Ropa sobre una silla, papeles acumulados en el escritorio y objetos que permanecen durante días fuera de su lugar. Tener una habitación desordenada puede parecer simplemente una cuestión de hábitos, pero la psicología estudia desde hace años qué información pueden proporcionar los espacios personales sobre quienes los ocupan.
Las conclusiones son más matizadas de lo que podría sugerir una habitación perfectamente ordenada o completamente caótica. Algunos trabajos relacionaron los espacios organizados con características como responsabilidad y constancia, mientras que otras investigaciones encontraron que determinados ambientes desordenados pueden favorecer elecciones menos convencionales y estimular la creatividad.
Por eso, el desorden no permite concluir automáticamente que alguien sea irresponsable, perezoso o tenga un problema psicológico. Lo relevante es observar por qué se produce, si constituye un comportamiento habitual y hasta qué punto afecta la vida cotidiana.
Qué puede revelar una habitación desordenada sobre la personalidad
El psicólogo y profesor de la Universidad de Texas Sam Gosling estudió durante años la relación entre los espacios personales y la personalidad. Sus investigaciones muestran que observar dormitorios y oficinas puede proporcionar información sobre determinados rasgos de sus ocupantes.
En uno de sus estudios, publicado en Journal of Personality and Social Psychology, evaluadores analizaron oficinas y dormitorios de distintas personas e intentaron determinar sus características psicológicas. Los resultados mostraron que algunos rasgos podían identificarse con una precisión considerable a partir de esos ambientes.
El desorden no permite concluir que alguien sea irresponsable, perezoso o tenga un problema psicológico. Foto ilustrativa
Uno de los más visibles era la responsabilidad o escrupulosidad, un rasgo que dentro del modelo de los “Cinco Grandes” de personalidad incluye características como organización, disciplina y orientación hacia los objetivos.
Un espacio ordenado puede ofrecer, por ejemplo, señales de esos hábitos. Pero eso no significa que cada persona desordenada carezca de responsabilidad: un dormitorio constituye solamente una parte del comportamiento y existen numerosos motivos para que alguien no mantenga sus pertenencias organizadas.
Por qué la falta de una rutina puede favorecer el desorden
La nota de AS también recoge la postura del psicólogo canadiense Jordan Peterson, quien relaciona el estado del entorno inmediato con la capacidad para organizar obligaciones y mantener determinadas rutinas.
Peterson popularizó precisamente la recomendación de comenzar por tareas pequeñas y controlables —como hacer la cama u ordenar una habitación— cuando una persona siente que otros aspectos de su vida resultan difíciles de manejar.
Desde esta perspectiva, el problema no sería necesariamente el objeto que quedó fuera de lugar, sino la ausencia de hábitos que permitan impedir que pequeñas tareas pendientes se acumulen.
Sin embargo, establecer una relación directa de causa y efecto sería excesivo. Una habitación puede estar desordenada por falta de tiempo, prioridades diferentes, convivencia con otras personas o simplemente porque su propietario tolera un nivel de desorganización mayor.
El desorden también puede estimular la creatividad
Una de las investigaciones más conocidas sobre el tema llegó a una conclusión diferente. Kathleen Vohs, investigadora de la Universidad de Minnesota, realizó experimentos para determinar cómo influían los ambientes ordenados y desordenados sobre determinadas decisiones.
En uno de ellos, los participantes debían encontrar usos nuevos para pelotas de ping-pong. Las personas ubicadas en una habitación desordenada produjeron ideas que evaluadores independientes calificaron como más creativas, aunque no generaron una cantidad mayor de propuestas.
Otro experimento encontró que quienes estaban en un ambiente desordenado mostraban mayor tendencia a elegir un producto novedoso, mientras quienes permanecían en habitaciones organizadas preferían alternativas más convencionales.
Personas de ambientes ordenados mostraron comportamientos socialmente deseables, como elegir una alimentación saludable.. Foto Shutterstock.
“Los ambientes desordenados parecen inspirar una ruptura con la tradición, lo que puede producir nuevas perspectivas”, explicó Vohs al presentar los resultados.
La investigadora también encontró la contracara: los participantes de ambientes ordenados mostraron determinados comportamientos considerados socialmente deseables, como realizar elecciones alimentarias más saludables y efectuar mayores donaciones.
Cuándo un cambio repentino en el orden puede ser importante
Existe además una diferencia entre haber sido siempre desordenado y dejar repentinamente de realizar tareas domésticas que antes se hacían sin problemas.
Una habitación no funciona como un diagnóstico psicológico.
Si una persona que habitualmente mantenía organizado su hogar comienza a acumular ropa, platos u objetos y al mismo tiempo presenta cambios importantes en su ánimo, energía o funcionamiento cotidiano, el desorden puede ser una consecuencia de otro problema y no un rasgo de personalidad.
Por eso, una habitación no funciona como un diagnóstico psicológico. La evidencia disponible muestra algo bastante más concreto: los espacios personales pueden reflejar ciertos hábitos y características, el orden se asocia con comportamientos más convencionales y disciplinados, y el desorden, en determinados contextos experimentales, puede favorecer respuestas más originales.
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