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Una visita al museo escondido en la Puna a 2700 metros de altura

Una visita al museo escondido en la Puna a 2700 metros de altura

El Museo Entre los Cerros, construido en Jujuy, exhibe una colección permanente de fotografía argentina y latinoamericana. Por qué se creó allí y cómo se convirtió en un punto de e

Lo primero que busqué fue un cartel. Había llegado hasta allí siguiendo la ruta de la Quebrada de Humahuaca, haciéndole caso a una amiga fotógrafa que me dijo: 'Si vas a Jujuy, tenés que conocer este museo'.

Estaba frente a Tilcara, sobre la ruta 9. Pero no había cartel ni señal que anunciara que detrás de ese paisaje se guardaba una colección de fotografía argentina.

Para colmo, los caminos del cerro están vivos como las curvas del río, y no sabía si el GPS estaría actualizado. Pero llegué.

Me esperaba Josefina, la encargada o “todóloga”, como ella misma se define.

-¿Qué hace este museo acá, en el medio de la nada? -fue lo primero que le pregunté.

Josefina me miró y respondió con una sonrisa:

-Quizás está en el centro de todo.

El MEC es el primer museo de la región dedicado por entero a la fotografía argentina contemporánea. Foto: Fernando de la Orden

El Museo entre los Cerros se funde con el entorno. Las salas tienen luz natural, rayos de sol, y bancos que te piden parar un poco.

Es un espacio acogedor donde se puede ver una colección permanente de fotografía argentina y ahora también latinoamericana. Ahí conviven autores como Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd.

Después de recorrer las salas, entré en la biblioteca. Me encontré con una sorpresa: un ejemplar de Guau!, el libro colectivo de fotografías de perros que edité hace algunos años junto a Manuel Fernández y Mariana Zerman.

El MEC fue creado en 2012 por Lucio Boschi y tiene una biblioteca. Foto: Fernando de la Orden.

Estaba bastante maltrecho.

-Lo miran mucho los chicos -me explicó Josefina.

Me dio orgullo. Un orgullo muy distinto al de ver un libro propio en una librería de la ciudad. Prometí mandarle un ejemplar nuevo.

La Colección alberga obras donadas por grandes maestros de la fotografía argentina. Foto: Fernando de la Orden.

Así llegué a Lucio Boschi, el fotógrafo que creó el museo y que vive en Mendoza. Como estaba por viajar a Buenos Aires, nos encontramos en su estudio de Colegiales.

Boschi, de 60 años, nació en la provincia de Buenos Aires y de joven dejó su casa y se fue a vivir al norte argentino. Necesitaba estar solo, salir, ponerse en movimiento. Siguieron otros viajes por el mundo, pero siempre volvía a los cerros.

La fotografía apareció como una forma de sostener ese viaje constante.

En el MEC, la arquitectura de adobe logra que el adentro y el afuera se vuelvan un solo paisaje. Foto: Fernando de la Orden

No estudió formalmente: aprendió haciendo. Llevaba una cámara Nikon FM2 -que es muy gauchita- y un cuaderno donde anotaba cada disparo.

“Prueba y error, mucho rollo, mucho rollo. Al principio fotografiaba en diapositiva color y proyectaba sobre paredes, iglesias o montañas. Llegaba a un pueblo, conocía a un músico y esa misma tarde organizaba una proyección al aire libre”, cuenta Lucio.

Después se pasó al blanco y negro y empezó a fotografiar las ceremonias de los pueblos de los altos Andes. Decidió irse a vivir allí. Subió por la quebrada del río Huichaira, donde hoy se encuentra el museo, hasta un paraje llamado Pocoyo.

Encontró una formación natural que lo impactó y un antiguo oratorio. Compró un terreno y construyó una pequeña casa de barro. Quería vivir de una manera muy austera. No tenía luz, no tenía gas, no tenía nada. Quería vivir con fuego, con la cámara de fotos. Solo ahí, tranquilo.

El Museo en los Cerros desarrolla anualmente una instancia de formación orientada al acompañamiento y desarrollo de proyectos autorales. Foto: Fernando de la Orden

Con los años empezó a integrarse en la comunidad y a retratar a sus vecinos. Esas fotos terminaron en su libro Pueblo de los Andes y comenzaron a venderse en galerías y colecciones internacionales. Pero había algo que le hacía ruido.

-Yo le sacaba fotos a Evarista, una vecina de la zona -dice Boschi, señalando una foto de gran tamaño colgada sobre el sillón-. Las publicaba y las vendía caras en muchos lugares. Y Evarista vivía en un rancho más chico que esta mesa. Puta, ¿qué hago?

Boschi cada semana caminaba una hora hasta el locutorio de Tilcara, el pueblo más cercano. Hablaba con su editor por teléfono, recibía y enviaba cartas.

Ahí trabajaba Facundo, un chico de 16 años que tenía curiosidad por todo. Siempre le hacía preguntas sobre fotografía mientras escuchaba Bach o Björk. Un día le dijeron que se había ido a la ciudad y no lo vio más.

Un espacio de arte contemporáneo único en la región. Foto: Fernando de la Orden

“Al tiempo me invitan a dar una charla en Buenos Aires, y cuando salgo aparece Facundo. Y me dice: Usted jorobó tanto con la fotografía que me vine a estudiar.”

¿Qué responsabilidad tenemos con la gente que fotografiamos? Es una pregunta que tarde o temprano aparece en el trabajo de cualquier fotógrafo. ¿Tenemos derecho u obligación de intervenir frente a lo que vemos?

Me río cuando pienso en el meme “viajero en el tiempo mata una mosca” y cambia la línea temporal. ¿Alcanza con mostrar distintas realidades para que otros se ocupen de ellas?

Boschi quizás encontró su respuesta con el museo. Hizo la ruta inversa: durante años había llevado las imágenes del norte al resto del mundo. Ahora era el momento de traer la fotografía de vuelta a la montaña.

El MEC en Jujuy es un espacio comunitario creado para despertar inquietudes y promover el desarrollo artístico local. Foto: Fernando de la Orden

Su amigo Marcos López lo conectó con otros fotógrafos. Enviaron cartas pidiendo la donación de una obra. Todos dijeron que sí. Coleccionistas y galeristas -a quienes había conocido a lo largo de sus viajes- también sumaron apoyo. Así reunió una gran colección de fotografía para exponer en ese lugar.

Al principio no iba nadie. Boschi decidió no promocionarlo, guiado por una intuición cercana al Land Art: que la obra simplemente estuviera allí, integrada al paisaje, y que el público llegara por descubrimiento. Primero fueron los chicos de la escuela vecina. Después los guías locales, el boca a boca y grupos de fotógrafos de todo el país. Con el tiempo llegaron curadores y directores del MoMA, el Guggenheim y la Tate. Todo eso sin un solo cartel en el camino.

El arte de la fotografía dialoga con la inmensidad de los cerros de Huichaira. Foto: Fernando de la Orden

Hoy el museo creció: sumó biblioteca, talleres, residencias artísticas y un programa gratuito de formación para jóvenes fotógrafos de las provincias. Ya no se trata solo de conservar fotografías, sino de generar encuentros alrededor de ellas.

Boschi habla del lugar como una fogata en la montaña. En las comunidades, la fogata hace que la gente se acerque despacio, busque calor y empiece a conversar.

No hace falta nada más: alcanza con dejarla arder y esperar a que alguien vea la luz.

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