El camino entre un vertedero de Wyoming y una moderna planta de Misuri se ha convertido en una metáfora de las consecuencias impensadas de la energía limpia. Un predio del estado al oeste del país fue diseñado para aislar de forma segura la basura bajo tierra: allí yacen 1.124 palas de turbinas eólicas.
Se trata del vertedero regional de Casper, en Wyoming, que recibió estas palas de unos 36 metros de largo hasta 2020. Las enterraron porque para las autoridades del condado de Casper la fibra de vidrio de estos objetos es un material relativamente inerte y no tóxico.
Como las palas son muy difíciles de reciclar, en los últimos años, diversos programas de ingeniería y reciclaje están invirtiendo en investigaciones para mitigar los desechos. Sin embargo, este y otros vertederos dejaron de recibirlas. Según informa Cowboy State Daily, “los vertederos de los estados de las llanuras del norte, desde Casper, Wyoming, hasta Sioux City, Dakota del Sur, y Lake Mills, Iowa, ya no las quieren”.
Mientras en otros lugares comenzaron a convertir a las palas en elementos de uso cotidiano, la empresa GE Veolia, en Misuri, logró triturarlas hasta convertirlas en materia prima para elaborar cemento.
¿Por qué es tan difícil reciclar una pala de turbina eólica?
La dificultad para reciclar las palas reside en su propia composición, porque no son simples piezas de plástico ni de metal. Están construidas con materiales compuestos, como fibra de vidrio, resinas y, en algunos casos, fibra de carbono y madera de balsa. Esto proporciona la resistencia necesaria para soportar millones de rotaciones y condiciones meteorológicas extremas.
Cada pala de turbina eólica puede medir 36 m de largo y pesar unas siete toneladas. Foto: Rodrigo ARANGUA. AFP.
Un estudio reciente publicado por la organización Science Direct afirma que los residuos de palas de aerogeneradores constituyen un desafío creciente y que las opciones incluyen procesos mecánicos, térmicos y químicos. El Global Wind Energy Council estima que estos residuos podrían pasar de unas 10.000 toneladas anuales en 2025 alrededor de 110.000 en 2030.
Tras un estudio realizado en el vertedero de Sioux City, se detectaron problemas de compactación del suelo y fragmentos. Las palas se cortan en secciones de nueve metros, pero su eliminación nunca pasó del programa piloto del vertedero. Como las normas exigen que los residuos deben convertirse en trozos de 10 cm o menos, los parques eólicos llevan las palas a otro lado.
La multiplicación de estos residuos, símbolo del crecimiento de las energías renovables, llevó a GE Veolia a buscar una alternativa al vertedero. En, Misuri, instaló la primera planta dedicada a cortar y triturar las palas hasta convertirlas en polvo. El secreto: más del 70% de cada hoja está compuesto de sílice, el mismo material con el que se fabrica el cemento.
"Para transformar las palas en materia prima, GE Veolia emplea una solución de coprocesamiento que ya ha demostrado su eficacia en Europa", explica la empresa. Añade que "las palas se trituran y el material resultante se utiliza en los hornos para sustituir el carbón, la arena y la arcilla necesarios para la fabricación de cemento".
El proceso permite reutilizar más del 90 % de cada pala: el 65% como materia prima en las plantas de cemento y el 28% transformado en la energía necesaria para la reacción química en el horno.
En una planta de Misuri, las palas se trituran hasta convertirlas en polvo. Foto: Freya Ingrid Morales. Bloomberg.
Según Quantis US, el efecto neto de este reciclaje constituye una reducción del 27% en las emisiones de CO2 y del 13% en el consumo de agua. Una sola pala de aerogenerador que pesa siete toneladas, reciclada mediante este proceso, permite al horno de cemento evitar el consumo de casi cinco toneladas de carbón, 2,7 toneladas de sílice, 1,9 toneladas de piedra caliza y casi una tonelada de materias primas minerales adicionales.
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