22/08/2026 20:41
Eduardo Castex
Titulares
Fernando Cerimedo mandó un mensaje desde la cárcel: "Me destruyeron mi carrera y mi vida" Polémica con el nuevo reglamento de Boca: un constitucionalista cuestionó la prohibición de generar contenido en la Bombonera Medida oficial: el Gobierno de Florida revisará los autos e identificará a todas las personas que no demuestren ser ciudadanos legales Brutal choque frontal en la Ruta 35: ocho personas hospitalizadas, entre ellas una menor Carlos Espí, el gigante desconocido que le dio el triunfo al Real Madrid y salvó a José Mourinho en el debut contra Espanyol Preocupa a los israelíes el debilitamiento del vínculo con los jóvenes judíos estadounidenses Preocupado por el endurecimiento de los aliados, el Gobierno abre la agenda parlamentaria Corrección: REP-GEN ISRAEL-JÓVENES JUDÍOS Fernando Cerimedo mandó un mensaje desde la cárcel: "Me destruyeron mi carrera y mi vida" Polémica con el nuevo reglamento de Boca: un constitucionalista cuestionó la prohibición de generar contenido en la Bombonera Medida oficial: el Gobierno de Florida revisará los autos e identificará a todas las personas que no demuestren ser ciudadanos legales Brutal choque frontal en la Ruta 35: ocho personas hospitalizadas, entre ellas una menor Carlos Espí, el gigante desconocido que le dio el triunfo al Real Madrid y salvó a José Mourinho en el debut contra Espanyol Preocupa a los israelíes el debilitamiento del vínculo con los jóvenes judíos estadounidenses Preocupado por el endurecimiento de los aliados, el Gobierno abre la agenda parlamentaria Corrección: REP-GEN ISRAEL-JÓVENES JUDÍOS
Impacto Castex
NACIONALES

Guerra EE.UU.-Irán: La posición de fuerza y los dos Relojes de Teherán

Guerra EE.UU.-Irán: La posición de fuerza y los dos Relojes de Teherán

La pregunta que divide al régimen no es si resistir sino cuál de las dos cronologías -la militar y la económica- se agota antes.

Cuando un gobierno anuncia que quiere terminar una guerra desde una posición de fuerza, conviene mirar el calendario antes que el mapa. El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, declaró el 21 de agosto de 2026 que era mejor terminar la guerra con Estados Unidos ahora, en una posición de poder y dignidad. Lo dijo ante un auditorio de médicos y agregó que el mundo entero reconocía la victoria iraní. Sin embargo, esta frase es un eufemismo con fecha de vencimiento. Los números de la economía iraní indican que la posición dominante se degrada cada semana y que Pezeshkian lo sabe mejor que nadie, porque su cargo consiste en administrar esa economía.

La guerra comenzó a fines de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán. En los primeros golpes murió el líder supremo Alí Jamenei y lo sucedió su hijo Mojtaba. Desde entonces el conflicto se asentó en un empate peculiar donde Irán mantiene parcialmente cerrado el estrecho de Ormuz, el paso marítimo por donde sale buena parte del petróleo del mundo, y Estados Unidos responde con un bloqueo naval sobre los puertos iraníes. Hubo un memorando de entendimiento en junio para reabrir el estrecho por etapas, pero se cayó entre acusaciones mutuas y el 13 de julio Washington reimpuso el bloqueo sobre los barcos y los puertos del país asiático.

En Teherán no discuten halcones contra palomas, sino dos relojes. Por un lado está el tiempo militar que corre a favor de Teherán, y mientras Ormuz siga cerrado, el petróleo mundial se encarece, los aliados de Washington sufren y el estrecho funciona como rehén. Por el otro, lo económico corre en contra ya que cada semana de bloqueo vacía las reservas, hunde la moneda y encarece la comida. La pregunta que divide al régimen no es si resistir sino cuál de las dos cronologías se agota antes.

Los números del reloj económico distinguen tres flujos que suelen confundirse, lo que Irán carga en sus puertos, lo que China recibe y lo que se vende desde los barcos ya cargados. Del primero, Irán cargaba unos 2 millones de barriles diarios al comienzo de la guerra, con un promedio de 1,4 millones durante 2025, y en agosto cargó desde sus puertos un promedio de 287.000 barriles por día, una fracción mínima de aquello.

Del segundo, China, comprador de un 90% del petróleo iraní exportado, recibió en agosto unos 523.000 barriles diarios, contra más de 1.700.000 al comienzo de la guerra. La brecha entre lo que Irán carga y lo que China recibe revela el tercer flujo. Ese petróleo no sale de Irán, sino de un colchón flotante con barcos cargados antes del bloqueo y durante la tregua, anclados en aguas de Malasia y Singapur. Ese colchón bajó de más de 100 millones de barriles a unos 80 millones y, según los rastreadores de buques, de los 40 millones almacenados cerca de Singapur quedaban sin vender apenas 2 cargamentos, unos 4 millones de barriles. El colchón se acaba y no hay forma de rellenarlo sin cruzar el bloqueo.

La moneda cuenta la misma historia desde adentro. El 1 de enero de 2026 un dólar valía alrededor de 1.350.000 riales en el mercado libre de Teherán, en agosto pasó a cerca de 1.880.000. La inflación interanual llegó al 88% y la de los alimentos superó el 105%. El gobernador del banco central, Abdolnaser Hemmati, admitió en público que las exportaciones de petróleo estaban detenidas y que los estadounidenses congelaron las reservas en divisas del país. Cuando el banquero central de un país en guerra dice eso ante micrófonos, no informa, pasa a una negociación por otros medios.

Si las exportaciones ya son casi cero y las reservas ya están congeladas, qué agregan las sanciones nuevas. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció un golpe doble, el bloqueo más las sanciones más duras de la historia, con el objetivo declarado de colapsar al régimen, y convocó una conferencia de prensa para el lunes 24 de agosto para detallarlas y todo indica que la respuesta tiene nombre propio: China. Bessent no reveló la arquitectura de las medidas, pero el margen disponible es uno solo. Lo que queda por sancionar no está en Irán sino en sus compradores, las refinerías independientes chinas y sobre todo los bancos que financian ese comercio, hasta ahora intactos. Bessent le pidió a Pekín que se sumara al programa y recordó que las importaciones chinas dependen del Golfo para cerca de la mitad de su energía. El detalle es de agenda porque Xi Jinping tenía prevista una visita a Washington en septiembre. Sancionar a los bancos chinos un mes antes de recibir a Xi es apostar la relación bilateral entera a doblegar a Teherán. Ese cálculo, y no el sufrimiento iraní, decidirá si las sanciones del lunes son historia o ruido.

Del lado iraní, el régimen ya contestó cuál reloj prefiere mirar. Mojtaba Jamenei nombró a Mohsen Rezaei, antiguo comandante de los Guardianes de la Revolución, como jefe máximo de la seguridad nacional. Rezaei es el funcionario que sostiene en público que Ormuz no reabrirá mientras haya fuerzas estadounidenses en el Golfo y que la guerra terminará cuando Washington pague compensación total y ofrezca garantías absolutas. Su ascenso inclinó la balanza contra los negociadores y dejó el llamado de Pezeshkian en sólo la opinión de un administrador. El presidente de la república islámica maneja el presupuesto pero no maneja la guerra.

Queda el contraargumento iraní porque el estrecho funciona como rehén, con los cruces diarios de buques rondando las dos cifras cuando promediaban los 130. Y el colchón flotante todavía rinde porque los barriles ya comprometidos con China le reportaban a Irán unos $1.500 millones de dólares por mes a los precios vigentes. Irán soporta sanciones desde 1979 y su sistema político puede absorber costos que tumbarían a un gobierno electo. Pero $1.500 millones mensuales que se agotan no financian una guerra, sólo alcanza para una despedida.

Hay una asimetría final que decide la partida porque los dos relojes no solo corren en direcciones contrarias, también van a velocidades distintas. El costo económico es acumulativo e irreversible, cada barril vendido del colchón no vuelve y una semana sin divisas se suma a la anterior. La presión de Ormuz, en cambio, es decreciente porque los compradores buscan otros proveedores, ajustan rutas e inventarios, y el mundo aprende a vivir con el estrecho cerrado. Irán no aprende a vivir sin divisas, y su arma es un stock que se agota frente a un mercado que es un flujo y se adapta.

La posición de fuerza existe, pero es un activo que se deprecia, como el colchón de barriles que la sostiene. Los gobiernos no anuncian negociaciones desde la fuerza porque sólo lo hacen cuando descubren que la ventaja tiene fecha.

Las cosas como son.

Comentarios

Debes iniciar sesion o registrarte con una cuenta de lector para comentar.

Todavia no hay comentarios aprobados.