La anticipación puede marcar una diferencia millonaria para los productores ganaderos que desarrollan su actividad en las islas del río Paraná. Un estudio exploratorio del INTA Paraná determinó que retirar un rodeo de 500 animales en condiciones normales, antes de que una creciente complique la logística, puede representar un ahorro de aproximadamente $9 millones frente a una evacuación generalizada de emergencia.
El incremento equivale a $18.000 por animal y contempla los costos directos de extracción, sin incluir otros gastos asociados al traslado, como el transporte terrestre, la alimentación en los campos receptores, las pérdidas de peso o los eventuales problemas sanitarios.
El trabajo, elaborado por M. Martínez, E. Massa y J. Girard, cobra relevancia ante las perspectivas de desarrollo del fenómeno de El Niño durante la campaña 2026/27. Aunque todavía existe incertidumbre sobre su intensidad y el momento de máxima expresión, los organismos especializados advirtieron sobre una mayor probabilidad de ocurrencia, lo que refuerza la necesidad de planificar la respuesta frente a posibles crecidas.
La ganadería de islas aprovecha pastizales naturales de elevada productividad, pero está condicionada por la dinámica hidrológica del Paraná. Según datos de la Fundación de Lucha contra la Fiebre Aftosa (FUCOFA), durante la primera campaña de vacunación de 2026 se registraron 492.109 cabezas en los departamentos entrerrianos de La Paz, Paraná, Diamante, Victoria, Gualeguay e Islas, que incluyen territorios insulares.
En ese contexto, una creciente puede reducir rápidamente la superficie disponible para el pastoreo, dificultar el arreo hacia los corrales y multiplicar la demanda de embarcaciones, camiones, personal y campos receptores. Por eso, los investigadores subrayan que esperar hasta que la evacuación sea inevitable no solo aumenta los costos, sino que también reduce el margen de maniobra para retirar los animales de manera segura.
No hay una altura del río que sirva para todas las islas
Una de las principales conclusiones del estudio es que no existe una única altura hidrométrica que permita establecer cuándo debe retirarse la hacienda en toda la región. La decisión depende de las características particulares de cada establecimiento: la ubicación, la altura del albardón, la superficie que permanece disponible, la distancia al embarcadero, el acceso a los corrales y la capacidad de transporte.
Para analizar esas diferencias, el INTA relevó tres casos: un establecimiento próximo a Villa Urquiza, otro ubicado en las islas de Victoria y un tercero cercano a Puerto Gaboto. A través de entrevistas con productores y otros actores de la logística ganadera insular, se recopilaron datos sobre existencias, tiempos de arreo, personal, capacidad de las embarcaciones, distancias de navegación, tarifas y disponibilidad de campos receptores.
Los resultados muestran que las consecuencias de una misma creciente pueden ser muy distintas según la ubicación.
En Villa Urquiza, el productor consultado señaló que la pérdida de superficie comienza antes de alcanzar los niveles de referencia definidos para la alerta. En ese caso, los 4,30 metros en el hidrómetro de Paraná se asocian con la pérdida de superficie útil, mientras que los 4,70 metros constituyen una referencia para la alerta interna.
En Victoria, en cambio, se informó que al alcanzar los 4,50 metros en el puerto de Rosario se pierde toda la tierra disponible. Cerca de Puerto Gaboto, la presencia de un albardón permite sostener parte del rodeo hasta alturas mayores —alrededor de los 5 metros en el puerto de Diamante—, siempre que exista suficiente alimento para los animales.
Estas diferencias explican por qué los investigadores recomiendan vincular las mediciones de la estación hidrométrica elegida con situaciones concretas dentro de cada campo. No alcanza con observar el nivel del río: es necesario saber cuándo comienza a reducirse el área de pastoreo, cuándo se interrumpe el acceso a los corrales y cuál es el último momento seguro para iniciar la salida.
Una ventana de evacuación que puede agotarse en pocos días
El tiempo disponible para retirar la hacienda es otro factor determinante. La ventana operativa depende de cuánto falta para que el agua impida el acceso al embarcadero o a los corrales y de cuántos días se necesitan para reunir, cargar y trasladar a todos los animales.
En el caso de Victoria, los entrevistados estimaron que disponen de entre tres y cuatro días para completar la evacuación, mientras que el arreo requiere aproximadamente una jornada. Además, la navegación puede extenderse de 4,5 a 6 horas durante una creciente, lo que reduce la cantidad de viajes posibles.
En Villa Urquiza, por su parte, se necesitan alrededor de tres días para retirar un rodeo de 500 animales. Cualquier demora, falla en la disponibilidad de embarcaciones o dificultad para cargar la hacienda puede comprometer el operativo.
Por eso, el informe destaca la importancia de conocer de antemano la capacidad real de extracción. La cantidad de cabezas que puede transportar una embarcación no debe evaluarse de manera aislada: también hay que considerar el peso total permitido, la duración completa de cada viaje, los tiempos de carga y descarga, las esperas y las restricciones para navegar durante la noche.
La cuenta de una evacuación de emergencia
Para estimar el impacto económico de la demora, los investigadores tomaron como referencia el establecimiento de Villa Urquiza, que aportó información suficiente para comparar personal, viajes y tarifas fluviales. Los valores monetarios corresponden a septiembre de 2026.
El operativo considerado requiere 18 viajes fluviales para trasladar los 500 animales, con una capacidad estimada de 29 cabezas por viaje, además de la participación de 12 personas durante tres días. El jornal utilizado para el cálculo fue de $70.000 por persona.
La comparación entre los distintos momentos hidrológicos mostró que pasar de una extracción en condiciones normales a una evacuación generalizada incrementa los costos directos en aproximadamente $9 millones, equivalentes a $18.000 por cabeza.
El INTA advierte que esa cifra representa un piso del costo operativo, porque no contempla el transporte terrestre, la alimentación en el campo receptor, las pérdidas de peso, los gastos sanitarios, la mortandad, los daños en infraestructura ni el costo de regresar a la isla una vez superada la emergencia.
En otras palabras, la demora puede encarecer el traslado en un momento en el que, además, se vuelve más difícil conseguir los recursos necesarios para realizarlo.
El costo no termina cuando la hacienda sale de la isla
La evacuación tampoco resuelve por sí sola el problema productivo. Una vez que los animales llegan a tierra firme, el productor necesita contar con un campo receptor que disponga de agua, personal, instalaciones, atención sanitaria y reservas forrajeras suficientes para sostener el rodeo durante el tiempo que dure la creciente.
Este componente puede superar ampliamente el costo del flete. Para el establecimiento de Villa Urquiza, el estudio estimó que la alimentación podría pasar de unos $14.000 mensuales por animal en condiciones normales a $3.000 diarios durante la emergencia, equivalentes a $90.000 mensuales.
Para un rodeo de 500 cabezas, ese cambio representa un sobrecosto estimado de $38 millones por cada 30 días de permanencia fuera de la isla.
La duración de la creciente se convierte así en una variable central para la planificación económica. Una evacuación anticipada puede reducir los gastos de extracción, pero también es necesario evaluar cuánto tiempo permanecerán los animales fuera del establecimiento y qué recursos estarán disponibles para alimentarlos.
Qué recomiendan los investigadores
A partir de los casos relevados, el INTA propone organizar la respuesta antes de que las condiciones hidrológicas obliguen a actuar bajo presión.
Entre las principales recomendaciones se encuentran definir una estación hidrométrica de referencia para cada establecimiento y establecer dos niveles de decisión: uno para preparar el operativo y otro para iniciar la salida, ambos anteriores al momento en que se pierde el acceso a los corrales o al embarcadero.
También aconseja actualizar los inventarios por categoría y peso, establecer prioridades de extracción —con especial atención a los vientres próximos a parir y los terneros— y verificar anticipadamente la disponibilidad de embarcaciones, tripulaciones, corrales, camiones y campos receptores.
A esto se suma la necesidad de presupuestar por separado los costos de arreo, transporte fluvial y terrestre, alimentación, sanidad y eventual regreso a la isla, además de mantener reservas forrajeras y acuerdos operativos antes de que la demanda regional limite la disponibilidad de servicios o eleve las tarifas.
Por último, los especialistas remarcan que las decisiones deben apoyarse en pronósticos oficiales actualizados del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el Instituto Nacional del Agua (INA) y la Prefectura Naval Argentina, y no únicamente en la experiencia previa o en información informal.
El trabajo constituye una primera herramienta para transformar los conocimientos de productores, barqueros y puesteros en criterios concretos de planificación. Sus autores señalan que será necesario ampliar la cantidad de casos estudiados, registrar eventos reales y sistematizar los costos por zona, categoría animal y duración de la permanencia fuera de las islas.
La conclusión es clara: anticiparse a una creciente permite conservar días de maniobra, reducir la exposición a tarifas extraordinarias y disminuir el riesgo de que el rodeo quede aislado. Pero esa anticipación debe basarse en las características de cada establecimiento, porque en la ganadería de islas la altura del río es apenas una parte de la decisión.
Todavia no hay comentarios aprobados.