Durante aproximadamente 40 años, una parte de la Fazenda Monte Castelo, ubicada en Castanhal, en el nordeste del estado brasileño de Pará, fue utilizada como pastizal. El paso de las décadas dejó el suelo en condiciones cada vez más difíciles para la producción agrícola.
Una prueba posterior terminó de mostrar el problema. La propiedad intentó cultivar pimienta negra, pero las plantas no lograron desarrollarse y, según el productor Osny de Azevedo Ramos, murieron durante los primeros dos años.
Ante ese escenario, la finca necesitaba cambiar de rumbo. En 2019, Osny comenzó a trabajar en una alternativa que combinara la recuperación productiva del terreno con una actividad capaz de generar ingresos: el cultivo de cacao asociado con açaí.
El cacao apareció como una alternativa para recuperar el terreno
La decisión de apostar por el cacao no fue casual. Técnicos de la Ceplac, organismo federal brasileño vinculado con el Ministerio de Agricultura y Ganadería, recomendaron probar este cultivo en la propiedad. A partir de esa orientación, Osny comenzó a desarrollar un sistema en el que el cacao y el açaí crecieran juntos.
La combinación también tenía una ventaja económica. Según explicó el productor, las dos plantas tienen períodos de producción diferentes: el cacao concentra una parte importante de su cosecha durante el primer semestre, mientras que el açaí genera ingresos posteriormente.
De esa manera, la finca no dependería de una sola producción y podría distribuir mejor sus ingresos a lo largo del año.
Una primera cosecha que terminó con una medalla de oro
El proyecto comenzó a mostrar resultados durante los primeros años. La propiedad decidió trabajar especialmente en el procesamiento de las almendras de cacao, con etapas de fermentación y secado orientadas a conseguir un producto de mayor calidad.
En el tercer año del cultivo, durante la primera cosecha, una muestra de las almendras fue enviada a un festival especializado. El resultado sorprendió al propio equipo: el cacao producido en la Fazenda Monte Castelo obtuvo una medalla de oro, incluso frente a productores que ya tenían experiencia en el mercado.
La distinción permitió mostrar que una zona que había tenido dificultades para sostener otros cultivos podía producir cacao de calidad y competir en un segmento de mayor valor.
De R$10 a R$55 por kilo
La diferencia de precios ayuda a explicar por qué la calidad se convirtió en una parte central de la estrategia.
Según los valores informados para la región, el cacao convencional se comercializaba por aproximadamente R$9 o R$10 el kilo, mientras que las almendras finas producidas en la finca podían alcanzar entre R$40 y R$55 por kilo.
La diferencia de precios ayuda a explicar por qué la calidad se convirtió en una parte central de la estrategia. (Foto: Gentileza Click Petroleo e Gas)
Ese valor no representa una ganancia neta ni significa que toda la producción se venda al precio máximo. Se trata del precio que puede alcanzar el cacao fino después de procesos como la fermentación y el secado y de su comercialización en un segmento de mayor calidad.
La estrategia permitió entonces agregar valor a una producción que comenzó en un terreno que había tenido serios problemas de degradación.
Una finca que todavía está en expansión
La transformación de la Fazenda Monte Castelo todavía no terminó. En 2026, la propiedad contaba con 22 hectáreas cultivadas con cacao y açaí, mientras que otras 10 hectáreas se encontraban en proceso de implantación.
El objetivo de Osny es avanzar gradualmente hasta alcanzar 50 hectáreas productivas. La propiedad completa tiene alrededor de 400 hectáreas, de las cuales unas 200 son consideradas aptas para la agricultura.
Por eso, las 50 hectáreas forman parte de una meta futura y no de una superficie que ya esté completamente en producción.
Más cultivos para diversificar la producción
La búsqueda de alternativas no terminó con el cacao y el açaí. La finca también comenzó a experimentar con vainilla, aunque al momento de la información disponible todavía se encontraba en una etapa de prueba.
Osny proyectaba que, si el modelo funcionaba como esperaba, la incorporación de este cultivo podría elevar considerablemente el valor generado por cada hectárea. Sin embargo, esa cifra corresponde a una proyección y no a ingresos ya obtenidos.
Además, la propiedad mantiene actividad ganadera y utiliza parte del estiércol del ganado como fertilizante para los cultivos. En 2026, aproximadamente el 70% de la fertilización utilizada ya era orgánica y el productor buscaba llegar al 100%.
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