A los 22 años, Iker decidió dejar atrás la vida en la ciudad y comenzar de cero en una finca de montaña. En apenas diez meses, logró desarrollar una forma de vida basada en la autosuficiencia, con producción propia de energía, agua y alimentos.
El cambio implicó adaptarse a una realidad en la que servicios que suelen estar garantizados deben resolverse de manera independiente. "En la ciudad damos por hecho que siempre habrá luz y agua, pero aquí tengo que conseguirlas por mí mismo: no tengo red eléctrica ni cañerías", explica.
La decisión, según cuenta en Cope, comenzó a gestarse tiempo atrás. "Hace un par de años comencé a despertar en muchos aspectos de la vida y me di cuenta de que, si no tenía un terreno, estaba a merced de lo que quisieran hacer conmigo", señala.
Para Iker, contar con un espacio propio es una condición fundamental para desarrollar el estilo de vida que busca. "Lo más importante para vivir en libertad en este mundo es tener tu pedazo de tierra, como se vivía antes, sin tanto control, sin tanto ruido, sin tanta contaminación", sostiene.
Además de llevar adelante su proyecto, Iker comparte parte de esta experiencia a través de videos difundidos en YouTube, donde muestra su día a día en la finca, las tareas de autosuficiencia y los avances que realiza.
El joven genera su propia electricidad mediante paneles solares y almacena agua para abastecer la finca.
La finca funciona hoy con un sistema de paneles solares que permite generar la electricidad necesaria. Iker asegura que la instalación fue realizada sin conocimientos previos y que el aprendizaje llegó a partir de la práctica.
"Todo es ponerse y empezar, y ya te das cuenta de que todo funciona", afirma.
El agua constituye otro de los grandes desafíos. La propiedad cuenta con un pozo y un sistema para recoger agua de lluvia, que puede almacenarse en una balsa con capacidad para 40.000 litros.
El recurso, sin embargo, necesita ser tratado antes de ser utilizado para consumo. La presencia de contaminantes procedentes de los cultivos de la zona llevó a incorporar sistemas de filtrado y ósmosis.
La producción de alimentos también ocupa un lugar central. En la finca hay alrededor de 30 gallinas y patos, además de cinco cabras. Los animales permiten obtener huevos, leche y otros alimentos sin depender exclusivamente de las compras.
El cuidado de los animales y el mantenimiento de la finca forman parte de su rutina diaria.
"Cuando tienes tus animales, tu huevo fresco, luego ya no puedes probar nada de fuera. Es un inconveniente muy grande", bromea.
El terreno también cuenta con más de cien olivos. La producción ya permitió obtener los primeros litros de aceite y forma parte de un proyecto que busca aumentar progresivamente la capacidad de abastecimiento propio.
Iker asegura que al comenzar no tenía experiencia en muchas de estas actividades. "No tenía ni cabras, ni gallinas, ni cerdo, ni sabía cómo instalar placas solares, ni cómo filtrar el agua", reconoce.
El aprendizaje se convirtió así en una parte esencial del proceso. "Cuando observas, aprendes muchas cosas", explica.
Su experiencia también lo llevó a cuestionar la idea de que determinadas habilidades son inaccesibles para quienes no crecieron en el campo. "Si lo hace una persona, lo puedes hacer tú también. Solo nos falta querer hacerlo", afirma.
La jornada comienza al amanecer y está marcada por el cuidado de los animales, el mantenimiento de la finca y las tareas necesarias para sostener este modelo de vida.
El proyecto, además, se complementa con un negocio online que gestiona junto a su hermano gemelo. De esta manera, consigue generar ingresos sin abandonar la finca.
El objetivo es continuar avanzando hacia una mayor independencia. Entre sus planes aparecen ampliar el rebaño de cabras, mejorar las instalaciones y sumar nuevos conocimientos para depender cada vez menos de los servicios externos.
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