Hay pequeños problemas domésticos que, aunque parecen insignificantes, pueden resultar especialmente molestos cuando se repiten todos los días. Uno de ellos es que la tapa o el asiento del inodoro se desplace hacia los costados cada vez que alguien lo utiliza.
A veces el movimiento es apenas perceptible, pero con el paso del tiempo puede hacerse cada vez mayor. Además de resultar incómodo, un asiento que se mueve demasiado puede terminar dañando las bisagras o incluso desprendiéndose de la taza.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, no hace falta cambiar todo el inodoro ni contratar a un profesional. El problema suele estar relacionado con los elementos que mantienen sujeto el asiento y se soluciona con unas pocas herramientas.
Antes de reemplazarlo, conviene revisar cómo está instalado, comprobar el estado de los tornillos y asegurarse de que el asiento tenga el tamaño adecuado para la taza. Una pequeña tarea de mantenimiento puede ser suficiente para recuperar la estabilidad.
El sencillo método para mantener el asiento firme
Según explica a Southern Living Kendall Craig, responsable del área de fontanería de Fox Service Company, el movimiento suele producirse porque los elementos que sujetan el asiento se aflojan con el uso cotidiano. Los componentes de plástico también pueden deteriorarse y las bisagras de los asientos antiguos pueden deformarse o presentar grietas.
Un baño impecable.
Estos son los pasos a seguir para solucionarlo:
1. Revisar dónde están los tornillos. Levantar las pequeñas tapas que cubren las bisagras y localizar los tornillos que fijan el asiento a la taza. Según el modelo, el mecanismo puede ajustarse desde la parte superior o desde debajo del inodoro.
2. Centrar correctamente el asiento. Antes de apretar los tornillos, colocar el asiento de manera que quede perfectamente alineado con la taza. Si está desplazado hacia un lado, puede sentirse inestable aunque los tornillos estén firmes.
3. Apretar los tornillos. Con un destornillador y, si es necesario, unas pinzas, ajustar los elementos de fijación hasta que el asiento quede firme. No es necesario ejercer una fuerza excesiva: deben quedar bien sujetos, pero sin llegar a forzarlos.
4. Comprobar si continúa moviéndose. Una vez ajustados los tornillos, mover suavemente el asiento hacia ambos lados para comprobar que permanece en su posición. Si todavía se desplaza, puede existir otro problema en las bisagras o en el sistema de fijación.
5. Incorporar almohadillas antideslizantes. Si los tornillos están correctamente ajustados pero el asiento continúa teniendo cierto movimiento, pueden colocarse pequeñas almohadillas de goma antideslizantes en la parte inferior. Estas aumentan la fricción y aportan estabilidad adicional.
6. Revisar el estado de las piezas. Si los tornillos o las piezas de plástico están gastados, deformados o deteriorados, lo recomendable es sustituirlos. Utilizar herrajes desgastados puede hacer que el problema vuelva a aparecer rápidamente.
Si el inodoro falla, es conveniente solucionar rápido el problema.
Uno de los errores más habituales es apretar demasiado los tornillos. Aunque pueda parecer que cuanto más fuerte se ajusten más estable quedará el asiento, ejercer demasiada presión puede romper los componentes o incluso dañar las piezas de fijación.
También conviene no esperar demasiado para solucionar el problema. Un asiento que se mueve puede terminar rompiéndose o provocar una caída. Si después de ajustar y revisar las piezas el asiento continúa flojo, puede ser señal de que llegó el momento de reemplazarlo.
En definitiva, evitar que el asiento del inodoro se deslice no requiere grandes conocimientos. Revisar periódicamente los tornillos, mantenerlo correctamente alineado y sustituir las piezas deterioradas puede ser suficiente para mantenerlo firme y prolongar su vida útil.
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