Los niños que crecieron durante los años 60 y 70 pasaban buena parte del día fuera de la mirada de sus padres. Jugaban en la calle, iban solos a la escuela y resolvían pequeñas dificultades sin que un adulto interviniera inmediatamente.
Con el paso del tiempo, esas imágenes se transformaron en recuerdos de una infancia que muchos consideran más libre y resistente. Sin embargo, la psicología propone una mirada menos nostálgica sobre aquella forma de crianza.
La falta de supervisión podía favorecer la independencia y la capacidad de resolver problemas, pero también significaba que muchos niños tenían que afrontar situaciones para las que necesitaban acompañamiento.
Por eso, aquella supuesta “fortaleza” no necesariamente era una característica con la que nacían esos niños: en muchos casos era una adaptación a las circunstancias en las que crecían.
Una infancia con menos adultos alrededor
La investigación sobre desarrollo infantil muestra que la autonomía se construye progresivamente cuando los chicos tienen oportunidades de tomar decisiones y asumir responsabilidades.
Más tiempo sin supervisión. Foto: Freepik.
Organismos como UNICEF destacan que los niños necesitan cuidado, protección y un entorno seguro para desarrollarse adecuadamente. Esto permite entender que menos supervisión no equivale necesariamente a una mejor crianza.
Cómo eran los niños de esa época:
- Aprendían a resolver problemas cotidianos. Si surgía una discusión o tenían que volver a casa por sus propios medios, debían encontrar una solución sin recurrir inmediatamente a un adulto.
- El riesgo también era mayor. No toda ausencia de supervisión representa una oportunidad de aprendizaje. Algunos peligros que hoy se consideran inaceptables formaban parte de aquella vida cotidiana.
- La calle era un espacio de socialización. Jugar con otros niños sin adultos presentes obligaba a negociar reglas, resolver conflictos y organizar actividades. Esa experiencia podía fortalecer determinadas habilidades sociales.
- Había menos control permanente. No existían teléfonos celulares para localizar a los hijos en cualquier momento. Los padres podían no saber exactamente dónde estaban durante buena parte de la tarde.
- Aprendían a tolerar pequeñas frustraciones. Cuando un adulto no estaba disponible para solucionar inmediatamente un problema, los chicos tenían que esperar, insistir o buscar una alternativa.
Una infancia en soledad. Foto: Freepik.
Los niños de los años 60 y 70 no necesariamente eran “más fuertes” que los actuales. Crecieron en un contexto donde tenían más libertad, menos supervisión y mayores oportunidades de resolver situaciones por sí mismos.
Esa experiencia pudo desarrollar autonomía, iniciativa y capacidad para afrontar determinados problemas. Pero también podía exponerlos a riesgos y situaciones en las que necesitaban más acompañamiento adulto.
Hoy existe un equilibrio diferente: la crianza contemporánea tiende a prestar mayor atención a la seguridad y al acompañamiento emocional, aunque también existe una preocupación por no caer en una supervisión excesiva.
La diferencia, entonces, no está en que una generación haya sido más resistente por naturaleza. En muchos casos, aquella fortaleza era simplemente la capacidad de adaptarse a un mundo en el que los adultos estaban menos presentes en la vida cotidiana.
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