad y, durante una fuerte sequía, se convirtió incluso en un recurso que pudo compartir con personas de las propiedades cercanas. La historia de Jaguaré muestra así cómo la recuperación de un área degradada puede convertirse también en una forma de proteger el agua y sostener una actividad agrícola a largo plazo.

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