19/08/2026 17:36
Eduardo Castex 17°
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NACIONALES

Asia-Pacífico, entre China y los Estados Unidos

Asia-Pacífico, entre 
China y los Estados Unidos

En el delicado y paciente arte de aumentar sus grados de autonomía, estas naciones tienen sumo cuidado en otorgar la menor cantidad de concesiones posible

Los países del Asia Pacífico enfrentan el gran desafío de manejar las relaciones con China y EE.UU. estando muy cercanos geográficamente al gigante asiático. Esto implica importantes riesgos en lo militar y en lo económico, y el margen para el error es muy estrecho, si lo comparamos con los países de Sudamérica. Como ejemplos tomamos dos grupos de países. Por un lado Japón y Corea del Sur, y por el otro Indonesia, Vietnam y Malasia.

Japón y Corea del Sur tuvieron conflictos militares directos con China y tienen hoy el apoyo militar directo de EE.UU., al que responden con un alineamiento militar incondicional. Es importante señalar que no existen, como en Europa, instituciones multilaterales genuinas de seguridad, sino acuerdos bilaterales entre EE.UU. y los diferentes países de Asia. En un contexto mucho más inseguro que Sudamerica, algunos de estos acuerdos son ambiguos en cuanto a las garantías de seguridad que EE.UU. debe prestar. Y esta ambigüedad puede magnificarse dado el estilo transaccional de Donald Trump.

Pero tanto Japón como Corea del Sur buscan desarrollar mayores grados de autonomía en lo económico con respecto a EE.UU. y China. Se entiende a la autonomía (del griego auto ”uno mismo” y somos “norma”) como el mayor nivel de libertad posible, es decir la capacidad de una unidad política para darse reglas a si mismo o de tomar decisiones sin intervención o influencia externa.

Sin embargo, Japón depende en gran parte de China para su prosperidad, un importante destino de sus inversiones y su principal socio comercial. Pero ex-pande sus centros y cadenas de producción en el sudeste asiático, Europa y America, diversificando riesgos e ingresos.

Por su parte, Seúl procura en lo económico “diversificar sin alienar” a Washington. Profundiza relaciones con el sudeste asiático, Japón y Europa, sin excluir o ser agresivos con China. Se busca alinear la diversificación con necesidades estratégicas cómo asegurar su resiliencia energética y sus cadenas de aprovisionamiento.

Lo interesante es que si estos dos países procuran una mayor autonomía en lo económico, en lo militar deben conformarse—dado su alineamiento incondicional— con una situación de heteronomía. Es decir, convivir con una cantidad de reglas que le son impuestas. Esto ha afectado sus doctrinas de defensa, sus estrategias de equipamiento militar y hasta el optar por no desarrollar armas nucleares.

A su vez, también ha tenido efecto hasta en lo económico, ya que ciertos acuerdos comerciales desbalanceados con Washington son parte del precio por la seguridad que esta brinda. Así, se muestran más dispuestos a aceptar los modos de la diplomacia asimétrica de EE.UU.

Por su parte Indonesia, Vietnam y Malasia —miembros de ASEAN—dan gran importancia a sus grados de libertad y autonomía. Y siendo ex-colonias euro-peas, entienden a la autonomía como el grado de independencia respecto a las grandes potencias del momento. Muy conscientes de la cercana presencia de China, Indonesia implementa una política exterior libre y activa (Bebas dan Aktif), Malasia una independiente y equidistante, y Vietnam la diplomacia del bambú: “puede doblarse pero no quebrarse” ante las grandes potencias.

Estos tres países buscan diversificar sus relaciones para preservar/expandir sus grados de autonomía. Para Indonesia “un enemigo es demasiado, 1000 amigos son pocos”. Vietnam procura no depender de China, EE.UU. y Rusia, diversificando relaciones con Japón Corea del Sur, otros países de ASEAN y Europa. Malasia implementa una pragmática diversificación, mientras defiende su macro-neutralidad y se resiste a tener que elegir entre las potencias. Así, estas tres naciones implementan una estrategia de “hedging”, es decir cubrir sus apuestas, evitando depender de China o EE.UU., y teniendo relaciones con la mayor cantidad posible de países.

Un elemento vital para mantener su autonomía económica es el alto nivel de reservas que poseen. Esto fue una enseñanza de la crisis financiera de 1997, donde Indonesia enfrentó graves problemas, y Malasia escogió acertadamente seguir su propio camino, sin aceptar la ayuda del FMI. El nivel de reservas de estos países varía entre el 11% (Indonesia) al 27% (Malasia) del PBI.

Aunque aprovechan los beneficios económicos que China ofrece, los tres países temen caer bajo la influencia de este gran hegemón regional. Por ello reconocen la importancia de la presencia militar norteamericana en la región —en su rol de balanceador “off-shore”—. Pero EE.UU. no puede contar con su apoyo automático, siendo Vietnam el ejemplo más claro con su enfoque de los “3 No”: a alianzas militares, a alinearse con una potencia contra la otra, y a tener bases militares extranjeras.

En el delicado y paciente arte de aumentar sus grados de autonomía, todas estas naciones tienen sumo cuidado en otorgar la menor cantidad de concesiones posible. Y en general evitan dar más concesiones de las que le pida alguna de la dos potencias. Por ello, un gran desafío es no sobreactuar en cuanto a las posiciones que se toman, con la idea de agradar a cualquiera de las dos.

Otro reto mayúsculo es determinar cuales son las demandas reales de las potencias —incluyendo sus “líneas rojas”—. Se debe evitar la proliferación de “supuestas” con-diciones, que pueden provenir de las diferentes ramas de gobierno de EE.UU. o China, sin ser las prioritarias. Entender este aspecto es crítico para lograr en la práctica más grados de autonomía. w

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