La empresaria Ana Botín lleva 12 años al frente del banco más poderoso de Europa, como presidenta ejecutiva del Banco Santander. Asumió el cargo horas después del repentino fallecimiento de su padre, Emilio Botín, quien murió a los 79 años tras sufrir un infarto en su casa el 10 de septiembre de 2014.
Nieta e hija de los directivos máximos, nació el 4 de octubre de 1960 en la ciudad de Santander, España, y es la tercera generación de la familia fundadora del grupo Santander.
En 2025 la revista Forbes la destacó en el puesto 15 del listado de las 100 mujeres más poderosas del mundo, siendo la única representante española del ranking.
Su camino en el mundo empresarial empezó mucho antes de unirse al consejo de administración en 1989. Se graduó en Economía en el Bryn Mawr College, en Pensilvania, Estados Unidos, y luego de completar sus estudios de posgrado en la Universidad de Harvard inició su carrera profesional fuera de la empresa familiar.
Durante siete años trabajó en el banco de inversión J.P. Morgan en Nueva York y Madrid, donde llegó a ocupar el cargo de vicepresidenta en las áreas de Tesorería y Latinoamérica.
Ana Botín es la presidenta del Banco Santander desde 2014. Foto: AFP
En 1988 ingresó a Banco Santander y durante la década de los '90 desempeñó un rol clave en la estrategia de expansión internacional del grupo hacia América Latina, además de ejercer como consejera delegada de Banco Santander de Negocios.
"Hace diez años no me hubiese definido como feminista, pero hoy sí", dijo la propia Ana en el encuentro "Santander América Latina", celebrado en abril de 2025, donde también habló de impulsar la participación de mujeres en puestos de dirección.
"Durante muchos años se me conoció como 'la niña', cuando mi empresa se fusionó con otra. Los líderes eran entonces todos hombres mayores, todos de los mismos orígenes", detalló sobre el sector financiero de los '80.
El legado de un imperio familiar
En febrero de 2026 brindó una entrevista exclusiva a la cadena estadounidense CNBC en el programa Executive Edge, donde hizo referencia a cómo gestionó las presiones asociadas al legado familiar.
"Tener el apellido que tengo o haber nacido en la familia en la que nací no es un privilegio para dormirse, sino una enorme responsabilidad. Mis padres me enseñaron desde muy pequeña que cuando te dan mucho, se espera mucho más de ti", expresó.
Ana Botín, de 66 años, ocupa roles estratégicos del mundo bancario hace más de tres décadas. Foto: Archivo
"De pequeña me grabaron a fuego que el apellido no era un regalo, sino una responsabilidad", recalcó la empresaria de 66 años, que además es madre de tres hijos, fruto de su matrimonio con el aristócrata e ingeniero agrónomo Guillermo Morenés Mariátegui.
Definió a su madre, la pianista Paloma O'Shea, como la mayor influencia de su vida. "Nos envió fuera a estudiar. Me fui con 13 años de casa, pero yo quería irme antes. Siempre he sido bastante aventurera. Me encantaba conocer sitios nuevos y aun así sentía a mi madre súper cerca", reveló.
Hasta los 30 años fue una trotamundos y pensó en estudiar periodismo, inspirada en la carrera de su tía, Covadonga O'Shea, fundadora de la revista Telva.
"Me dijo que no era buena idea, y al final acabé en JP Morgan. Allí no te contratan si no vales. Mi padre no tuvo nada que ver en eso, ni en mi incorporación al Banco Santander", sentenció cuando estuvo invitada al programa de televisión Planeta Calleja.
En aquella entrevista reconoció que hubo tres años de la relación con su padre que estuvo marcada por tensiones debido a una portada de EL PAÍS Semanal, que protagonizó en febrero de 1999 y que no gustó a directivos de la entidad con la que se iban a fusionar.
"Tras la fusión con el Central Hispano mi padre me llamó y me pidió que me fuera. Hizo lo que tenía que hacer, pero las formas de hacerlo me hicieron bastante daño", señaló.
"Más duro fue que en una junta de accionistas me dijo que le daba igual el valor de la familia, que lo que le importaba era el banco. Fue una situación muy dura", contó.
"Estuve tres años fuera del banco y monté tres fundaciones, creo que si no hubiese sido por eso no estaría aquí. En ese tiempo gané más dinero que en los diez años anteriores", reveló.
"Yo tenía mi vida organizada y mi padre me llamó para ver si quería seguir con eso y ser independiente o volver al banco. La relación con mi padre siempre fue buena, aunque en esos tres años no fue igual. No soportaba cuando en las reuniones me mandaba callar", indicó.
"Nunca sentí que el apellido me diera derecho a nada por sí solo; al contrario, implicaba trabajar el doble para demostrar que estaba ahí por méritos propios y cuando me eligieron para el puesto de mi padre realmente tenía el mejor currículum y estaba calificada", manifestó.
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