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De una cancha de arena a la cima del mundo: Las Leonas y el secreto de los deportes de equipo argentinos

De una cancha de arena a la cima del mundo: Las Leonas y el secreto de los deportes de equipo argentinos

El título mundial del seleccionado femenino de hockey vuelve a poner el foco en una particularidad del deporte argentino: el 42% de las medallas olímpicas de los últimos 30 años co

Sofía Cairó sabía perfectamente lo que estaba a punto de hacer ante la arquera Anne Veenendaal. Sabía que si convertía ese cuarto penal de la serie su equipo sería campeón del mundo y Las Leonas bordarían la tercera estrella del lado del corazón. También sabía Anne Veenendaal que si Sofía Cairó la superaba, Países Bajos ya no podría repetir el título que había ganado en los últimos tres Mundiales. Todo eso lo sabían Cairó, Veenendaal, las 10 mil personas que tiñeron de naranja el estadio Wagener y el mundo entero que había visto por TV cómo Argentina había merecido ganar la final en los 60 minutos al darle una lección de hockey al mejor equipo del planeta. Pero algo las hizo diferentes a las dos protagonistas de ese momento único, mágico e irrepetible: las dos sabían que habían llegado hasta ese instante por caminos muy distintos.

Cairó es otro ejemplo (uno más) de lo que los clubes argentinos pueden lograr para el deporte nacional. Pero, en su caso, Mariano Moreno es un club especial en el hockey. De muy chica y por influencia familiar -por parte materna, los Zanotto son una pieza clave en la historia de su rugby- ella se puso la camiseta roja y blanca y comenzó a correr detrás de una bocha con un palo en la mano.

El punto es que allí lo hizo siempre en una cancha de arena y no en una de agua como la que la vio consagrarse en Amstelveen junto a sus compañeras. Y, se sabe, hacerlo en esos dos tipos de sintético es absolutamente diferentes. Casi que son dos deportes en uno. Sin convocatorias en los seleccionados juveniles, cuando llegó a Las Leonas por primera vez lo hizo aún jugando en Mariano Moreno donde hoy permanece buscando el ascenso desde Primera C en el Torneo Metropolitano. Y si llegara esa ansiada promoción, el año próximo su club deberá jugar de local en una cancha de agua porque la propia de arena no la podrá usar por una cuestión reglamentaria. Esa es su situación. Ese es su presente. Y su probable futuro inmediato si no acepta una de las tantas ofertas que tuvo y que tendrá para jugar en el exterior.

¡LAS LEONAS SON CAMPEONAS DEL MUNDO!

Sofía Cairó marcó el penal con el que Argentina derrotó a Países Bajos en la final y se queda con su tercera estrella.

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— ESPN Argentina (@ESPNArgentina) August 29, 2026

Veenendaal, en cambio, jamás pisó en su vida una cancha de arena. Sus atajadas siempre fueron en sintéticos de agua porque en su país no se conoce otro tipo de superficie. En Países Bajos, por ejemplo, Almeerse, un club que hoy está en la Primera B neerlandesa y que tiene unos 1.000 jugadores, posee cuatro canchas de agua; Kampong, uno de los más importantes, en cambio, cuenta con... ¡nueve!

Veenendaal hace un deporte que en su país ocupa el cuarto lugar entre los que más practican los neerlandeses y allí alrededor de 252 mil jugadores son federados mientras el 1,4 por ciento de su población (que asciende a 18 millones y medio de personas) está asociada a un club de hockey.

Esta claro: las diferencias son notables y por eso, a medida que pasan los días y se descubren más datos y más historias, la importancia de las dos medallas conseguidas por los seleccionados nacionales en el reciente Mundial cobran una dimensión aún mayor.

En Argentina, cuya superficie es 67 veces mayor a la de Países Bajos, hay unos 230 mil jugadores federados de acuerdo a los registros oficiales (200 mil mujeres y 30 mil varones, aproximadamente) aunque la cifra podría ser algo más del doble si se cuenta el hockey social, el colegial y el de "mamis hockey", por ejemplo. Nuestro país tiene más de 1.700 clubes en los que se practica ese deporte y más de 500 canchas sintéticas a lo largo y a lo ancho de su territorio. El gran inconveniente aquí es el económico: una cancha de agua puede costar más de 400 mil dólares ya que sólo en la carpeta se necesita una inversión de entre 260 mil y 320 mil dólares de acuerdo a su calidad. Mientras, por una de arena hay que pagar 250 mil dólares con alfombras que valen entre 100 mil y 120 mil dólares. Por eso, a diferencia de lo que ocurre en Países Bajos, los clubes más tradicionales en el hockey no tienen más de dos canchas de agua. Y esos clubes se cuentan con los dedos de una sóla mano.

Las Leonas Campeonas del Mundo en el Aeropuerto Ezeiza. Foto: Luciano Thieberger

Otro ítem interesante para el análisis tiene que ver con el éxito histórico del hockey en Argentina. Las Leonas están en lo más alto desde su nacimiento en 2000. En los torneos más importantes, en los últimos 26 años lograron seis medallas olímpicas (tres de plata y tres de bronce; sólo en Río de Janeiro 2016 no subieron al podio), seis mundiales (tres de oro, una de plata y dos de bronce; apenas en Londres 2018 volvieron sin una presea), seis en la Liga Pro (desde Amstelveen 2019 fueron una de oro, cuatro de plata y una de bronce), 12 en el Trofeo de Campeones (entre Amstelveen 2001 y Changzhou 2018 lograron siete de oro, tres de plata y dos de bronce) y una en la Liga Mundial (oro en la 2014-2015).

Los Leones, por su parte, tienen el oro olímpico de 2016 como el punto más alto de su historia y a la reciente conquista del bronce mundialista hay que sumarles el bronce del Mundial de La Haya 2014, el bronce en el Trofeo de Campeones de Rotterdam 2008 y la plata en la Liga Mundial de 2016-2017. Pero ese éxito forma parte también del macro de los deportes de conjunto del que el hockey forma parte, por supuesto.

¿Por qué, entonces, Argentina es potencia en los deportes por equipos y baja la calidad -y los resultados, por consiguiente- en los deportes individuales salvo lógicas excepciones?

Primero, un dato de la realidad: cuando en Atlanta 1996 el seleccionado de fútbol que por entonces dirigía Daniel Passarella llegó a la final ante Nigeria y la perdió para ganar la medalla de plata, se inauguró una era que ya lleva tres décadas muy exitosas en los que los equipos le dieron a Argentina nada menos que 14 de los 33 podios olímpicos conseguidos en ese lapso. Es decir, un 42 por ciento de las medallas obtenidas en los últimos 30 años llegaron desde deportes que entregan dos como máximo (una por sexo). Todo un logro que tiene su razón de ser porque en el deporte no hay magia.

El equipo de Passarella, subcampeón en los Juegos Olímpicos del 96.

Pero no se trata sólo de que los deportes por equipos obtienen mejores resultados. Se trata, simplemente, de que están más desarrollados en Argentina. Por qué hay resultados positivos en fútbol, hockey, basquetbol, rugby, voleibol o handball, por ejemplo, no depende de la calidad de los atletas y de los cuerpos técnicos o de los procesos. No es que un entrenador de hockey trabaja mejor que uno de judo o canotaje.

"El factor de fondo se llama desarrollo deportivo", dice Carlos Siffredi, ex director de Alto Rendimiento Deportivo de la secretaría de Deporte y ex gerente técnico deportivo del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo y una de las personas que más sabe del tema en Argentina. "Las condiciones de base son más sustentables y robustas en ese tipo de deportes y cuando uno quiere comparar es muy simple: hay muchos menos chicos en nuestro país que hacen atletismo, natación o cualquier otro deporte individual", sostiene Siffredi.

"En Argentina son muchos más los deportistas, los entrenadores y las instituciones que se dedican a los deportes de conjunto", agrega. Esto significa que el tejido que sostiene el rendimiento es mucho más vigoroso en el voleibol, que se juega en todo el país, que en el badminton, por ejemplo, que practica un reducido número de jugadores dirigidos por pocos entrenadores en un puñado de provincias. En ese tipo de disciplinas las chances de llegar a la alta competencia son mucho menores.

El hockey argentino tiene su momento. Uno más como el que tuvo el mismo hockey o tuvieron otros deportes en la historia. Pero este momento es ahora. Y hay que aprovecharlo. Lo dijo María José Granatto, una de las capitanas de las Leonas campeonas del mundo. "Si hicimos esto con lo que teníamos, imaginate con más apoyo. Hay que poner más inversión en el deporte. Espero que esto sea un puntapié para que las condiciones mejoren", expresó tras su llegada a Ezeiza, con la copa en la mano y una sonrisa indisimulable. Las autoridades del deporte -las políticas y las del Comité Olímpico Argentino- deben ir buscando las respuestas.


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