Cuando los padres envejecen, no siempre todos los hijos ocupan el mismo lugar. Uno puede llamar todos los días, acompañarlos al médico o resolver problemas cotidianos, mientras sus hermanos mantienen una presencia mucho menos frecuente.
¿Por qué algunos terminan asumiendo más responsabilidades? Una explicación posible es que simplemente sean los hijos más cercanos. Otra interpretación sostiene que podrían estar intentando conseguir una aprobación que buscaron durante años. Pero la investigación psicológica y sociológica muestra un panorama bastante más complejo.
Los vínculos entre padres e hijos no se vuelven necesariamente iguales cuando estos últimos alcanzan la adultez. Al contrario, diferencias construidas durante décadas pueden continuar cuando los padres envejecen.
El estudio que siguió a cientos de familias
Una de las grandes investigaciones sobre estas relaciones es el Within-Family Differences Study, encabezado por la socióloga Jill Suitor, de Purdue University.
Los vínculos entre padres e hijos no se vuelven necesariamente iguales cuando estos últimos alcanzan la adultez.
El proyecto estudió durante años a madres mayores y sus hijos adultos para comprender por qué las relaciones dentro de una misma familia pueden ser tan diferentes.
Los investigadores encontraron que las madres podían distinguir entre sus hijos cuando se les preguntaba, por ejemplo, con cuál sentían mayor cercanía emocional o a quién preferirían como cuidador si necesitaran ayuda.
El vínculo de un padre con sus hijos no siempre es igual para todos.
Es decir, la llegada a la adultez no necesariamente elimina las preferencias dentro de una familia.
Qué ocurre cuando los hijos perciben favoritismo
En uno de los trabajos derivados del proyecto, Suitor, Megan Gilligan y Karl Pillemer analizaron 309 familias que incluían a 708 hijos adultos.
Por qué un padre puede sentirse más cercano con un hijo determinado.
Los resultados mostraron una relación entre las percepciones de favoritismo materno y los síntomas depresivos de los hijos. La comparación con los hermanos seguía teniendo importancia incluso décadas después de haber compartido la infancia.
Esto no significa que cualquier preferencia parental provoque problemas psicológicos. Pero sí cuestiona la idea de que las diferencias en el trato entre hermanos dejan automáticamente de importar cuando todos son adultos.
Por qué un padre puede sentirse más cercano a un hijo
Los investigadores también analizaron qué características estaban asociadas con esas preferencias.
Quién ternmina cuidando a los padres mayores.
Uno de los factores fue la similitud percibida en valores y perspectivas. Las madres tendían a reportar mayor cercanía con determinados hijos cuando consideraban que compartían formas similares de ver la vida.
La historia de la relación también puede influir. Cada hijo atraviesa experiencias diferentes con sus padres, incluso cuando todos crecieron dentro de la misma casa.
Por eso, dos hermanos pueden recordar de maneras muy distintas su relación con una misma madre o un mismo padre.
Quién termina cuidando a los padres mayores
Cuando aparece la necesidad de cuidados, sin embargo, la cercanía emocional es apenas una parte de la explicación.
Las investigaciones sobre cuidado familiar muestran que la disponibilidad, la distancia geográfica, el género, el trabajo, las responsabilidades propias y las necesidades concretas del padre o la madre pueden influir en quién termina ocupándose de las tareas cotidianas.
Un hijo puede tener una excelente relación con sus padres y vivir a miles de kilómetros. Otro puede mantener un vínculo más complicado, pero ser quien vive cerca y dispone de mayor tiempo para acompañarlos. Por eso, la cantidad de llamadas, visitas o tareas realizadas no permite reconstruir por sí sola la historia emocional de una familia
Un hijo puede tener una excelente relación con sus padres y vivir a miles de kilómetros.
Cuando cariño y conflicto conviven
Otra línea de investigación utiliza el concepto de ambivalencia intergeneracional para estudiar una característica frecuente de estas relaciones: sentimientos aparentemente contradictorios pueden coexistir.
Un hijo puede querer profundamente a su madre y sentirse frustrado con ella. Puede cuidar a su padre por afecto y, simultáneamente, considerar injusto que sus hermanos colaboren menos.
El cuidado tampoco tiene necesariamente una única motivación. Cariño, responsabilidad, reciprocidad, normas familiares, culpa y conflictos antiguos pueden aparecer al mismo tiempo.
Esto se vuelve especialmente visible cuando un padre comienza a necesitar ayuda y los hermanos deben negociar quién hace qué.
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