Despertarse aproximadamente a la misma hora, mantener cierta regularidad en las comidas o tener horarios relativamente previsibles para relacionarse con otras personas podrían estar vinculados con algo más que la organización cotidiana. Un estudio internacional encontró que la irregularidad de estas rutinas permite anticipar diferencias en distintos indicadores de salud mental un año después.
La investigación fue publicada en mayo de 2026 en la revista científica Current Psychology y analizó datos de 13.606 estudiantes universitarios de Alemania, China y Rusia. Los investigadores evaluaron lo que denominan “ritmo social”, es decir, la regularidad con la que una persona realiza actividades básicas a lo largo de la semana.
Los resultados mostraron asociaciones entre una mayor irregularidad y problemas como depresión, ansiedad y estrés, mientras que una rutina más estable se relacionó con indicadores como satisfacción con la vida y salud mental positiva en algunos países. Los propios autores advierten que los efectos fueron generalmente pequeños.
Qué es el “ritmo social” y por qué puede ser importante
El concepto no describe cuántos amigos tiene una persona ni la frecuencia con la que sale. Se refiere a qué tan predecibles son determinados acontecimientos cotidianos.
El equipo utilizó la Brief Social Rhythm Scale, un cuestionario de diez ítems que analiza la regularidad de actividades durante los días laborales y los fines de semana. Entre ellas se encuentran la hora de despertarse y acostarse, los horarios del desayuno y la cena y los momentos destinados a relacionarse con otras personas durante el estudio, el trabajo y el tiempo libre.
Ducharse y dormir son actividades que marcan el ritmo diario. Foto AdobeStock.jpg
La hipótesis se vincula con la denominada teoría de los “zeitgebers sociales” —una palabra alemana que puede traducirse como marcadores o dadores de tiempo—. Determinadas actividades repetidas funcionan como señales temporales que ayudan a organizar los ritmos biológicos y sociales.
Cuando esas señales se vuelven muy variables, pueden producirse alteraciones que investigaciones anteriores ya habían relacionado con depresión y trastorno bipolar.
Un estudio con más de 13.600 universitarios de tres países
Los investigadores Jürgen Margraf, Kristen Lavallee, XiaoChi Zhang, Julia Brailovskaia, Julia Velten y Silvia Schneider, entre otros especialistas vinculados al proyecto internacional BOOM (Bochum Optimism and Mental Health), utilizaron información recopilada en universidades de tres países.
Gerascofobia, o cómo el miedo a envejecer puede perjudicar la salud física y mental de los séniors. Foto: Pexels
Participaron 12.057 estudiantes de China, 872 de Alemania y 677 de Rusia. Los voluntarios completaron una primera evaluación y fueron nuevamente estudiados aproximadamente un año después.
Además del ritmo social, los científicos midieron síntomas de depresión, ansiedad y estrés, satisfacción con la vida, percepción de la salud, apoyo social y salud mental positiva.
Para determinar si las rutinas iniciales podían anticipar los resultados posteriores, los análisis tuvieron en cuenta factores como la edad, el género, la situación de pareja y, especialmente, el estado de salud mental que cada participante presentaba al comienzo del estudio.
Qué encontraron sobre la depresión, la ansiedad y el estrés
Los resultados no fueron idénticos en los tres países.
Entre los estudiantes chinos, una mayor irregularidad al comienzo del estudio predijo mayores niveles posteriores de estrés, ansiedad y depresión, además de menor salud mental positiva y satisfacción con la vida.
Estrés en el trabajo.
En Alemania también aparecieron asociaciones entre una menor regularidad y diferentes indicadores de bienestar y salud mental. Rusia presentó un patrón estadístico más complejo: las relaciones directas fueron prácticamente inexistentes y algunos resultados surgieron únicamente después de controlar otras variables.
En términos generales, los autores concluyeron que la estabilidad del ritmo social puede aportar información adicional para anticipar el bienestar psicológico, aunque destacaron que la magnitud de las asociaciones fue pequeña.
Tener una rutina no significa que evite la depresión
El diseño longitudinal representa una ventaja respecto de estudios que analizan a las personas una única vez: primero se midieron las rutinas y después se observó cómo evolucionaron los indicadores psicológicos.
Desayuno y alimentación saludable. Foto Shutterstock.
Aun así, el trabajo no demuestra que llevar horarios desordenados provoque depresión o ansiedad, ni que organizar las comidas o acostarse siempre a la misma hora pueda prevenir por sí solo estos problemas.
Los autores reconocen además varias limitaciones. Todos los participantes eran universitarios, por lo que los resultados no pueden generalizarse automáticamente al resto de la población. Los datos fueron autoinformados y, aunque el artículo se publicó en 2026, las mediciones originales se realizaron entre 2012 y 2016.
Los investigadores consideran que futuros experimentos deberán comprobar si modificar deliberadamente la regularidad de las rutinas produce mejoras en la salud mental.
Hasta entonces, el estudio aporta una conclusión más acotada: la manera en que se organizan pequeños acontecimientos cotidianos puede estar relacionada, a largo plazo, con distintos aspectos del bienestar psicológico.
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