Ropa sobre una silla, libros acumulados, objetos fuera de lugar y una cama sin hacer. Para algunas personas, una habitación así es simplemente un espacio pendiente de ordenar. Para otras, el desorden parece decir algo sobre quien vive allí. Pero ¿realmente puede conocerse la personalidad de alguien mirando su dormitorio?
La respuesta es más compleja de lo que parece. Los espacios personales pueden contener información sobre sus ocupantes y existen investigaciones que comprobaron que desconocidos son capaces de inferir algunos rasgos de personalidad observando dormitorios y oficinas. Sin embargo, una habitación desordenada por sí sola no permite determinar que una persona sea irresponsable, perezosa o incapaz de mantener una rutina.
La cuestión volvió a ganar atención en las últimas horas a partir de una nota que relaciona el desorden con la falta de constancia y organización, pero también con una mayor creatividad.
La falta de orden en el dormitorio evidencia problemas de constancia y organización personal, a la vez que fomenta el ingenio y la creatividad.
Qué puede revelar una habitación sobre la personalidad
El psicólogo Sam Gosling, de la Universidad de Texas en Austin, lleva décadas investigando las huellas que las personas dejan en los lugares que ocupan.
En un estudio publicado en 2002 en el Journal of Personality and Social Psychology, Gosling y sus colegas analizaron si era posible obtener información sobre alguien observando únicamente su oficina o dormitorio.
Los investigadores compararon las evaluaciones realizadas por observadores que no conocían a los ocupantes con las descripciones que estos hacían de sí mismos y las realizadas por personas cercanas. Los resultados mostraron que algunas impresiones obtenidas a partir de los espacios tenían cierto grado de precisión.
Qué puede revelar una habitación sobre la personalidad.
Una habitación contiene diferentes pistas: fotos, libros, decoración, objetos personales y la manera en que están organizados. Gosling sostiene que las personas modifican consciente e inconscientemente sus ambientes y dejan allí rastros de sus intereses, valores y personalidad.
Pero existe una limitación importante. Los observadores también pueden equivocarse y utilizar estereotipos. El estudio encontró, por ejemplo, que algunos juicios estaban parcialmente influidos por estereotipos relacionados con el sexo y la raza.
El experimento que encontró una ventaja inesperada del desorden
Mantener todo perfectamente ordenado tampoco parece ofrecer ventajas en todas las situaciones. Kathleen Vohs, Joseph Redden y Ryan Rahinel, investigadores de la Universidad de Minnesota, realizaron tres experimentos para estudiar cómo los ambientes ordenados y desordenados podían modificar temporalmente las decisiones de las personas.
El trabajo fue publicado en 2013 en la revista Psychological Science. En el primer experimento, los participantes ubicados en una habitación ordenada eligieron alimentos más saludables y donaron más dinero que quienes estuvieron en una habitación desordenada. Pero el segundo experimento produjo un resultado diferente.
Los participantes debían imaginar distintos usos para pelotas de ping-pong. Las personas que trabajaron dentro de una habitación desordenada propusieron ideas que evaluadores independientes calificaron como más creativas que las generadas por quienes estaban en el espacio ordenado.
Esto no significa que una persona desordenada sea necesariamente más creativa. El experimento estudió el efecto del ambiente sobre una tarea determinada, no si quienes habitualmente dejan su habitación desordenada poseen una personalidad más creativa.
Orden, desorden y decisiones diferentes
Un tercer experimento del mismo trabajo aporta otra pista. Los investigadores presentaron a los participantes distintas opciones y encontraron que quienes estaban en ambientes ordenados tendían a preferir productos descriptos como "clásicos".
Los participantes de las habitaciones desordenadas, en cambio, mostraron una mayor preferencia por una alternativa presentada como "nueva". Los autores interpretaron los resultados como evidencia de que los ambientes ordenados pueden favorecer comportamientos más convencionales, mientras que los desordenados pueden estimular la búsqueda de alternativas menos tradicionales.
Por eso, el estudio cuestiona una división simple entre un ambiente "bueno" y otro "malo". Cada uno produjo ventajas diferentes dependiendo de la conducta analizada.
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