El resplandor de la Divina comedia no se debilita. Por el contrario, el inagotable interés por la obra de Dante Alighieri confirma su actualidad. Esto queda ratificado por el reciente libro La inutilidad del arte y de Dios. Apuntes para una lectura de la Divina comedia, de Patricio Di Nucci, publicado por Luz Fernández Ediciones. Di Nucci es licenciado en Teología por la Universidad Católica Argentina y en Letras por la Universidad de Buenos Aires.
Hades guardián del Inframundo Los titanes fueron encerrados en el Tártaro tras su derrota ante Zeus Pintura de Gustave Doré (1832 1883) para La Divina Comedia de Dante Alighieri
El mundo de las máquinas sofisticadas y las ciudades de asfalto y prominentes edificios es atravesado hoy por ríos de cálculo y pragmatismo. Lo calculador es lo opuesto a la generosidad del dar; el arte, en cambio, es don y gracia. Esta es la forma precisa en que resplandece la obra de Dante.
Como todo artista, Dante es modelado por las fuerzas de su tiempo. El poeta nativo de Florencia respira el ansia medieval de Dios. Esa búsqueda no es pura pasividad contemplativa: es una épica ascensión al cielo iluminado por la absoluta presencia divina. En las latitudes teocéntricas medievales, ninguna duda hiere la certeza de que lo más grande y sagrado espera al alma que sube a la más espiritual altura.
La inutilidad del arte y de Dios. Apuntes para una lectura de la Divina comedia, de Patricio Di Nucci, publicado por Luz Fernández Ediciones.
En su Divina comedia, el poeta florentino viaja por el Infierno, el Purgatorio y, finalmente, el Paraíso. Al inicio de su marcha encuentra tres fieras que simbolizan la lujuria, la avaricia y la soberbia. En los círculos infernales, Dante es guiado por Virgilio, el poeta de la Eneida, obra escrita por encargo del emperador Augusto para la glorificación y justificación del Imperio Romano.
En el Purgatorio, el poeta sube las siete terrazas de una montaña en la que se purgan los pecados capitales. Desde el jardín terrenal que corona esta formación montañosa, el viajero se eleva a las esferas del cielo. Aquí lo orienta la mujer celeste y símbolo de gracia, Beatriz, quien lo conduce finalmente ante el teólogo San Bernardo de Claraval, impulsor de la orden cisterciense. El pensador cristiano lo guía en el último tramo hacia la contemplación de Dios, revelado como un punto de luz dentro de una rosa mística.
La autopercepción del ser medieval es inseparable de la soteriología: un camino de salvación para el alma enlodada por el pecado primordial de Adán. Cangrande della Scala fue el gobernante más célebre de Verona entre 1308 y 1329. Además de su habilidad como líder político y militar, fue mecenas de Dante Alighieri durante su exilio, razón por la cual el poeta le dedicó la sección del Paradiso. En una célebre carta, Dante le revela al jefe veronés: "El asunto de toda la obra en sentido literal es simplemente el estado de las almas después de la muerte, pues todo el desarrollo de la obra gira en torno a este tema".
Más de 45 trabajos del artista Carlos Alonso, inspirados en la obra de Dante Alighieri, a 700 años de su fallecimiento.
Para Dante, Dios no solo es creador sino también redentor. El poeta narra el destino de las almas y aspira a su propia redención en un viaje “que el poeta realiza a lo largo de algunos días …en la Semana Santa de 1300, en la mitad de su vida –según la convención de la época, los 35 años, eran la mitad de la vida de una persona: Dante había nacido en 1265”.
El derrotero místico de Dante es un movimiento visionario hacia la grandeza máxima. Pero el autor perteneció a dos mundos: el celeste y la patria terrenal. En su tratado político De Monarchia, defendió la autonomía del poder civil frente al papal, adjudicándole a la experiencia humana dos fines independientes: la felicidad terrenal, regulada por el poder temporal del emperador, y la salvación eterna, guiada por la Iglesia. Su posicionamiento político y las luchas intestinas en Florencia lo condenaron al exilio, pero nunca dejó de soñar con una Italia pacificada y unida, como lo haría también, luego, Maquiavelo.
La Divina comedia es "inútil", pero esto no desmerece su trascendencia; por el contrario, la robustece. Es aquello que vale justamente por su gratuidad. Para validar esta premisa, Di Nucci invoca primero a Nuccio Ordine y su manifiesto La utilidad de lo inútil. Luego, ofrece ejemplos de la “potencia gratuita del amor y el sufrimiento”, evocando la redención por el amor de Raskólnikov en Crimen y castigo de Dostoyevski, o la transformación moral de Jean Valjean en Los miserables de Víctor Hugo.
Un intenso capítulo del libro se consagra a los avatares de la Beatriz literaria, más allá de la figura histórica de Beatriz Portinari. También se dedica la sección final a un “mapa del poema”, una generosa transposición que convierte los versos dantescos en una narración fluida.
Exposición «Dante 700: un retrato de Dante y los lugares del poeta en las fotografías de Massimo Sestini», febrero de 2021 en la iglesia de Santa Maria Novella, Florencia.
Con la ayuda de Bernardo, el poeta se prepara en el cielo para la visión suprema. La larga travesía de Dante siempre aspiró al resplandor de una poderosa visión. El viajero experimenta entonces la luz que desafía cualquier capacidad del lenguaje humano: L'amor che move il sole e l'altre stelle ("El amor que mueve el sol y las demás estrellas"). El amor divino que mueve todas las cosas. Así, Dante brilla en una experiencia totalmente ajena al materialismo contemporáneo: la contemplación del Ser Supremo, ese punto cúlmen en el que el poeta canta: “...fundí mi rostro con el resplandor infinito”.
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