Mejor olvídense de todo lo que sabían o creían saber sobre Robin Hood. Nada de lo que conocían del héroe medieval inglés, el arquero que vivía en el bosque de Sherwood robando a los ricos para repartirlo entre los pobres y luchando contra el tirano sheriff de Nottingham, porque el que interpreta Hugh Jackman en La muerte de Robin Hood es en verdad un forajido que, en su ancianidad, vive más de remordimientos que de alegrías.
La muerte de Robin Hood se basa en su leyenda, pero más aún en una balada épica inglesa que deconstruía, ya hace siglos, el mito de Robin. Sobre eso mismo Richard Lester dirigió hace 50 años Robin & Marian (1976), con Sean Connery y Audrey Hepburn, que trataba sobre el amor en la tercera edad. Iba a llamarse igual que la película que estrena hoy, pero la gente de marketing le cambió el título. El filme con Hugh Jackman bien merecido lo lleva.
Hugh Jackman, un Robin viejito, atroz y buscando la redención. Fotos Imagem Films
Un Robin Hood despiadadamente violento
No hay historia de amor en el filme de Michael Sarnoski, que es despiadadamente violento y que nos muestra a un Hood que lucha denodadamente por sobrevivir, por venganzas a las atrocidades que cometió en su pasado y que tiene más remordimientos que un pecador el Domingo de Semana Santa.
El propio Robin, que vive en el exilio en medio de colinas azotadas por el frío y el viento, le dice a un personaje con el que se cruza que el mito de que el tal Hood era un romántico no es más que una leyenda.
Michael Sarnoski es un cineasta visceral, que filma sin temor al qué dirán.
Con Jodie Comer y Bill Skarsgård
Como no conviene spoilear nada, solamente digamos que tras una tremenda batalla cuerpo a cuerpo, junto al Pequeño Juan (Bill Skarsgård, Pennywise, el payaso asesino de It), Robin termina en una isla remota, en un priorato donde la Hermana Brigid (Jodie Comer) le cura sus heridas mientras cuida a la hija de Pequeño Juan, Margaret (Faith Delaney). Por allí también hay un leproso (Murray Barlett).
No deja de ser curioso que La muerte de Robin Hood se parezca bastante a Logan, en la que el propio Jackman interpretaba a un (anti)héroe que también cuidaba a una niña. Tampoco que, quienes vieron la multipremiada Pig, la opera prima de Michael Sarnoski no estrenada en cines en la Argentina, descubran que el giro brusco en el relato se le parezca tanto a aquel filme con Nicolas Cage.
Jodie Comer ("Killing Eve" y "Free Guy") es la monja que intenta curar a Robin Hood.
Sarnoski, que entre Pig y La muerte de Robin Hood dirigió Un lugar en silencio: Día uno, es un cineasta visceral, que filma sin temor al qué dirán y que ha encontrado en el actor de Wolverine al mejor intérprete que le cabía a Robin Hood.
Porque Jackman, como en todas sus películas, cabría decir, se apodera de la atención del espectador en cada una de sus escenas. Porque a la inquietud legítima sobre lo que pasará en la próxima toma, que proviene del guion, Jackman le agrega esa entrega y esa intriga que fortalece la curiosidad, el interés del público por seguir la trama.
¿Es posible que un forajido, un criminal se redima?
La pregunta que comienza a campear en la sala es si es posible la redención de un criminal, un bandido, aunque se haya vuelto legendario. No se sorprendan: el paso de un formato panorámico, cuando se cuenta lo épico, a un encuadre casi cuadrado (Sarnoski va del aspecto de encuadre 2.4:1 al de 1.66:1) para reflejar el derrumbe moral de su protagonista, así lo indica.
"La muerte de Robin Hood"
Muy buena
Drama / Acción. Estados Unidos / Reino Unido / Irlanda, 2026. Título original: "The Death of Robin Hood". 122'. De: Michael Sarnoski. Con: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård. Salas: Cinemark Abasto y Palermo, Cinépolis Recoleta y Pilar, Showcase Belgrano, Norcenter, Haedo, Rosario y Córdoba.
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