Karlos Arguiñano lleva tantos años entre fogones que su presencia en televisión forma parte de la rutina de varias generaciones. Sin embargo, a sus 78 años, el cocinero empieza a contemplar la posibilidad de poner fin a una trayectoria televisiva que se extiende desde finales de la década de 1980.
En una entrevista con Juan y Medio en el programa Dos y medio, de Canal Sur, el presentador habló abiertamente sobre el paso del tiempo y sus planes de futuro. "Me acuerdo de que has nacido y que cuando pasas de los 70 ya piensas que has venido a pasar el rato, y ya ha pasado casi todo el rato", reflexionó.
Arguiñano también puso una posible fecha a su retirada, aunque dejó claro que dependerá de cómo se encuentre entonces. "He pensado que llevo 38 años en televisión, voy a cumplir 78 años de edad en septiembre… Igual cuando cumpla 80. Pero si estoy como estoy ahora, igual voy a por los 81", explicó.
La decisión no parece inminente. El cocinero continúa al frente de Cocina abierta de Karlos Arguiñano, el programa de Antena 3 en el que comparte su pasión por la gastronomía, sus recetas cotidianas y el humor que lo convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la televisión española.
Pero, cuando una profesión ha ocupado buena parte de la vida, la jubilación no consiste únicamente en dejar de cumplir un horario. También supone revisar hábitos, vínculos, expectativas y una identidad construida durante décadas.
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Por qué la jubilación puede ser un desafío emocional
La psicóloga sanitaria Leticia Martín Enjuto abordó esta cuestión en declaraciones exclusivas para la revista Lecturas. Al analizar el caso del cocinero, la especialista señaló un elemento que vuelve especialmente significativa esta transición: "En el caso de Karlos Arguiñano hay además un aspecto que haga todavía más especial la llegada de la jubilación".
El retiro laboral puede representar una oportunidad para descansar, dedicar tiempo a la familia y recuperar actividades postergadas. Sin embargo, también puede generar incertidumbre cuando el trabajo ha sido una fuente central de satisfacción, reconocimiento social y organización cotidiana.
Durante años, las obligaciones profesionales marcan los horarios, los objetivos y buena parte de las relaciones personales. Al desaparecer esa estructura, algunas personas necesitan encontrar nuevas formas de organizar sus días y mantener una sensación de propósito.
En una figura pública como Arguiñano, además, la profesión está estrechamente vinculada con su imagen ante el público. Su trabajo no se limita a cocinar: también implica comunicar, entretener y mantener una relación cotidiana con los espectadores.
Por eso, la transición puede tener una dimensión adicional. No se trata solamente de abandonar una actividad, sino de imaginar cómo será la vida cuando una tarea que ha definido tantos años deje de ocupar el centro de la rutina.
Una identidad que va más allá del trabajo
La jubilación no tiene por qué vivirse como una pérdida. La experiencia depende de factores como las expectativas personales, la salud, la situación económica, los vínculos sociales y la posibilidad de desarrollar nuevos intereses.
El Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso), organismo público español, recoge en sus publicaciones sobre calidad de vida en las personas mayores la importancia del bienestar psicológico, las relaciones sociales y la satisfacción con la propia vida. Estos aspectos ayudan a comprender por qué el retiro no tiene una única forma de vivirse.
Para quienes han desarrollado una carrera prolongada y visible, puede resultar útil distinguir entre la profesión y la identidad personal. Haber dedicado décadas a una actividad no significa que toda la vida tenga que girar alrededor de ella, aunque encontrar un nuevo equilibrio puede llevar tiempo.
En ese proceso, mantener relaciones significativas, establecer rutinas y explorar actividades que aporten satisfacción permite construir una etapa con objetivos propios. No es necesario reemplazar el trabajo por una ocupación igualmente exigente: el cambio también puede consistir en aprender a disfrutar de un ritmo diferente.
En el caso de Arguiñano, la gastronomía podría seguir ocupando un lugar importante incluso si deja la televisión. La experiencia acumulada, el vínculo familiar y su interés por la cocina forman parte de un recorrido que no desaparece automáticamente cuando llega el retiro.
El miedo al paso del tiempo y la importancia de elegir
En su conversación con Juan y Medio, Arguiñano también habló de sus preocupaciones ante el futuro. Al referirse a aquello que le produce temor, distinguió entre la idea de retirarse y el miedo al sufrimiento: "al dolor y al sufrimiento".
Sus palabras muestran que el envejecimiento puede llevar a replantearse las prioridades y a mirar de otra manera el tiempo disponible. En lugar de centrarse exclusivamente en la edad, la decisión de continuar trabajando también puede depender de la salud, las ganas y el sentido que cada persona encuentra en su actividad.
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Por ahora, Arguiñano sigue vinculado a la televisión y no ha anunciado una fecha definitiva para su retirada. Su horizonte de los 80 u 81 años es una posibilidad que él mismo planteó, condicionada a cómo se encuentre llegado ese momento.
Su caso pone sobre la mesa una cuestión que trasciende a los personajes famosos: después de una vida dedicada a trabajar, la jubilación puede ser tanto el cierre de una etapa como el comienzo de otra. La clave está en que el cambio no se viva únicamente como una despedida, sino también como la oportunidad de decidir qué lugar tendrán, a partir de entonces, el tiempo libre, la familia, los proyectos personales y el bienestar.
Nota creada con asistencia IA editada por periodistas de Clarín
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