Antes de los Grand Slam y las finales épicas, Carlos Alcaraz era simplemente Carlitos: un chico que corría por el patio del colegio El Palmar, en Murcia, con la misma determinación que hoy lo define en las canchas. Sus ex profesores lo recuerdan con claridad y sin dudas: era tan bueno en el deporte como en el aula.
Loli Moreno fue su tutora en quinto y sexto de primaria. Carlos Bocanegra fue su profesor de Educación Física. Ambos hablaron en distintos programas de televisión sobre cómo era aquel alumno que el mundo hoy conoce como uno de los mejores tenistas del planeta.
"Allí en el colegio, todos sabíamos que iba a ser un fenómeno. Teníamos mucho contacto con su padre y nos iba contando sus logros", dijo Bocanegra en el programa Zapeando.
Moreno describió a un chico con los tiempos al límite, pero con una disciplina fuera de lo común para su edad. "Era muy buen estudiante. Ha sido muy intenso. Tenía los tiempos muy ajustados y cuando estaba en el cole, estaba centrado en el cole", afirmó la docente.
Tenía los tiempos ajustados pero nunca bajó el rendimiento: volvía de un torneo y salía bien en los exámenes. Foto ilustrativa: AP/Lindsey Wasson.
Esa capacidad de concentración le permitía rendir en ambos frentes. Incluso cuando volvía de un torneo tras varios días de ausencia, podía enfrentar un examen sobre una materia que apenas había podido preparar y obtener buenas notas.
"Este resultado es por todo su esfuerzo desde pequeño. No es suerte, es fruto de la rutina diaria", sostuvo Loli Moreno.
"No quería perder"
La competitividad de Alcaraz no era algo que quedara reservado para la pista. Sus profesores la veían en cada rincón del colegio.
"Carlitos era un fiera en todo. Daba el cien por cien en cada cosa que hacía. Era muy competitivo, no quería perder ni a las chapas", recordó Moreno en diálogo con El Español. Sin embargo, esa ambición no lo volvía arrogante. "Era muy competitivo, pero tiene muy buen corazón", agregó la maestra.
La propia Moreno guardó en la memoria una conversación que resume el espíritu de aquel chico. Cuando le preguntó si tanto sacrificio valía la pena, Alcaraz no dudó: "Sí, quiero ser tenista".
No quería perder ni a las chapas': competitivo, pero con buen corazón, según su maestra de primaria. Foto ilustrativa: EFE/EPA/Sebastien Nogier.
Antes de esa respuesta, el joven le había confesado el nivel de agotamiento que cargaba cada día. "Seño, si es que termino tan cansado que no veo ni los dibujos animados", le dijo, según relató la docente.
Más allá del rendimiento académico y la competitividad, Moreno destacó la calidad humana del tenista. "Carlos es un encanto de muchacho. Siempre está con su sonrisa y con todo el mundo se hace fotos. Nunca tiene mala cara", describió.
"Es un joven que tiene muchos valores. Tiene muchas habilidades, algunas de las cuales las estáis conociendo vosotras ahora, pero otras las tiene innatas en él", cerró la profesora.
Nota generada con inteligencia artificial bajo supervisión y edición humana.
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