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La visita del Papa, una oportunidad para unir a los argentinos

La visita del Papa, una oportunidad para unir a los argentinos

Han transcurrido casi cuarenta años de espera para la visita de un Papa. El autor del artículo, mientras se suma a las oraciones por su pronta recuperación, reflexiona sobre los ca

Por VICTOR VALLE, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE)

Luego de casi cuarenta años de espera, un Papa tiene previsto visitar la Argentina. Mientras me sumo a las oraciones de todos por su pronta recuperación, vuelvo a mirar las fotos de aquella visita de San Juan Pablo II y me emociona recordar el entusiasmo de nuestra gente. Pienso inevitablemente en cuánto cambiamos nosotros, cuánto cambió el mundo y cuánto cambió nuestro país.

En aquellos años, Internet o la inteligencia artificial pertenecían todavía al terreno de la ciencia ficción. Desde el cine, Blade Runner o Robocop hacían volar nuestra imaginación; hoy convivimos a diario con tecnologías parecen salidas de esas películas y que transforman nuestra manera de trabajar, relacionarnos y entender el mundo.

Víctor Valle

En aquel otoño de 1987, San Juan Pablo II se reunió con 8.000 empresarios en el Luna Park y los convocó a asumir su responsabilidad en la construcción de una Argentina más justa, solidaria y próspera, recordándoles que el verdadero progreso no puede reducirse al crecimiento económico, sino que debe estar fundado en valores trascendentes e inspirado en la fe: “El verdadero progreso de esta gran patria argentina no podéis encontrarlo prescindiendo de Dios. Únicamente Él puede dar a vuestro trabajo y a vuestras iniciativas su verdadera dimensión; aquella que da lugar al crecimiento auténtico, expresable no sólo en términos económicos, sino sobre todo en frutos de paz, concordia y solidaridad humana y cristiana.”

Cuatro décadas después, en un mundo nuevamente atravesado por conflictos y divisiones, aquel mensaje conserva una vigencia conmovedora. En pocas semanas esperamos la llegada de León XIV. En mi caso, cuarenta años y cuatro hijos después, vuelvo a vivir la expectativa por la visita de un Papa a nuestro país. Los desafíos argentinos hoy son otros: la pobreza, la desigualdad, las fracturas sociales, la dificultad para reconocernos como parte de una misma comunidad. Al mismo tiempo, existe en muchos argentinos la esperanza de que podamos consolidar el rumbo después de tantos años de incertidumbre.

Enrique Shaw, empresario argentino declarado venerable por el Papa Francisco.

Para quienes somos dirigentes de empresa y vivimos nuestra vocación desde la fe cristiana, esta visita llega en un momento especialmente significativo. En tiempos de transformaciones aceleradas y de una búsqueda permanente de productividad, podemos perder de vista una realidad elemental: lideramos comunidades de personas. Personas que son dignas en sí mismas. Personas que tienen talento, necesidades, temores y esperanzas.

Tenemos la responsabilidad de alcanzar resultados; resultados que nacen del trabajo y del compromiso de personas concretas. Mirarlas, escucharlas, acompañarlas y ayudarlas a crecer forma parte de nuestra tarea. También, prepararlas para los cambios que ya están ocurriendo, brindarles herramientas, capacitación y oportunidades para que sigan desarrollándose y aportando valor.

El empresario argentino y próximo beato, Enrique Shaw, lo comprendió con una claridad extraordinaria y dio testimonio de lo que León XIV expresó a los industriales argentinos recientemente, cuando dijo: “La economía y la empresa, cuando se orientan al bien común, pueden y deben ser motores de futuro, de inclusión y de justicia”. La frase expresa con enorme sencillez la dimensión social de la actividad empresarial. Las empresas crean riqueza, empleo, innovación y desarrollo. Y precisamente por esa capacidad de transformar la realidad, tienen también una responsabilidad en la construcción de una sociedad mejor.

Esa responsabilidad adquiere hoy una relevancia particular en la Argentina. Necesitamos reconstruir vínculos, recuperar la confianza y volver a encontrarnos. La cultura del encuentro que propone la Iglesia puede tener una expresión concreta en nuestras organizaciones: en la forma en que escuchamos, en cómo resolvemos los conflictos, en el respeto con el que tratamos a quienes trabajan con nosotros y en nuestra disposición para contribuir al bien común.

También implica participar responsablemente de la vida pública, promoviendo políticas que tengan en el centro la dignidad de cada persona.

En definitiva, se trata de construir una economía con rostro humano. Que el Evangelio pueda encarnarse en nuestras decisiones, en la manera en que hacemos negocios, generamos empleo, asumimos nuestra responsabilidad social y, especialmente, en el vínculo cotidiano con quienes trabajan en nuestras empresas.

Tengo fe en Argentina y tengo fe en que la visita del Papa puede ayudarnos a recuperar algo que necesitamos profundamente: creer en un destino compartido.

Porque una sociedad se construye a partir de aquello que las personas descubren que tienen en común. Y si queremos construir un destino común, tendremos que aprender nuevamente a recorrer un camino común.

Dios quiera que la visita de León XIV nos ayude a los argentinos a acercarnos, a reconocernos y a recuperar la esperanza de construir juntos un futuro mejor. Y que, dentro de algunos años, nuestros hijos puedan mirar hacia atrás y recordar esta visita con gratitud, porque nos ayudó a encontrar un camino hacia una Argentina más unida y próspera.

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