22/08/2026 19:24
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¿Qué encontrará León XIV cuando venga a la Argentina?

¿Qué encontrará León XIV cuando venga a la Argentina?

La historia de la Iglesia católica enseña que las visitas del Sucesor de Pedro no son solo paréntesis emocionalmente importantes: son siembra a largo plazo.

La Santa Sede confirmó el pasado 5 de agosto que León XIV realizará un viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre de 2026. Y entre el 8 el 11 de noviembre pisará suelo argentino. Será la primera visita papal a nuestro país desde 1987 y la primera de este pontificado a América latina. Algunos “comentaristas del fracaso” han aprovechado el anuncio para dibujar el retrato de una Iglesia argentina y la fe de los argentinos —como poco— en decadencia: caída de la práctica religiosa, seminarios vacíos, episcopado dividido. Es una lectura posible pero también parcial. Conviene, con serenidad y sin triunfalismos, poner sobre la mesa el cuadro completo.

El informe del Pew Research Center publicado el 21 de enero de 2026 —el mismo que se invoca para hablar de "declive"— contiene hallazgos muy interesantes:

• El 90% de los argentinos cree en Dios.

• El catolicismo sigue siendo, por lejos, la religión más grande de la Argentina y de toda la región, con el 58% de los adultos argentinos identificándose como católicos.

• Incluso los "sin religión" argentinos creen mayoritariamente en Dios (62%).

Y un dato decisivo para desarmar la tesis del supuesto "fracaso del efecto Francisco": según la World Religion Database citada por el propio Pew, el descenso de la afiliación católica en América Latina viene produciéndose de manera sostenida al menos desde los años 70, en todos los países de la región y bajo todos los pontificados. Y llama la atención el país donde la caída fue menor de los seis estudiados: Perú (9 puntos), precisamente la tierra donde Robert Prevost —hoy León XIV— trabajó como misionero y obispo durante décadas. Si algún "efecto" personal cabe leer en las estadísticas, es más bien alentador, ¿verdad?

El cuadro comparativo 1980–2020 de datos.celam.org que acompaña las lecturas pesimistas merece una segunda interpretación, porque buena parte de esos números describe una Iglesia que creció en capilaridad y servicio:

• 720 parroquias más y más de 5.000 nuevos centros pastorales

• 10 diócesis nuevas

• El diaconado permanente (hombres laicos casados que forman familia con hijos y nietos) pasó de 36 a más de 1000

• El número de sacerdotes se mantuvo estable (5.450 → 5.530)

• Cada año se celebran en Argentina 442.000 bautismos, 267.000 primeras comuniones y 197.000 confirmaciones.

¿Hay caída en la práctica sacramental respecto de los años 80? Sí, y sería muy deshonesto negarlo: es la misma tendencia de todo Occidente, de Polonia a España, de Italia a Estados Unidos. Pero el retrato completo no es el de un derrumbe: es el de una Iglesia que, con menos "catolicismo sociológico", conserva una base sacramental masiva y una estructura de cercanía mucho más densa que hace 40 años.

Si se quiere saber qué encontrará León XIV en Argentina conviene mirar atentamente la fe en marcha en los pies de los peregrinos. En octubre de 2025, la 51ª Peregrinación Juvenil a Pie a Luján —60 kilómetros desde Liniers hasta la Basílica— fue, según el propio Santuario, la más multitudinaria de los últimos 25 años, con una participación que superó todas las expectativas: el “numerómetro” osciló entre el medio millón y el millón de personas, sostenida por más de 5500 voluntarios y un centenar de puestos sanitarios y de apoyo. Sumemos la lluvia: miles caminaron toda la madrugada bajo el temporal sin abandonar.

Cada año, el 7 de agosto multitudes acuden a los templos que veneran a San Cayetano, la piedad popular que el Documento de Aparecida (2007) describió como "verdadera espiritualidad encarnada". Esa fe no aparece en las encuestas de afiliación, pero es la que llenará la Avenida del Libertador, la fábrica de aviones en Córdoba y la explanada de Luján en noviembre, que no quepan dudas. El precedente histórico es elocuente: en 1987, un millón de personas colmó la 9 de Julio para la misa de cierre de Juan Pablo II, en una gira que reunió a cerca de 4 millones de argentinos y que incluyó la primera Jornada Mundial de la Juventud celebrada fuera de Roma. Nada indica que 2026 será distinto.

Quienes sugieren que los viajes papales "sirven para poco" tienen un contraejemplo muy reciente. En la visita de León XIV a España en junio de 2026, más de medio millón de personas formalizaron su inscripción para los actos, más de 24 000 voluntarios de todas las edades se ofrecieron para servir —superando largamente las previsiones de la organización—, unos 4500 periodistas solicitaron acreditación y en Madrid se esperaba un millón y medio de asistentes a los actos centrales.

Ese es el patrón de este pontificado: allí donde va, León XIV convoca. Y en Argentina —al igual que en Uruguay y, por supuesto, Perú— la movilización ya comenzó: la Conferencia Episcopal constituyó una Comisión Nacional y un Equipo Coordinador General de la visita, con áreas de comunicación, logística, voluntariado y liturgia, e invitó a una colecta nacional para que la visita sea sostenida por el aporte de todo el pueblo fiel, el modo más evangélico de financiar un acontecimiento de fe.

¿Faltan cosas? Sí, claro, y es evidente pero se está trabajando. El sector hotelero y turístico de Buenos Aires, Córdoba y Luján ya anticipa ocupación plena, y hasta los analistas de comunicación seculares describen la gira como uno de los mayores acontecimientos del año para la proyección internacional del país. El presidente de la Nación calificó la confirmación del viaje como una "visita histórica". Cuando Iglesia, Estado y sociedad civil coinciden en el entusiasmo, algo más que "emotivismo" está ocurriendo.

Nada de lo anterior implica negar los problemas. La pastoral vocacional argentina atraviesa una hora difícil, como la de casi todo Occidente; hay heridas recientes en algunas diócesis que necesitan sanación; existen tensiones internas que el propio León XIV, un Papa que ha hecho de la unidad y la paz su programa, conoce bien. En los planes de la visita no aparecen todos los destinos deseados y muchos están dolidos por eso. Precisamente por eso la visita importa. León viene a vernos a todos, todos, todos, tendiendo puentes de respeto entre la gente, él mismo y también con el recuerdo agradecido al Papa Francisco.

La historia de la Iglesia católica enseña que las visitas del Sucesor de Pedro no son solo paréntesis emocionalmente importantes: son siembra a largo plazo. El encuentro con el Papa confirma la fe (Lc 22,32): ese es su sentido teológico y también su efecto histórico verificable. Reducir el viaje a "bonitos discursos diplomáticos", “rosca eclesial” o “figurones que buscan notoriedades efímeras” es no haber estado nunca en una misa papal a las cinco de la mañana, entre familias que viajaron toda la noche para ver al Papa diez segundos. Y rezar y agradecer y pedir y volver a agradecer.

En noviembre, cuando el papamóvil avance entre la multitud por la Avenida del Libertador, se abra paso entre el pueblo cordobés que sabrá recibir con corazón caliente a los peregrinos del centro-norte y las campanas de Luján de la casa de María suenen recibiendo a Pedro, ¿qué verá León? Un pueblo de fe, imperfecto sí y herido como todos, pero vivo, de pie y en marcha.

Virginia Bonard es periodista y escritora, coordina Prensa & Comunicación de la Comisión Nacional de Adicciones y Drogadependencia de la Conferencia Episcopal Argentina. En colaboración con José Illanes Fernández para la obtención y corroboración de los datos.

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