Una nueva generación ha eliminado a "los elefantes socialistas" en su interna socialdemócrata. El diputado europeo y fundador del partido de centroizquierda Place Publique, Raphaël Glucksmann, consiguió un resultado abrumador: 66,17 por ciento de los votos. Llamó a un frente amplio y generoso de la izquierda, sin La Francia Insumisa, para ganarle a la ultraderecha en las elecciones presidenciales de abril y mayo en Francia.
Con una participación del 88,88 por ciento —es decir, 120.787 electores—, el fundador de Place Publique se impuso a Olivier Faure (14,46 por ciento), Ségolène Royal (7,62 por ciento), Emmanuel Maurel (5,92 por ciento) y Jérôme Guedj (5,83 por ciento). Un voto generacional y a futuro.
Dejó tercera a la ex candidata presidencial Ségolène Royal, que lo llamó un "aprendiz" de la política en la televisión, y quedó con el 7,62 por ciento de los votos. Segundo fue el secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, que se conformó con el 14,46 por ciento y salvó los platos.
El Partido Socialista, que perdió el manoir que era su sede y lo vendió para pagar sus deudas, será representado por un candidato que no viene de la familia. Pero deberá reunirla, más allá de los preconceptos.
"Este resultado dice algo muy poderoso: una izquierda fiel puede unir, gobernar y ganar", dijo el victorioso Raphaël Glucksmann en las redes sociales, cuando se enteró, junto a unos pocos, de los resultados. "Ella puede hablar de justicia, de ecología y de la República sin renunciar a nada", afirmó.
La exministra francesa Ségolène Royal. Foto EFE
No tiene tiempo que perder Glucksmann, que considera a La Francia Insumisa antisemita y él es de origen judío. Deberá reunir a la familia socialista, que es tan sensible a cualquier diferencia, y presentar un programa que aglutine y no divida.
Su oposición feroz a Mélenchon puede generarle problemas. Muchos socialistas creen que para ganar a la derechista y desdiabolizada Marine Le Pen, que encabeza los sondeos por arriba de La Francia Insumisa, la solución es un acuerdo con Mélenchon, el "tribuno de la República" por sus habilidades de orador. El hoy enojado exministro socialista de la educación superior que fue Mélenchon, bajo el gobierno de Lionel Jospin y masón, como tantos socialistas, es muy popular entre los jóvenes y los obreros.
Un intelectual parisino
Ensayista, filoperiodista, hijo de filósofos defensores de los derechos humanos, Glucksmann nació el 15 de octubre de 1979. Fue nominado diputado europeo en el 2019, luego fue el líder de la alianza PS-PP y ahora es copresidente del partido político Place Publique. Casado dos veces y con dos hijos, su esposa Léa Salamé, una periodista de origen libanés que dirigía el poderoso noticiero de las 20 horas en TF1, renunció porque considera que es incompatible con su profesión un marido candidato presidencial.
Su carrera profesional es inusual. Entre el 2005 y el 2012, Raphaël Glucksmann fue asesor del presidente de Georgia, Mikheil Saakashvili. Él estaba casado con la ex viceministra georgiana y política ucraniana Eka Zguladze, con quien tiene un hijo. Se divorciaron.
En el 2018 Glucksmann fundó el partido de centroizquierda Place Publique. Hoy busca sumar toda la socialdemocracia, los ecologistas, los humanistas, los desilusionados, los abstencionistas, y probablemente extienda las manos a la centroderecha, a los radicales y a los demócratas cristianos para sumar un gran frente que evite que se vayan a las filas de Le Pen. Su rechazo a Mélenchon por su antisemitismo le garantiza que la comunidad judía lo votará y los empresarios no le teman.
Reafirmar su identidad socialdemócrata
"Yo cambié", dice ahora. "Yo comprendo la unión y necesito la unión. Pero la sola creación de una fuerza con una identidad clara puede unir a la gente. Nuestro trabajo es entonces reafirmar nuestra identidad socialdemócrata", dijo anoche.
"El diálogo entre partidos da una impresión de flou. No podemos dejarnos llevar por el monopolio de la claridad de Jean-Luc Mélenchon. Yo debo ser coherente con mis principios y duro de asumir nuestra doctrina sin miedo. Yo debo martillar, martillar, martillar sobre nuestra línea para no tener que responder a cuestiones ligadas a la unión. Es la única forma de poder desarrollar mi programa sin ser polucionado. Yo me endurecí tras la disolución de Macron. Si no soy duro, estoy perdido. Estoy muerto", analizó.
En un mundo en crisis, con liderazgos autoritarios y una Europa en profunda crisis, él cree que la democracia "no es la ausencia de un líder. Los electores votan un programa, una visión y una persona capaz de llevarlo adelante. La extrema derecha puede ganar en Francia por las urnas. El próximo presidente tendrá una guerra sobre el suelo europeo y deberá confrontar el cambio climático y también tecnológico; Europa está en una tormenta, puede desaparecer como el Imperio otomano", explicó.
Para él, Gaza no es genocidio
La diferencia con los socialdemócratas y con muchos de sus electores es el genocidio de Gaza. Glucksmann reclamó "un alto el fuego inmediato en Gaza", el fin de la colonización en Cisjordania y sanciones europeas para Benjamín Netanyahu, pero jamás mencionó la palabra "genocidio". Él prefiere llamarlo "crimen de guerra", "crímenes contra la humanidad" o una "carnicería".
"Yo he dicho que Netanyahu es un fascista y que la masacre debe detenerse", precisa.
Hasta ahora Glucksmann, que es muy alto y flaco, es visto como un intelectual parisino que en el 2007 apoyó a Nicolas Sarkozy para volver a la izquierda. Se está adaptando a sus presentaciones televisivas.
Hoy él se ve como "el candidato de la ruptura, con el macronismo y con la hegemonía de Jean-Luc Mélenchon en la izquierda".
El primer secretario del Partido Socialista francés, Olivier Faure (izq.), y el eurodiputado y copresidente de Place Publique, Raphael Glucksmann. Foto EFE
"No, Madame Le Pen no estará en el Elíseo en mayo del 2027. Esta noche la batalla comienza", dijo a los que lo esperaban la noche de la victoria.
En busca de los ecologistas
Ahora que Glucksmann se ha hecho con el control del PS, el candidato del "polo socialista" a las presidenciales quiere captar a los ecologistas. Y poco importa la candidatura de Marine Tondelier.
"Vamos a crear juntos una dinámica de la izquierda democrática", proclamó esta mañana en France Inter. El eurodiputado, ya investido como candidato, vuelve a poner de relieve el apoyo —ya conseguido— del senador ecologista Yannick Jadot para justificar su ofensiva para atraer a los verdes: "No quiero creer que los ecologistas se nieguen a participar. Quiero que trabajemos juntos. No imagino un líder mejor que Jadot para llevar a cabo la transformación ecológica desde el gobierno. No concibo que no se unan a nosotros. No concibo que, con el proyecto que vamos a defender, no vayamos juntos a la batalla".
Sin embargo, una buena parte de los ecologistas, con Sandrine Rousseau a la cabeza, imagina un escenario muy distinto y dirige su mirada con insistencia hacia La Francia Insumisa. Ese será el gran dilema de los aliados: sumar o no a Mélenchon para llegar al ballotage.
Abrazo a los elefantes
Pero Glucksmann también quiere ser generoso, abrir los brazos y hacer un hueco a Olivier Faure, el secretario general del Partido Socialista.
"Quiero que forme parte de esta campaña", dijo. Pero la gran novedad es que ha sumado a su auténtica piedra en el zapato: el expresidente socialista y exsecretario general del partido François Hollande, que no participó en la interna, escribió un libro y se presenta como el candidato presidencial de la unión de la izquierda y se pronunciará recién en diciembre.
"Quiero que esté en nuestro equipo, que participe en la lucha común", propuso Raphaël Glucksmann al expresidente.
Hollande, gran ausente de las primarias pero igualmente candidato a las elecciones presidenciales, no dudó en felicitar al vencedor. El exjefe del Estado no tardó en enviarle un mensaje para celebrar un resultado que "clarifica una línea y pone en marcha un proceso destinado a dar impulso".
Hollande, hoy diputado socialista por Corrèze, que también ganó las primarias socialistas de 2011, añadió que se trata de "una primera etapa". Él no duda en llegar a la presidencia como el gran reunificador nacional o a ser primer ministro. Ha conseguido el 61 por ciento de popularidad y no es poco.
PB
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