Después de catorce años de trabajo se publicó una edición completa en español del Talmud Babilónico, una colección de ensayos que resume la sabiduría de la Halajá –ley judía– escrita por los sabios del pueblo de Israel aproximadamente entre el siglo III y el siglo VI. Esto quiere decir que no fue redactado de una sola vez, sino a lo largo de todo ese tiempo. El Talmud es una de las obras fundamentales del pensamiento religioso y jurídico judío, fue estudiado a lo largo de la historia en hebreo y arameo. Su traducción al español abre la posibilidad a que quienes no manejan esos idiomas tengan posibilidad de abordarlo.
El Talmud Babilónico completo en español tras 14 años de trabajo, impulsado por el Instituto Hamaor y dirigido desde Jerusalén por el rabino Daniel Bitton. Foto: redes sociales.
Roberto Goldfarb, uno de los impulsores de la iniciativa, destacó que el proyecto surgió de “una convicción muy profunda, en la que el conocimiento no debe estar limitado por el idioma ni por cualquier otro tipo de dificultad o impedimento” y agregó que, durante años, él y los demás colaboradores de la publicación –el Instituto Hamaor y el rabino Daniel Bitton, de Jerusalén, a cargo de la dirección y coordinación académica– veían que muchas personas “querían acercarse al Talmud, pero no encontraban el camino”.
La intención entonces fue la de “abrir esa puerta, sin simplificar el contenido, pero haciéndolo verdaderamente comprensible”, para toda persona interesada en recorrer esos escritos y adquirir sus enseñanzas.
El Talmud de Babilonia, que en el caso de esta nueva colección cuenta con un enfoque pedagógico destinado a difundir uno de los corpus más complejos de la tradición judía, fue escrito en gran medida como comentario a los conocimientos transmitidos por generaciones anteriores de eruditos en relación a la Mishná –la base de la ley judía oral o rabínica– y la Guemará, su exégesis, una ampliación comentada durante tres siglos por los Sabios de Babilonia. La Mishná original está en hebreo y es un comentario sobre el Pentateuco, la Torá, que narra los orígenes de la humanidad, la historia de los patriarcas y la formación del pueblo de Israel.
“El Talmud no es un libro, no es una obra, es más bien una literatura”, dice Jordán Raber, Rabino de la comunidad Bet El, del barrio de Belgrano. “En el ámbito de los estudios judaicos se habla de la literatura rabínica, cuya piedra basal es el Talmud, que en ese sentido no es sino un compendio de tradiciones orales ó, más técnicamente, de inquisiciones legales y escolásticas, que se difundieron en los distintos ámbitos rabínicos entre el siglo I de la Era Común y el siglo VI de la Era Común”, sigue Raber.
Colección de discusiones y tradiciones
Y agrega que el Talmud “es una colección de discusiones y tradiciones que se forjaron al interior del claustro rabínico”, y que “cuando se habla de los rabinos, no hay que imaginarse los rabinos de hoy, hay que imaginarse gente que sabía de verdad. El rabino en el término técnico; los maestros de la ley oral”.
Consultado por su primer acercamiento con el Talmud, Daniel Colodenco, investigador y exprofesor de Pensamiento Judío del Seminario Rabínico Latinoamericano, responde que fue durante su etapa como estudiante de la escuela secundaria, que cursó durante las mañanas en un colegio del Estado y, por la tarde, en una institución ortodoxa que pertenecía a la sinagoga conocida como Gran Templo Paso, en el barrio del Once.
“Siendo yo una persona absolutamente secular –mis padres también lo eran– tenía sin embargo la sensación de que me iba a interesar”, cuenta Colodenco. “Me convocaba en gran medida la aproximación a las fuentes judías y realmente no me equivoqué, era un acercamiento muy inteligente al tema”, considera, antes de recordar una sorprendente anécdota vinculada al Talmud, y su aprendizaje de la obra a partir de tercer año.
El Talmud Babilónico completo en español tras 14 años de trabajo, impulsado por el Instituto Hamaor y dirigido desde Jerusalén por el rabino Daniel Bitton. Foto: redes sociales.
“Lo primero que preguntó el profesor fue si habíamos llevado las mallas. Y yo pensaba ‘¿de qué está hablando?’. Es una metáfora medio extraña: ‘La mejor definición del Talmud es que es un mar’, dijo el profesor. Y agregó: ‘Para entrar en el Talmud hay que bañarse en él, y realizar una tarea de inmersión. Porque es tan vasto, y la literatura talmúdica es tan amplia que solo puede compararse con un mar o con el universo’. Eso fue algo que no olvidé nunca”.
Colodenco dice que aquella sensación de estar adentrándose en un terreno tan extenso como inabarcable lo acompañó luego durante toda su vida. “La posibilidad de reflexionar acerca de cómo reconocer después distintas orillas, distintas aguas, navegar por algunos textos, y tener la sensación de que uno se queda corto, nunca recorre la totalidad de ese mar, es algo que me quedó para siempre. A su vez, aprendíamos arameo para entender mejor la Guemará; tanto dentro del Talmud de la Tierra de Israel como en el de Babilonia, el texto más intenso, más extenso, más populoso está escrito en arameo; solo la parte Mishná del talmud está escrita en un hebreo bastante moderno, bastante parecido al que hablamos hoy en día”.
“Gran parte de la literatura rabínica funciona como una hermenéutica”, afirma Raber. “Una hermenéutica es una metodología de interpretación de textos anteriores, preexistentes”, explica, y agrega que el Talmud o la literatura rabínica corren en dos ejes: uno de ellos atraviesa e interpreta las escrituras, y el otro va en paralelo y de manera independiente a ellas.
“Es decir: existen tradiciones orales cuyo propósito es interpretar versículos, historias o normas que aparecen en la Torá y en la Biblia en general, y otro conjunto de tradiciones orales que, sin tener necesariamente un vínculo directo con la Torá o con la Biblia, son consideradas vinculantes al interior del claustro rabínico”.
La gran enseñanza, sostiene Raber, la “gran gesta” del Talmud y de la literatura rabinica en general es “la idea de la centralidad de la pluralidad: de voces, ideas, lecturas, interpretaciones, concepciones y convicciones. El Talmud es el libro de la pluralidad y la diversidad de ideas por excelencia. Es un libro que registra las posiciones minoritarias e incluso disidentes, también cuando esas posiciones son desestimadas por el claustro en la literatura rabinica”.
La presentación de la traducción y explicación completa del Talmud en español se realizó en un evento en el Hotel Alverar. Foto: redes sociales.
Un texto literario y expansivo
“El Talmud tiene mucho de literario, aunque a diferencia de la literatura convencional de occidente, que tiene una fuerte identificación con el autor, que es un protagonista fuerte de la literatura, en el Talmud no hay un autor sino que hay autores”, sostiene Colodenco. “Y no todos están reconocidos, desde el punto de vista del nombre”, dice, y agrega que un alto porcentaje de esos autores no tiene nombre: son autores anónimos.
“Esto es muy importante; se cuenta que tal cosa sucedió pero no se dice quién la cuenta, de dónde viene la fuente”, explica, y agrega que, sin embargo, otra gran parte de la literatura talmúdica sí tiene autor. “La parte del Talmud de Babilonia se terminó de escribir aproximadamente en el año 650. Existieron lectores que establecieron una configuración final, alguien dijo ‘acá termina acá esta aventura multiautoral’.
A partir de ese momento se editó un texto común, algo así como canónico. Pero con muchos autores distintos; esto es interesante porque esos autores no eran contemporáneos. Sin embargo, el Talmud, en su forma muy particular de escritura, los hace interactuar a unos que vivieron en el siglo IV con otros que vivieron en el siglo V y que, obviamente, no se conocieron entre sí”.
El autor del libro Génesis, el origen de las diferencias (Lilmod, 2006), texto en el que conviven los comentarios talmúdicos y rabínicos tradicionales con reflexiones de filósofos actuales, aportes de la historiografía y la arqueología moderna, sostiene que la base del Talmud es la tradición oral. “Uno de los nombres de la literatura rabínica o talmúdica es la ley coral”, afirma Colodenco.
“Da a entender que el Talmud, que es un texto que está escrito, y que uno puede comprar y tener frente a sus ojos en formato electrónico, tuvo un momento en que fue oral. En la literatura judía, el Talmud está caracterizado como “ley oral”, en reconocimiento a su transmisión a través del tiempo de persona a persona. “¿A qué refiere la oralidad?”, pregunta el entrevistado.
El Talmud Babilónico completo en español tras 14 años de trabajo, impulsado por el Instituto Hamaor y dirigido desde Jerusalén por el rabino Daniel Bitton. Foto: redes sociales.
“A la repetición. La base de la educación es repetir de manera constante la enseñanza”. Y agrega: “Obviamente, esto no tiene en cuenta la otra parte de la educación, la interpretativa, que también es central en el Talmud: no es una mera reproducción, repetición, una fotocopia de la Torá, sino que es un texto expansivo. Le ha dado un sentido a la Torá totalmente distinto”.
“La característica distintiva es que todas las ideas tienen lugar, es una marca editorial de los maestros del Talmud”, afirma Raber. “Yo imagino a los editores, que podrían haber hecho caso omiso de todas las posturas minoritarias, y sin embargo no lo hicieron. Porque eso hace al espíritu de la obra”.
El líder espiritual explica que las posturas de los rabinos que se distancian del consenso son registradas en el Talmud “bajo la premisa o la idea de que quizás en algún momento de la historia esa idea ahí expresada pueda llegar a tener lugar o bajo la simple premisa de que esa idea por haber partido de un sujeto pleno con ideas, convicciones y deseos propios merece ser registrada”.
De esta forma, el Talmud en tanto obra reúne las discusiones de los rabinos acerca de diversos temas: desde cuestiones vinculadas a la ley ritual hasta planteos que tienen que ver con búsquedas existenciales.
En el libro Tu ley es mi ley (Colección Amor mundi, 2026), Alejandro Mellincovsky se ocupa de la relación entre la ley propia y la ley del mundo, recuperando un antiguo principio talmúdico: Dina demaljuta, dina –la ley del reino es ley– que, lejos de ser un tecnicismo jurídico, funcionó como un dispositivo histórico para negociar, resistir, adaptarse y convivir en sociedades cambiantes.
Desde esa tradición, él propone preguntas como: “¿Puede haber convivencia sin una ley compartida?”. Y a la vez: “¿Puede una ley seguir siendo legítima si deja de ser justa?”. No son planteos cómodos. Este principio, se dice desde el libro, permtió al pueblo judío habitar sociedades ajenas sin disolverse en ellas.
El empresario Roberto Goldfarb, impulsor de este proyecto, junto al rabino Bitton. Foto: redes sociales.
Cierra Colodenco: “El tema central en el Talmud o que muchos ven en el Talmud es un texto legal que trata temas importantes y se discute la legalidad, pero no hay una palabra definitiva; no hay una conclusión absoluta, uno no puede decir ‘la verdad es esta’. El Talmud es de alguna manera una discusión abierta, también. Definirlo es algo que limita: el Talmud es incontenible, como el mar”.
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