En dos grandes canales del árido suroeste de Estados Unidos, unos neumáticos que habían sido descartados encontraron una segunda función. En 1994, los investigadores Gordon Mueller y Charles R. Liston colocaron arrecifes de bajo perfil fabricados con neumáticos usados en el Canal de Coachella, en California, y en el Acueducto Hayden Rhodes, en Arizona. El resultado sorprendió por la cantidad de vida acuática que apareció alrededor de estas estructuras, especialmente tras los malos resultados que generó un conocido experimento en las costas de Florida hace varias décadas.
Las zonas con arrecifes registraron aproximadamente tres veces más invertebrados y unas 20 veces más peces que los sectores habituales de los canales que no contaban con estas estructuras, según los datos citados del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés). El experimento mostró que incluso pequeñas modificaciones podían generar nuevos espacios para la vida silvestre dentro de una infraestructura diseñada principalmente para transportar agua.
La construcción de canales de hormigón había respondido a una necesidad concreta. En el suroeste estadounidense, donde el agua es un recurso escaso, los canales tradicionales de tierra permitían que parte del líquido se filtrara en el suelo. El hormigón redujo esa pérdida y facilitó el transporte del agua.
El cambio también eliminó muchas de las características que favorecían a los organismos acuáticos. Los antiguos canales de tierra tenían bordes irregulares, sedimentos, vegetación y otros elementos que ofrecían refugio, alimento y lugares para la reproducción. Las superficies de hormigón, en cambio, eran mucho más uniformes y permitían una circulación del agua más rápida.
Los peces lograron regresar a esos canales, pero las poblaciones presentaron menor diversidad, densidad y biomasa que en los antiguos cursos de agua de tierra. El problema no era solo la posibilidad de supervivencia. El entorno había perdido buena parte de las estructuras que permitían el desarrollo de un hábitat más favorable.
Los investigadores Gordon Mueller y Charles R. Liston colocaron arrecifes de bajo perfil fabricados con neumáticos FTP CLARIN Neumáticos Océano.
Mueller y Liston buscaron una solución que no exigiera retirar el hormigón ni reconstruir los canales. Los arrecifes de neumáticos introdujeron superficies y formas diferentes dentro de un espacio dominado por líneas lisas. Sobre ellos podían asentarse algas, insectos y otros organismos pequeños, mientras que los peces encontraban nuevos lugares de refugio.
La presencia de más invertebrados también tuvo un efecto sobre la cadena alimentaria. Estos pequeños organismos sirven como alimento para los peces y encontraron en los neumáticos nuevas superficies donde podían vivir. Así, una modificación física del entorno generó condiciones para una mayor actividad biológica.
El experimento no convirtió los canales en ecosistemas naturales
Según Times of India, la infraestructura mantuvo su función original y continuó como un sistema de transporte de agua. Sin embargo, los arrecifes crearon sectores con mayor complejidad y permitieron concentrar una cantidad considerablemente superior de vida acuática.
Mueller y Liston buscaron una solución que no exigiera retirar el hormigón ni reconstruir los canales. FTP CLARIN Neumáticos Océano.
El estudio también planteó una alternativa para materiales difíciles de desechar. Los neumáticos usados, debido a su resistencia y volumen, pueden convertirse en un problema cuando terminan fuera de uso. En este caso, adquirieron una función distinta y pasaron de ser un residuo a formar parte de un hábitat artificial.
La experiencia de 1994 dejó una conclusión clara. La cantidad de vida que puede sostener una infraestructura no depende únicamente de su función principal. En un canal de hormigón, unas pocas estructuras pueden marcar una diferencia considerable para los organismos que encuentran allí su hábitat.
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