Los expertos en psicología estudiaron qué ocurre cuando una persona cruza los brazos mientras conversa, escucha una explicación o enfrenta una situación incómoda.
Aunque suele interpretarse como una señal de enojo, esa postura también aparece en circunstancias que no involucran una discusión.
Los expertos en psicología coinciden: las personas que cruzan los brazos cuando hablan con otros no están enfadadas, sólo buscan concentración y protección
Cruzar los brazos puede estar relacionado con la concentración, la perseverancia o una reacción defensiva. Los estudios disponibles muestran que el gesto tiene diferentes funciones y que no permite identificar por sí solo el estado emocional de alguien.
En 2008, los psicólogos Ron Friedman y Andrew Elliot, de la Universidad de Rochester, publicaron dos experimentos sobre el efecto de esa postura en la resolución de problemas.
En la primera prueba, los participantes recibieron un anagrama imposible de resolver. Quienes mantuvieron los brazos cruzados dedicaron más tiempo a intentar encontrar una solución que aquellos que permanecieron en otra posición.
Las personas que cruzan los brazos cuando hablan, sólo buscan concentración y protección. Foto: Shutterstock.
El segundo experimento utilizó anagramas que sí tenían respuesta. Nuevamente, el grupo que cruzaba los brazos mostró mayor persistencia y consiguió mejores resultados.
Los investigadores comprobaron que las diferencias no se explicaban por cambios en el estado de ánimo, la comodidad física o el cumplimiento de las instrucciones.
El trabajo, publicado en European Journal of Social Psychology, relacionó cruzar los brazos con una mayor perseverancia, especialmente ante una actividad que exige esfuerzo.
Qué descubrieron los psicólogos sobre los brazos cruzados y la protección personal
En 2015, Adam Fetterman, Jessica Bair y Michael Robinson publicaron en Motivation Science una investigación que abordó otra característica de esta postura.
El equipo realizó tres estudios con 242 participantes para analizar la relación entre cruzar los brazos y determinadas respuestas ante situaciones sociales.
En el primero, quienes declaraban adoptar esa posición con mayor frecuencia también mostraban más tendencias a la sumisión interpersonal y mayor inhibición al tomar decisiones sociales.
Qué descubrieron los psicólogos sobre los brazos cruzados y la protección personal. Foto Shutterstock.
Los otros experimentos examinaron qué ocurría cuando las personas recibían la indicación de cruzar los brazos durante distintas tareas. Los resultados relacionaron la postura con pensamientos sobre la vulnerabilidad y con una mayor tendencia a evitar una confrontación antes que responder agresivamente.
Los investigadores interpretaron estos comportamientos como señales de una orientación defensiva. La protección personal podía aparecer sin que existiera necesariamente una reacción de enojo.
El trabajo también mostró una distinción importante: una postura defensiva no equivale automáticamente a hostilidad. Una persona puede adoptar esa posición cuando se siente expuesta o prefiere evitar un conflicto.
Por qué una misma postura puede tener significados diferentes
Los resultados de Rochester y los publicados en Motivation Science analizaron situaciones distintas. En un caso, los participantes resolvían problemas; en el otro, se estudiaban sus respuestas sociales.
Esa diferencia resulta importante para interpretar el lenguaje corporal. El mismo movimiento estuvo asociado con mayor perseverancia en una actividad y con conductas de protección en otra.
También existen investigaciones sobre los efectos de cruzar los brazos en la percepción espacial. Distintos estudios utilizaron tres experimentos para estudiar cómo esta postura modificaba determinadas respuestas sobre izquierda y derecha.
Por qué una misma postura puede tener significados diferentes. Foto: iStock
Los participantes debían realizar juicios espaciales desde su propia perspectiva o desde la posición de otra persona. Algunas respuestas fueron más lentas cuando los brazos estaban cruzados.
Los resultados indicaron que la posición corporal podía modificar el procesamiento de información espacial, incluso cuando los participantes observaban a alguien adoptando esa postura.
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