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"Estoy chateando con Kevin Costner": por qué la gente cae en engaños insólitos

"Estoy chateando con Kevin Costner": por qué la gente cae en engaños insólitos

En todo el mundo hay personas que son víctimas de estafas virtuales de la forma más absurda y AS+I les roban su dinero. La soledad y la falta de afecto serían dos motivos claves pa

Una diseñadora de interiores francesa de 53 años entregó más de 830.000 euros a un hombre que nunca vio en persona, convencida de que mantenía una relación con Brad Pitt. Una jubilada bonaerense de unos 70 transfirió más de 3,5 millones de pesos a un hombre que decía ser Kevin Costner y estuvo a punto de vender su casa para irse a vivir con él a California. Una mujer japonesa de 80 giró más de un millón de yenes a un supuesto astronauta que decía quedarse sin oxígeno en el espacio. Y María, una empleada doméstica filipina, perdió todos sus ahorros creyendo que un heredero al trono de Dubái, generado con inteligencia artificial, la había elegido entre millones de mujeres para casarse con ella.

Los casos suenan, contados así, casi como chistes. Pero ocurren todo el tiempo, en cualquier país y le suceden a personas que en su vida cotidiana no son ingenuas. La pregunta que persigue este artículo no es "cómo puede alguien ser tan tonto", sino qué mecanismo hace que, en determinadas condiciones, cualquiera pueda entrar en esa escena.

Julio López es especialista en ciberseguridad y propone pensar las estafas en una escala del 0 al 10 y explica que en el extremo más alto de ese gradiente están las más inverosímiles: el clásico mail del príncipe nigeriano o el engaño amoroso con la identidad de una estrella de Hollywood. Ahí, dice, casi siempre hay una precondición previa en la víctima: "Puede ser una persona que tuvo un trauma, una separación, quedó solo con una alta edad, está pasando períodos de angustia".

Pero lo que a López le resulta más inquietante es lo que pasa en la mitad de ese gradiente, con estafas financieras o piramidales que prometen rendimientos imposibles o con gente que buscando un simple descuento termina sacando un crédito para transferírselo a un desconocido. "¿Cómo pasa esto?", se pregunta. Ahí ya no hace falta una fragilidad extrema: alcanza con el deseo, muy humano, de creer que algo bueno nos puede pasar a nosotros.

Las estafas virtuales se cometen todas partes del mundo.

La explicación central de Lopez tiene que ver con dónde se procesa el engaño: "La estafa se produce en el estómago, y lo que nosotros estamos hablando lo estamos hablando en el cerebro". Según su experiencia entrevistando víctimas, el contacto inicial -el mensaje, la llamada, el primer "me elegiste a mí"- entra por la razón durante muy poco tiempo, hasta que algo lo traslada a un lugar puramente emocional. "Ahí ya no pasa más nada que tenga que ver con lo racional", dice.

Ese desplazamiento explica algo que a López le llamó la atención en todas las víctimas que entrevistó: cuando reconstruyen lo que les pasó, mientras hablan, la cara se les transforma. Es que al narrar el episodio vuelven a pasarlo por el cerebro, ya fuera del momento emocional en que ocurrió, y ahí mismo perciben, casi en tiempo real, lo inverosímil de su propia historia.

López recuerda especialmente el caso de una traductora de unos 60 o 70 años, que vive sola, a quien describe como una persona muy estructurada, "muy esquematizada la cabeza". Ella nunca reconoció haber sido estafada y sostenía que había transferido decenas de miles de dólares para investigar ella misma a la persona que estaba detrás del engaño. "No mentía, no dudaba, no titubeaba", cuenta López, y agrega: "Vos querés hacer una cosa así y transferís 500 dólares, 100 dólares, no esa cantidad de guita".

La escena que arma el estafador

Otra forma de abordar el tema tiene Oscar Abudara Bini, un médico, psicoanalista forense y perito psiquiatra que pone el foco no en el error de la víctima, sino en la construcción minuciosa del estafador. Advierte, primero, contra la tentación de "diagnosticar a la mujer apresuradamente" o de reducir el caso a una ecuación fácil -mujer mayor, sola, ingenua-. Prefiere reconstruir la escena que el estafador fabricó para que la entrega de dinero terminara sintiéndose, para la víctima, como un deseo propio.

Para Abudara Bini, la identidad falsa de una celebridad no es simplemente una mentira burda, sino un símbolo cargado de sentido. "Kevin Costner no es simplemente una identidad falsa. Es un símbolo de alto voltaje que condensa celebridad, masculinidad, éxito, reconocimiento, romanticismo, excepcionalidad", señala. Lo que el estafador vende, dice, no es un carnet de fan club ni una promesa de viaje: "Vende una posición subjetiva para la mujer: ser elegida por un hombre excepcional".

Esa asimetría entre una persona común y una celebridad mundialmente conocida es, según el psicoanalista, la clave de la eficacia del engaño. "Entre millones de mujeres, me encontró a mí": esa idea, dice, puede producir una experiencia narcisista extremadamente poderosa, comparable a la fascinación paralizante que en la mitología clásica se le atribuía a la mirada de la serpiente.

Una inversión que se vuelve imposible de abandonar

Abudara Bini describe el proceso como una escalada de etapas: contacto, reconocimiento, prueba e inversión. Y a cada paso que la víctima da se hace más costoso, psicológicamente, reconocer que todo es falso. A medida que la persona invierte tiempo, afecto y expectativas, más difícil se vuelve aceptar que esa escena no existe. El dinero, en ese esquema, deja de ser una decisión económica racional para convertirse en parte de la lógica del vínculo, una prueba de amor, dice, similar en su estructura a cualquier inversión afectiva que hacemos al enamorarnos o al formar una familia.

Por eso el especialista relativiza la idea de la "locura" o la patología como explicación única. "No tenemos por ahora elementos para diagnosticar una psicosis ni un trastorno cognitivo. Estamos ante un fenómeno mucho más común", sostiene. Lo que cambia, según su lectura, no es la fragilidad mental de la víctima sino el trabajo del estafador: "No es que ella 'crea una mentira', sino que el estafador crea una realidad".

De Hollywood al espacio exterior

Los casos documentados en distintos países muestran variaciones del mismo guion. En Francia, los estafadores que se hicieron pasar por Brad Pitt usaron inteligencia artificial para manipular fotos, videos y mensajes, y llegaron a crear un perfil falso de la madre del actor para reforzar la credibilidad del vínculo. Le pidieron dinero con la excusa de que sus cuentas estaban congeladas por el divorcio con Angelina Jolie y de que necesitaba pagar un tratamiento médico.

En Filipinas, María conoció a través de una aplicación de citas a un hombre que decía ser el heredero al trono de Dubái, con millones de seguidores reales en Instagram. La conversación avanzó a WhatsApp y, con el tiempo, a videollamadas en las que un rostro generado con inteligencia artificial movía los labios en sincronía con las palabras. "Parecía rea. Era como si un hechizo de amor hubiera conectado nuestras mentes", dijo la víctima. El supuesto príncipe le pidió dinero para un certificado de matrimonio, para trámites laborales y finalmente para reservar un hotel donde se encontrarían. Cuando empezó a dudar y revisó otros perfiles del hombre en redes, ya había perdido todos sus ahorros.

Una mujer creyó estar hablando con Brad Pitt.

En Japón, una mujer de 80 años transfirió el equivalente a más de 6.700 dólares a un estafador que se presentaba como astronauta, y que le hizo creer que atravesaba una emergencia en el espacio y necesitaba dinero urgente para comprar oxígeno. En Argentina, la jubilada que creyó estar en contacto con Kevin Costner llegó a considerar vender su casa para mudarse a una supuesta mansión en California; la venta se frenó porque su familia intervino a tiempo.

A esta lista se suma un fraude distinto, pero emparentado: el uso de la imagen de Elon Musk, a través de videos deepfake, cuentas clonadas y páginas falsas, para simular sorteos de criptomonedas o inversiones milagrosas que el empresario nunca promovió.

El mismo mecanismo, distintos disfraces

Lo que atraviesa a todos estos casos, según los dos especialistas, no es la falta de inteligencia de las víctimas, sino la combinación de una necesidad afectiva real -de compañía, de reconocimiento, de sentirse elegido- con una puesta en escena cada vez más sofisticada, hoy potenciada por la inteligencia artificial. El dinero, en el momento en que se transfiere, no se vive como una pérdida sino como una prueba de amor o como el paso siguiente de una historia en la que la víctima ya está, emocionalmente, adentro.

Entender ese mecanismo, coinciden López y Abudara Bini, es más útil que burlarse del resultado. Porque la pregunta que de verdad importa no es por qué alguien creyó que hablaba con Brad Pitt o con Kevin Costner, sino qué hizo el estafador para que, durante meses, esa posibilidad se volviera subjetivamente real.

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