El Fortín Chacabuco es una histórica reserva natural y estancia productiva, ubicada sobre la Ruta Nacional 237 (km 1628), en el límite de la precordillera patagónica de la provincia de Neuquén.
A finales del siglo XX, Sam Gary, filántropo estadounidense, adquirió la Estancia Fortín Chacabuco, luego de que los descendientes de los pioneros originales (George Newbery y Fanny Taylor) vendieran la propiedad a un familiar de origen alemán.
Un gaucho dirigiendo su ganado a través de los pastizales en el campo. Foto: Generada con IA.
Posteriormente, en 2016, el filántropo estadounidense decidió donar el establecimiento a The Nature Conservancy, una organización ambiental. Sin embargo, Gary impuso condiciones para poder desarrollar un sistema de producción para poder recuperar los pastizales y conservar la naturaleza, pero sin descuidar la actividad ganadera.
Durante los primeros años, la estancia llegó a tener 1.000 ovejas y 100 vacas. Sin embargo, los ataques de depredadores silvestres y los problemas sanitarios asociados a la sarna llevaron a vender todo el ganado ovino y concentrar la producción en la actividad bovina.
En la actualidad, la estancia cuenta con 4.500 hectáreas y logró un 46% la materia orgánica del suelo en 5 años.
Un gaucho arreando su ganado a través de los pastizales. Foto: Generada con IA.
Cómo cambió el suelo de la estancia Fortín Chacabuco en cinco años
En el Fortín Chacabuco se implementó un sistema llamado manejo holístico para recuperar los pastizales, que consiste en organizar el pastoreo de modo que los animales no permanezcan demasiado tiempo en un mismo sector del terreno.
De esta manera, en 2014, Sam Gary dividió la estancia en 20 potreros para lograr rotar el ganado. Con esta técnica, los pastizales podían descansar y recuperarse antes de que los animales volvieran a alimentarse en ellos.
El ganado ovino en el Fortín Chacabuco, provincia de Neuquén.
En 2019 se registró un aumento del 46% en la materia orgánica del suelo en comparación con los análisis tomados cinco años antes para verificar las condiciones del suelo con el nuevo sistema que implementaron.
A su vez, la recuperación de los suelos permitió que el campo duplicará su productividad, pasando de poder alimentar a 1.800 ovejas equivalentes a 3.600 en cinco años, dejando en claro la posibilidad de implementar la actividad ganadera y conservar el ecosistema al mismo tiempo.
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